Arqueología

Un estudio del CONICET revela la historia genética de los Andes del sur

Una investigación internacional liderada por científicos del CONICET reconstruyó la historia poblacional del Valle de Uspallata a partir de análisis genómicos e isotópicos. El trabajo muestra que la agricultura, las redes familiares y la migración fueron claves para enfrentar crisis sociales y ambientales.

Un equipo internacional de investigadores logró reconstruir la historia poblacional de las comunidades que habitaron los Andes del sur durante los últimos dos mil años. El trabajo, publicado en la revista científica Nature, muestra que la adopción de la agricultura y las migraciones organizadas en torno a vínculos familiares fueron estrategias decisivas para atravesar períodos de crisis sociales y ambientales.

El estudio fue encabezado por científicos del CONICET: Ramiro Barberena, del Instituto Interdisciplinario de Ciencias Básicas (CONICET-UNCUYO), y Pierre Luisi, del Instituto de Antropología de Córdoba (CONICET-UNC), junto al investigador argentino Nicolás Rascovan, del Institut Pasteur de Francia. La investigación contó además con la participación de integrantes de las comunidades huarpes Guaytamari y Llahué Xumec de Uspallata, en Mendoza.

Según los especialistas, el trabajo ofrece una mirada inédita sobre cómo las sociedades del pasado lograron adaptarse a contextos de inestabilidad ambiental y social. La colaboración con comunidades indígenas permitió incorporar conocimientos sobre el territorio y su historia, ampliando la interpretación de los resultados científicos.

Cómo se expandió la agricultura en la región

Desde 2020, el equipo se propuso analizar la movilidad de las poblaciones que habitaron el Valle de Uspallata en los últimos 2200 años. Uno de los principales objetivos era determinar si las personas enterradas en la zona eran habitantes locales o migrantes y, al mismo tiempo, comprender cómo se difundió la agricultura en esta región de Sudamérica.

Para ello se estudiaron 46 genomas de individuos antiguos, que fueron comparados con datos genéticos de poblaciones actuales y de otras regiones del continente.

Los resultados revelaron una fuerte continuidad genética entre los antiguos cazadores-recolectores y los agricultores que vivieron siglos después. Este hallazgo indica que la adopción del cultivo no fue resultado de una migración masiva desde otros centros agrícolas del continente, como los Andes centrales o la Amazonia.

En cambio, el cambio hacia una economía agrícola habría surgido como un proceso local, impulsado por la transmisión de conocimientos y especies entre comunidades que previamente se dedicaban a la caza y la recolección.

Para Barberena, este proceso representa una de las transformaciones más profundas en la historia humana, ya que modificó la movilidad, la demografía, la economía y la organización social de las comunidades.

Qué revelan los huesos sobre la vida en el pasado

Los investigadores combinaron herramientas de arqueología, genética y análisis químico de restos humanos para reconstruir aspectos clave de la vida de estas poblaciones.

El estudio de isótopos de estroncio en huesos y dientes permitió identificar si una persona había vivido siempre en el mismo lugar o si se había desplazado durante su vida. A su vez, el análisis de isótopos de nitrógeno y carbono permitió reconstruir su dieta.

Los resultados indican que estas comunidades desarrollaron una agricultura basada principalmente en el cultivo de maíz, cuya importancia en la dieta se intensificó entre 800 y 600 años atrás, coincidiendo con la llegada de migrantes a la región.

Los científicos explican que los restos humanos funcionan como verdaderos archivos biológicos: a partir de ellos se pueden reconstruir hábitos alimentarios, desplazamientos, relaciones familiares e incluso enfermedades.

Migraciones motivadas por crisis

El estudio también detectó la llegada de grupos migrantes provenientes de regiones cercanas, como las tierras bajas de Mendoza y San Juan o el valle sanjuanino de Calingasta, ubicadas entre 80 y 300 kilómetros de Uspallata.

Estos grupos formaban parte de la misma red de poblaciones interconectadas que los agricultores locales. Sin embargo, los análisis revelaron que muchos de ellos presentaban señales de estrés nutricional persistente y enfermedades infecciosas, entre ellas tuberculosis.

Esto sugiere que las migraciones pudieron haber estado vinculadas a crisis ecológicas o sociales en contextos de clima inestable, que obligaron a ciertas comunidades a desplazarse en busca de mejores condiciones.

Otro hallazgo relevante es la forma en que se produjeron estos movimientos. Los análisis genómicos permitieron reconstruir vínculos de parentesco que muestran que las migraciones ocurrieron en grupos familiares extensos, organizados mayormente por línea materna y sostenidos durante al menos tres generaciones.

Un linaje genético único en la región

Uno de los descubrimientos más significativos del trabajo es la identificación de un linaje genético particular presente en antiguas poblaciones del valle de Uspallata y de Calingasta, que también aparece en el centro de Chile y continúa presente en habitantes actuales de la región.

Los investigadores ya habían propuesto la existencia de este linaje en 2020 a partir del análisis de poblaciones modernas, pero el hallazgo en restos antiguos aporta una confirmación mucho más sólida.

Para los especialistas, esta evidencia también refuerza la continuidad biológica y cultural de las comunidades indígenas locales, desafiando la idea de que los pueblos originarios desaparecieron en la región.

Ciencia y saberes indígenas

A lo largo de la investigación, las comunidades huarpes de Uspallata participaron activamente en la interpretación de los hallazgos y en la contextualización histórica de los resultados.

Los científicos destacan que las tradiciones orales y los conocimientos comunitarios aportaron un marco interpretativo que complementa la evidencia genética y arqueológica.

En conjunto, el estudio ofrece una mirada novedosa sobre la relación entre clima, economía, salud y organización social en los Andes del sur. Además, permite comprender cómo las sociedades del pasado enfrentaron cambios profundos, una cuestión que -según los investigadores- también puede aportar claves para pensar los desafíos actuales vinculados al cambio climático y al crecimiento demográfico global.

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