El mercado ve crujir estructuras empresarias
Las condiciones competitivas, además de una retracción de ventas, saca a relucir los problemas de todos los intermediarios, incluido el estado.
Por estos días aparecen diversos economistas y empresarios criticando la política económica del gobierno, advirtiendo que hay sectores en crisis, pero donde claramente se aprecia una puja entre distintos sectores. Un caso típico es el que se da entre los comerciantes y los dueños de los locales.
Hace poco la cadena de cervecerías Antares daba cuenta del cierre de dos sucursales. El motivo esgrimido es la baja de las ventas, pero, fundamentalmente, el problema eran las pretensiones de los dueños de los locales en cuanto a aumentar el canon de alquiler.
Suele darse una puja que muchas veces termina con todo porque los dueños, al renovar, quieren aumentar sus ingresos, pero el locatario les dice que no puede pagar aumentos porque las ventas han caído y choca con la intransigencia del locador. También aparece la figura del agente inmobiliario, que quiere cobrar comisiones como si fuera el primer alquiler. Ante estos, muchas veces, el locatario decide no renovar el alquiler y, si no encuentra valores razonables, el negocio cierra y los empleados se quedan sin trabajo.
Es una ecuación compleja porque, en parte, todos tiene derecho a pretender mejores ingresos, pero debe regir cierta razonabilidad a la luz de la situación general que es conocida por todos. Da pena ver locales que hace más de un año están desocupados porque los propietarios no quieren bajar el monto del alquiler, asumiendo pérdidas muy grandes por no tener alquilado el inmueble.
Hasta qué punto
A veces, la puja, cuando entra en un punto no razonable, termina perjudicando a todos. Por esa razón es muy importante priorizar la rotación del capital para evitar la inmovilización, porque la propiedad no alquilada genera gastos como impuestos, expensas, seguros, etc. Ante esto ¿cuál es el negocio de encapricharse con valores que el mercado no convalida?
Por otra parte, en tiempos de estabilidad, se ven problemas en empresas familiares que, en tiempos de inflación se manejaban en forma muy laxa. Algunos padres exitosos, que habían trabajado mucho, decidían darle plata de la caja a sus hijos en forma mensual, como si fuera sueldo, pero no trabajan en la empresa. Ahí, donde se confunde el capital de la empresa con el del empresario, aparecen los conflictos.
El Estado en mal estado
La estabilidad requiere que el empresario sea muy austero, al igual que su familia. Los márgenes son cada día más pequeños y aparece otro actor que no asume su rol: el estado, tanto provincial como municipal. Es que para la pyme tener que pagar para sustentar una mega organización municipal, con plantas de entre 4000 y 6000 empleados, se le hace muy complicado.
Las tasas municipales son las responsables de muchos cierres, pero también son parte de una lucha competitiva entre los municipios. El que baja la tasa atrae a empresas que huyen del robo municipal. La presencia del Estado, con los impuestos provinciales sumado a las tasas municipales implica sumar costos demasiado altos para empresas formalizadas.
Todos, incluido el Estado, deben aplicar criterios de razonabilidad para no perjudicar la actividad económica.