Relatos

Crónica de viaje: Buenos Aires, Londres

En esta crónica de viaje personal, el autor Danilo Albero, entrelaza la experiencia turística con una profunda apreciación literaria y artística en la ciudad de Londres.

Danilo Albero
Escritor

El viaje tenía una exposición agendada antes de la partida, visita sugerida por un artículo de BBC con un título que era una invitación: "Festivas, kitsch y obscenas; las pinturas de Beryl Cook (1926-2008) fueron amadas por el público británico, pero rechazadas por los críticos. Cien años después de su nacimiento, una nueva exposición aboga por una revaluación radical de su trabajo y legado". Las ilustraciones que se pueden ver en el artículo de la BBC son de estilo caricaturesco, como las de el Chamaco Covarrubias (en el MALBA hay varios de sus trabajos) que perfeccionó el "elogio satírico", dibujando los rasgos del retratado o retratada en una recreación jubilosa en vez de ridiculizarlos; mientras que el agregado de caracteres ligeramente obesos de las figuras de Beryl Cook recuerdan a Botero. Infelizmente, a nuestra llegada nos enteramos que la exposición era en Plymouth.

Los huéspedes del hotel son variopintos aunque predomina la gente de mediana edad. El personal, en su mayoría hindú como lo son casi todos los platos del menú del restaurant. Bajamos para nuestro primer desayuno, en el sexto piso sube una chica que nos saluda en español con un inconfundible acento mexica, en el cuarto un japonesito de gorra de visera que no saluda, refugiado detrás de sus anteojos de armazón negro no quita los ojos de la pantalla de su celular, de perfil su cuerpo es una línea recta aplomada que se quiebra a la altura de las cervicales en un ángulo pronunciado sosteniendo la cabeza con la mirada fija en su celular que mantiene a la altura del pecho; usando sólo los pulgares envía mensajes a una velocidad pasmosa, en planta baja se dirige hacia el comedor con la cabeza en la misma posición, ahora mirando hacia adelante, como dice Sarmiento que lo hacía Facundo Quiroga y Milei para disimular su papada.

Dicen que la mejor comida de los ingleses es el desayuno, un tour gastronómico que vale la pena recorrer. En el hotel le hacían todos los honores: ensalada de frutas con la opción de yogurt griego, panes y bollería; huevos fritos con tocino o salchichas, champiñones salteados, pescado frito, hash browns (papas hervidas enteras pisadas toscamente, mezcladas con cebolla picada y huevo batido luego doradas en una plancha de cocina) y los imprescindibles baked beans, (porotos en una salsade tomate ligeramente dulce); plato que ya le valió los elogios literarios del as de caza francés que combatió en la RAF en la Segunda Guerra Mundial, Pierre Clostermann. Jugos, leche y cereales, café o la insuperable variedad de tés ingleses.

Ya en la calle el toque literario lo da un busto de Virginia Woolf en Tavistock Square, frente a nuestro hotel, con dos inscripciones: "Virginia Woolf vivió en una casa que antes se encontraba en el lado sur de Tavistock Square entre 1924 y 1939, donde se escribieron y publicaron la mayoría de sus novelas más importantes" y "Entonces, un día, caminando alrededor de Tavistock Square, concebí, como a veces concibo mis libros, Al faro, en un gran impulso aparentemente involuntario". Recién entonces caemos en la cuenta de que estamos en el literario barrio de Bloomsbury. a pocas cuadras del British Museum, una de muestras visitas proyectadas. Primera lección urbana, sabemos que en Inglaterra el tráfico circula por el lado izquierdo, pero no que para que los peatones puedan cruzar la calle es necesario, oprimir un botón que, en cada esquina, al lado de la franja peatonal, está en el poste del semáforo.

Antes pasamos por la British Library, Beatriz quería consultar y escanear el único ejemplar supérstite de una edición mexicana del siglo XVII. Previo registrarnos como lectores para que nos acrediten el carnet nos avisaron que demorarían hora y media en traer el libro pedido; nos sugirieron aprovechar la espera visitando la Galería del Tesoro, pequeño museo del que de no teníamos idea ni figura en ninguna guía de turistas, una delicia imperdible para bibliómanos. Es una exhibición de manuscritos originales que arranca con la primera versión de la Carta Magna de 1215 solo sobreviven cuatro copias, dos de ella en esta biblioteca, primer documento que garantiza libertades individuales, da independencia plena a la justicia y pone límites a los desmanes de los funcionarios reales. Límites todos desbordados y violados en la actualidad por Putin, Netanyahu y Trump.

De la irrealidad, condición del arte

De allí en más la exposición remonta la historia de la literatura inglesa, entre otras: las primeras ediciones de las obras teatrales de Shakespeare nos enteramos que, a lo largo de dos siglos, en distintas interpretaciones, los actores fueron incorporando modificaciones en los diálogos hasta recalar en las versiones actuales. Como seguimos en el barrio de Bloomsbury, era de esperar, llegamos al manuscrito de La señora Dalloway, un cuaderno tamaño oficio de hojas lisas, que ella misma encuadernaba para escribir, con un margen del lado derecho trazado en tinta azul, donde anotó las correcciones; Virginia Woolf escribía con una cursiva prolija y legible, ligeramente inclinada hacia la derecha.

Los tesoros de la Galería continuaron, originales de partituras musicales, y así hasta la versión definitiva de la letra de Strawberry Fields Forever, escrita a mano por John Lennon, con dibujos de perfil de George y John hechos por Paul McCartney durante la grabación. Cumplida la hora y media volvimos a la sala de lectura, escaneado el libro y copiado en un pen drive, Beatriz le hizo unas consultas a la bibliotecaria sobre otras bibliotecas en Inglaterra, a lo que ella la corrigió, "United Kingsdom".

De allí fuimos al British Museum a unas 20 cuadras de la biblioteca; a la salida, en el hall de entrada, un sillón de metal de tres plazas con forma de libro abierto, en uno de sus vértices, una argolla lo une a una cadena rematada en una bola de hierro, como estaban los valiosos libros iluminados medievales, para evitar su robo.

En el British Museum el tiempo alcanzó sólo para ver los frisos del Partenón. Detalle pasado por alto si uno no lee las cartelas, los frisos están dispuesto en un espacio cuya superficie y planta tiene la mismo dimensión que tenía la construcción original; algunos de los altorrelieves rescatados muy deteriorados están acompañados de dibujos de viajeros que alcanzaron a verlos antes del daño. Además, en algunos de ellos, fotos indican donde están otros restos de ese fragmento que fueron a parar a otros museos europeos.

En una sala paralela, una maqueta de cómo se veía el Partenón previo a su destrucción y, en las paredes, imágenes digitalizadas muestran el aspecto que tendrían la esculturas con las pinturas originales y los aditamentos en bronce de riendas, lanzas y coronas.

Una pintura de Lawrence Alma Tadema, Fidias muestra a Pericles y su amante Aspasia los frisos del Partenón (1868), reconstruye cómo se puede haber visto la parte de "La procesión de las panateas". Hay un corto video en YouTube.

Ver: Variaciones sobre los cuatro ciclos. 

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