El secreto detrás del himno que nos sabemos todos: Zamba de mi esperanza

¿Vieron cuando una canción deja de ser de alguien para ser de todos? Bueno, eso pasó con la "Zamba de mi esperanza". Pero lo que pocos saben es que ese "himno" no nació en un estudio de grabación elegante, sino en el corazón de San Martín, entre viñedos y planos de construcción.

Marcela Muñoz Pan

¿Vieron cuando una canción deja de ser de alguien para ser de todos? Bueno, eso pasó con la "Zamba de mi esperanza". Pero lo que pocos saben es que ese "himno" no nació en un estudio de grabación elegante, sino en el corazón de San Martín, entre viñedos y planos de construcción.

El libro de Roberto Mercado, Zamba de mi esperanza la que sabemos todos, fue presentado recientemente en el Museo Las Bóvedas a través de la Dirección de Cultura de la Municipalidad de San Martín, con una cantidad increíble de gente, con gran afluencia de público, emociones encontradas, abrazos y aplausos para Roberto que pudo dar a luz este nuevo libro para conocer esos detalles únicos en la magia de esta zamba. Este libro fue editado por Leo Libros y auspiciado por la Municipalidad de Gral. San Martín, con un prólogo muy sentido del intendente municipal Raúl Rufeil.

Este valioso libro nos trae de vuelta a Luis Hermenegildo Profili. Un hombre que, entre ladrillos y cepas, se sentó a escribir unos versos sin saber que estaba fundando un sentimiento nacional. Bajo el seudónimo de Luis H. Morales, este mendocino de pura cepa nos regaló una letra que hasta la dictadura intentó callar imagínense, le tenían miedo a la palabra "esperanza". Hoy, la historia se siente más viva que nunca. Por eso, nos fuimos a buscar el reflejo de Luis en los ojos de quien lleva su sangre. Charlamos con una de sus nietas, para entender qué se siente ser la heredera de un sueño que hoy es de todo el planeta. 

Charlamos con toda la familia Gavosto Profili, pero me quiero detener en la conversación con una de sus nietas de Don Luis H. Profili, María Elena Gavosto, que además diseño el libro con un gusto elegante, sobrio y mucho para dar, leer y disfrutar.

María elena, en casa, al abuelo ¿Se lo veía como un artista o él se sentía simplemente un hombre de trabajo que, de vez en cuando, le escribía al alma?

En casa era un hombre da familia, algo serio, muy generoso. Cuando éramos niños le gustaba contarnos cuentos que sabía o que él mismo inventaba en el momento. En casa nunca se hablaba -que yo recuerde- de su faceta de autor y compositor.

¿Qué siente la familia cuando, en cualquier lugar del mundo, empieza a sonar "Zamba de mi esperanza" y ven que la gente cierra los ojos para cantarla?

No sé si la gente cierra los ojos para cantarla, yo creo que "los abre". Por mi parte, yo siento que los abro a mis emociones, a mis recuerdos, al orgullo de saber: "esta canción nació en mi familia".

Si tuvieras que elegir un rincón de San Martín para sentarte a leer el libro de Roberto Mercado y recordar a Luis, ¿cuál sería y qué mensaje creés que él nos dejaría hoy a los mendocinos?

Creo que el lugar más oportuno sería la finca de Montecaseros, donde seguramente la zamba nació. El mensaje sería el mismo que dio con su vida y sus canciones: "atrévanse a amar".

Zamba de mi esperanza no es solo una canción; es la prueba de que, en Mendoza, las cosas se hacen para que duren siempre. Al final, la historia de Luis H. Morales nos enseña que la eternidad no siempre busca mármoles ni bronces; a veces prefiere quedarse a vivir en una melodía que se silba bajito entre las hileras. Don Luis levantó paredes en San Martín, pero con su zamba construyó un techo para el alma de todo un país. Hoy, al cerrar el libro de Roberto Mercado, nos queda la certeza que, mientras alguien tenga una pena o un sueño, habrá un mendocino diciéndole al mundo que la esperanza, tarde o temprano, siempre vuelve a amanecer y un sanmartiniano feliz por la herencia recibida. 

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