Requete lindo

De las aulas de la UNCuyo a la inmensidad de Agua Escondida y luego a Honduras

Sus días transcurren entre el Centro de Salud N° 126 y las recorridas por los puestos rurales, donde el acceso es difícil y el transporte escasea.

Marcela Muñoz Pan

María José Chaler Puebla, sanmartiniana, es de esas personas que parecen haber nacido con una brújula orientada exclusivamente hacia el otro. La conozco desde que abrió los ojos al mundo y ya entonces, en su mirada inquieta, se adivinaba esa inteligencia fuera de serie y su tenacidad para estudiar, siendo siempre una alumna destacada, que años más tarde pondría al servicio de la vida.

Hoy, verla desempeñarse en la inmensidad de Agua Escondida, allí donde el mapa de Mendoza se funde con La Pampa y el frío se naturaliza en los huesos, es confirmar que la valentía no es la ausencia de miedo, sino la convicción de que hay algo más importante: la salud de su gente, una auténtica vocación sin fronteras. Su paso por el Hospital Saporiti en Rivadavia fue solo el preludio de un compromiso mayor. María José no eligió el camino cómodo de los grandes centros urbanos; eligió el desafío de lo inhóspito.

Humanidad en territorio: Sus días transcurren entre el Centro de Salud N° 126 y las recorridas por los puestos rurales, donde el acceso es difícil y el transporte escasea. Solidaridad a prueba de todo: Atender emergencias que requieren viajes de más de tres horas hasta el hospital más cercano exige una destreza y una templanza que solo poseen los que aman profundamente su oficio. Humildad de raíz: Pese a su formación y su experiencia, incluso internacional en lugares como Honduras, conserva esa sencillez de quien se sabe herramienta de bienestar, cumpliendo con el juramento hipocrático con una entrega absoluta.

La medicina en condiciones críticas

Honduras, especialmente en sus zonas rurales o periféricas, presenta desafíos sanitarios extremos. Para una médica formada en la Universidad Nacional de Cuyo y especializada en medicina de familia, este viaje no fue solo una práctica profesional, sino una misión de servicio. Allí se enfrentó a recursos limitados: La falta de insumos básicos y tecnología médica que obliga al profesional a confiar en su destreza clínica, el ojo clínico y la exploración física (como se ve en las fotos con el estetoscopio y el tensiómetro). 

Patologías complejas: El contacto con enfermedades desatendidas o cuadros avanzados por falta de controles preventivos. No tan distinto de nuestras zonas rurales o periféricas.

Esta experiencia internacional fue la que terminó de moldear su sentido de la humanidad, su trabajo en Honduras fue "inolvidable" como así también el que vine realizando en Agua Escondida en Malargüe, no solo por lo técnico, sino por el vínculo con la comunidad. La medicina de familia como eje: En lugares así, el médico no solo cura una dolencia puntual, sino que se convierte en un referente social. Templanza y valentía, los valores que más admiro de esta médica sin fronteras.

Conexión con su labor actual

Existe un hilo conductor claro entre el sur de Mendoza y Honduras: la elección de lo inhóspito. Mientras muchos profesionales buscan la comodidad de la ciudad, María José utilizó su paso por Honduras para confirmar que su vocación florece donde más se la necesita. Aquella experiencia le dio las herramientas para gestionar hoy la logística de traslados complejos y la atención primaria en puestos rurales aislados, manteniendo siempre esa humildad de corazón.

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