2A: Una noche rosa para la memoria
La autora transmite la emoción malvinera de la niñez fueguina en la gran isla casi pegada al confín del continente americano. Nos dice que en la vigilia bajo la luna rosa, allí hay un sentimiento niño por aquellas otras islas, Gran Malvina y Soledad, que desde esa mirada se ven muy cerca.
En el confín del mapa, donde el viento del Atlántico Sur suele dictar el pulso de la vida, Río Grande -Tierra del Fuego, volvió a encender el fuego que no conoce de inviernos: el de la memoria. Este 1° de abril no fue una vigilia más; bajo el influjo místico de una luna rosa que alcanzó su plenitud a las 23:12, la Capital Nacional de la Vigilia se transformó en el altar sagrado de la patria. Desde hace décadas, la carpa de la dignidad es el epicentro donde la historia deja de ser un párrafo en un manual escolar para convertirse en un relato vivo. Allí, los excombatientes no son solo nombres en una placa, sino maestros de vida.
Sembrar hoy para no olvidar mañana, la educación en los valores de Malvinas no es solo un renglón en los libros de texto; en nuestra ciudad, es una vivencia. Ver a los estudiantes en las carpas, escuchando con ojos bien abiertos los relatos de nuestros héroes, nos confirma que la posta está en buenas manos, nos dice la docente Florencia Miranda. Le pregunté a la docente qué siente como educadora acompañar tanto a sus alumnos o hijos a un espacio donde la emoción apaga el frío austral y con mucha congoja nos dice: entrar a la carpa de los veteranos, volver a ver a muchos que están vivos, recordar a los que se fueron y acompañar a los niños en esta transmisión de valores tan arraigados es una sensación que no se puede explicar en palabras, además compartir el chocolate caliente, las tortas fritas o el locro que se comparte también es una manera de difundir esta conmemoración sumado a tradición, donde el dolor siempre está, pero de otra manera. Con mucho orgullo nos dice Florencia: Estos niños y jóvenes son los más malvineros del país. Gracias por su tiempo Florencia, desde Memo Mendoza a Río Grande.
Una vigilia que es abrazo a través de la transmisión generacional, un puente que une aquel 1982 con este 2026. Al llevar a sus hijos a la vigilia, les están enseñando que: La soberanía se siente. El respeto se cultiva. La paz es el camino, pero la memoria es el destino. Bajo esa luna brillante y protectora, Río Grande vuelve a decir presente. Porque mientras un niño sepa identificar nuestras islas en el mapa y en el corazón, las Malvinas seguirán siendo argentinas por siempre. Cuando escucho o escuchamos su marcha insignia, no hay quien no se emocione.
También es emoción pura ver cómo los soldados se prepararon para esta vigilia:
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Un dato muy importante a saber: La Marcha de Malvinas se hizo muy conocida durante el conflicto bélico de 1982, pero su origen es anterior. El 9 de julio de 1939, durante la presidencia de Roberto M. Ortiz, se creó la Junta de Recuperación de las Malvinas, con el objetivo de contribuir a la difusión y conocimiento del tema entre la población; entre otras actividades se decidió organizar un concurso poético-musical.
Fue así que el 3 de enero de 1941 se dio a conocer la composición ganadora en un acto público en el Salón Augusteo de Buenos Aires: Marcha de las Malvinas, por José Tieri y Carlos Obligado. Carlos Obligado era hijo de Rafael Obligado, el autor de Santos Vega, y estudió en el Colegio Nacional de Buenos Aires y luego se doctoró en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires. José Tieri, de Sunchales, Santa Fe, compositor, pianista y saxofonista. Integró las orquestas de René Cóspito y Eduardo Armani a la vez que tocaba el órgano en la Catedral de Salta, donde compuso también el Himno a la Antártida. Acá se las dejo para los que no sabían o conocían:
Entre el chocolate caliente, alfajores y el locro, misa, conciertos, la Capital Nacional de la Vigilia reafirma su promesa: mientras exista un argentino dispuesto a entonar esa marcha con el corazón, las Malvinas brillarán siempre en nuestro espíritu nacional