REQUETE FEO

El milagro de la casta: cómo viajar en Business desde el 45 hasta el "Fin"

La "motosierra" se vendió como un acto de justicia contra la casta, pero en la práctica ha mutado en una guillotina selectiva que corta el hilo de la empatía nacional. Escribe Marcela Muñoz Pan.

Marcela Muñoz Pan

La "motosierra" se vendió como un acto de justicia contra la casta, pero en la práctica ha mutado en una guillotina selectiva que corta el hilo de la empatía nacional. Mientras desde los despachos oficiales se decide quién come y quién no bajo el mantra del "No hay plata", emerge una nueva casta que habita en la misma lógica de comodidad estatal que juró erradicar. Es el escenario "requete feo" de la incoherencia: el de un vocero que justifica viajes familiares a Nueva York porque se está "deslomando", mientras miles de padres y madres argentinos parten a trabajar en soledad a minas, campos o plataformas, simplemente porque el Estado no les paga la compañía de sus afectos.

Este gobierno llegó para "limpiar" las cuentas, pero el patrón de conducta se siente como un déjà vu de lo que criticaron. Si miramos hacia atrás, la historia de los privilegios a costa del contribuyente es larga y variada:

- Menem y sus comitivas del "jet set" con peluqueros y amigos en el Tango 01.

- El Kirchnerismo y el uso sistemático de la flota presidencial para trasladar diarios, muebles para hoteles propios y vuelos "canilla libre" para familiares.

- Macri y las delegaciones con estilistas y personal de asistencia personal para el círculo íntimo en giras oficiales.

- Alberto: sin palabras, hoy recordando los 6 años de la pandemia, con sólo pensarlo se me revuelve el estómago.

La incoherencia actual reside en que, ante ese espejo, hoy se vuelve a pedir "fe" en lugar de mostrar facturas. Los comprobantes de las giras ideológicas no aparecen, mientras se financian vuelos privados de lujo y se recortan fondos para comedores y universidades. El discurso del "FIN." pretende clausurar el diálogo y la angustia de los desempleados, transformando el desgarro del tejido social en un triunfo estadístico.

¿Qué futuro estamos canjeando?

Para entender la dimensión de lo "Requetefeo", basta con mirar qué inversión social se pierde por cada privilegio sostenido:

- Bicicletas para el Futuro: Con lo que cuesta un solo vuelo privado a una gira ideológica (aprox. 250.000 USD), se podrían comprar 1.200 bicicletas para que los chicos de parajes alejados de todo el país no deserten de la escuela caminando kilómetros, pero como no conocen el interior del interior, no tienen ni idea de esta situación.

- Cultura contra la violencia: En lugar de discutir la baja de la edad de imputabilidad, el presupuesto de viáticos de un año y los sueldos del senado, podría financiar Centros Culturales y escuelas de oficios. Espacios que le den un proyecto de vida a un joven antes de que el sistema solo le ofrezca un calabozo.

La verdadera libertad no es viajar con la familia a costa del Estado; la verdadera libertad sería que cada chico tenga una bicicleta para estudiar y un club que lo contenga. Lo que hoy llega a su "FIN" no es la casta, sino la sensibilidad de quienes gobiernan frente a la realidad de los gobernados. La tensión entre el relato y la práctica. El actual gobierno llegó con la bandera de "la casta", pero en materia de viajes y gastos del círculo íntimo, la "incoherencia" se ha vuelto un eje central de las denuncias de la oposición y de auditorías periodísticas, pero es mentira, porque discursear sobre la casta es una manera de justificar que ellos también lo necesitan.

"FIN.". De su boca sale una burbuja de texto que dice: "No hay plata, es un hecho "Vengo una semana a deslomarme a Nueva York, quería que mi mujer me acompañe".

En ese contexto, que el vocero presidencial (Adorni) justifique el uso de recursos del Estado para que su esposa lo acompañe porque se está "deslomando" en Nueva York, no solo es Requetefeo, es una burla a la ética del esfuerzo que el propio gobierno predica. Es la misma lógica que criticaron de los vuelos de Cristina con sus diarios: "El Estado está para mi comodidad". Resulta irónico que un gobierno que llegó para "limpiar" las cuentas sea tan hermético con el costo de sus giras. Cuando no hay comprobantes, lo que hay es fe, y en política, cuando se pide fe en lugar de facturas, suele ser porque la realidad es Requetefea. Un eslogan que Manuel Adorni repite como un mantra diario mientras el tejido social se desgarra. Detrás de él, la figura presidencial se autoproclama como el aliado más ferviente de una geopolítica de guerra, alejándose de la neutralidad histórica para abrazar un sionismo militante en medio de un mundo en llamas. Si Trump fuera tan amigo, le diría: No, amigo, vos estás tratando de salir de una crisis, mantente neutral, ya sufrieron los argentinos con un atentado. Pero esto lo dicen los amigos, claro está.

La gestión se ha vuelto un espectáculo de austeridad selectiva. Lejos de las promesas de prosperidad, el estilo actual se distingue por construir grietas más profundas, donde la alegría es reemplazada por la confrontación y la palabra se usa para herir más que para sanar y el "no trato", el mal trato (tengo varios casos y ejemplos) y esa palabrita "fin" qué mal qué mal cae.

En esta nueva estética del poder, el diálogo ha sido reemplazado por una sentencia seca y cortante: "FIN". Es un punto final que no admite preguntas sobre los comprobantes que nunca aparecen, sobre los costos de las giras ideológicas o sobre el destino de los miles que quedan a la deriva. Ese "FIN" pretende clausurar la angustia de los que no tienen trabajo, transformando el sufrimiento social en un triunfo estadístico y la falta de sensibilidad en una medalla de coraje político. Mientras los pasillos oficiales se llenan de parientes y comitivas que se "desloman" en hoteles internacionales, afuera el silencio es la única respuesta para un pueblo al que se le pide fe ciega mientras se le quita el plato de la mesa, demostrando que lo que realmente ha llegado a su fin no es el privilegio, sino la piedad republicana que debería unir al que gobierna con la realidad del que es gobernado.

El "ADN del privilegio", hay que remontarse a la consolidación del Estado moderno en Argentina. Desde Juan Domingo Perón, el uso de los recursos públicos dejó de ser una cuestión puramente administrativa para convertirse en una herramienta de escenificación del poder. Lo "Requetefeo" no nació con la motosierra ni con los diarios y la mantelería de Cristina mandadas por en el Tango; nació cuando se fundió la línea entre el patrimonio del gobernante y el patrimonio del pueblo. Con Perón, el avión y el tren presidencial no eran solo transporte; eran símbolos de soberanía. Sin embargo, allí comenzó la confusión entre el Partido, la Familia y el Estado. El uso de la Fundación Eva Perón y la logística estatal para viajes de comitivas masivas y regalos discrecionales. Los Militares otro caso, los privilegios de las botas, la opacidad fue total. No había facturas porque no había Congreso, el Mundial 78 es el ejemplo máximo de gasto obsceno y falta de comprobantes, donde se usaron fondos públicos para "lavar" la imagen de una gestión de guerra interna.

Alfonsín, llegó con la "Constitución se come, se cura y se educa", pero la estructura de privilegios de la Casa Militar y los viajes oficiales no se desmanteló. Aunque su estilo era más austero, la burocracia del privilegio siguió intacta mientras la hiperinflación devoraba el salario de los trabajadores de verdad. Menem fue más lejos, más que Uruguay nos llevó a la estratosfera, el estado no solo pagaba el viaje, sino el espectáculo.

Lo que hoy es "Requetefeo" y que pocos han señalado, es la mutación del lenguaje. Menem ostentaba porque era un "triunfador"; el Kirchnerismo usaba la flota estatal porque se sentían "dueños de la historia". Pero el actual gobierno ha inventado una categoría nueva y peligrosa: el privilegio por sacrificio. Cuando el vocero dice que lleva a su mujer a Nueva York porque se está "deslomando", está instalando una ética invertida: "Como sufro trabajando, el Estado me debe el confort familiar". Es una cachetada para el minero de Santa Cruz, el peón rural de Mendoza o el enfermero de guardia que se "desloman" el triple y no pueden llevar a su familia ni a la esquina porque el sueldo no alcanza, y el trabajo que no repunta, los que se quedan sin trabajo, en fin, este es el FIN.

La historia demuestra que la casta no muere, solo cambia de peluquero y de destino de vuelo.