Vinos & Historia

Malbec: el largo viaje que convirtió a Mendoza en capital mundial del vino

Desde Cahors hasta los Andes, la cepa emblema argentina construyó una historia de resiliencia, innovación y arraigo que hoy conquista mercados en todo el mundo.

Juan Marcelo Calabria

En el corazón de abril, cuando el sol de otoño comienza a besar nuestras vides con una pasión dorada y profunda, Mendoza se detiene para celebrar su estandarte más noble. El 17 de abril no es simplemente un renglón en el calendario vitivinícola; es el Día Mundial del Malbec, la fecha en la que brindamos por una cepa que, tras cruzar océanos y siglos, decidió que nuestras tierras serían su verdadero hogar, eligiendo a Mendoza como la tierra prometida. Esta celebración nos invita a recorrer una historia de superación, donde el Malbec pasó de ser una uva extranjera a convertirse en el embajador indiscutido de nuestra identidad ante el mundo.

El viaje de este varietal comenzó mucho antes de llegar a los Andes, en los viñedos franceses de Cahors, donde sus caldos oscuros y rústicos cautivaron a la realeza medieval, el vino negro como se lo conocía y de mal sabor por su aspereza y rusticidad. Fue la legendaria Leonor de Aquitania quien, con su espíritu liberal e influyente, difundió las virtudes de estos "oscuros caldos" en las cortes de Inglaterra tras su matrimonio con Enrique II, luego de haber sido Reina de Francia y tras su separación del Rey Luis VII. Siglos después, mientras en Europa el Malbec enfrentaba el golpe devastador de la filoxera en el siglo XIX, el destino le preparaba un renacimiento milagroso en el Cono Sur de América.

El gran protagonista de este renacimiento en América fue, sin duda, el gran Domingo Faustino Sarmiento. Durante su exilio en Chile, el sanjuanino impulsó la fundación de la Quinta Normal de Santiago, a semejanza de la de Paris, vislumbrando que la clave para modernizar la producción vitivinícola, que había llegado en la época de la conquista con las diferentes corrientes colonizadoras, era incorporar cepas europeas de casta noble. Con la visión que lo caracterizó incluso luego durante su Presidencia, Sarmiento propuso al gobernador mendocino Pedro Pascual Segura la creación de una quinta modelo que sirviera como escuela y motor de innovación en la agricultura mendocina. Así, el 17 de abril de 1853 se presentó ante la Sala de Representantes el proyecto para fundar la Quinta Agronómica de Mendoza, hito fundacional que hoy le da fecha a nuestro festejo global.

Para liderar esta transformación, se confió en el talento del ingeniero agrónomo francés Michel Aimé Pouget, propuesto por el mismo Don Domingo, quien lo conoció en Chile exiliado del Gobierno de Napoleón III, y que arribó a nuestra provincia portando un tesoro de plantas y semillas que incluía el Malbec. Pouget no solo trajo la uva, sino que descubrió que el varietal encontraba en el clima seco y soleado de Mendoza su máxima expresión. Así el brujo, como se lo conoció por aquellos años hacía su magia injertando y generando nuevas vides. Es fascinante recordar que aquel predio original, donde se realizaron las primeras plantaciones, fue la semilla de lo que hoy conocemos como la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCUYO, nuestra prestigiosa casa de estudios pionera en materia agrícola, y una de las referentes a nivel global.

Dentro de esta rica línea histórica, emerge otra figura central: Aarón Pavlovsky, quien escapando del régimen zarista de su Rusia natal fue contratado por el Presidente Julio Argentino Roca para fundar la escuela nacional de agricultura en Mendoza, siendo uno de los precursores de la industria, en 1884 le dio el impulso inicial y científico a la vitivinicultura mendocina y fundó la Bodega La Purísima. Pavlovsky representa esa unión entre la ciencia y la industria que permitió al Malbec "dictar cátedra" desde sus orígenes. Tal como afirma el destacado historiador Dr. Pablo Lacoste, la trayectoria de este varietal representa un fascinante itinerario cultural que se inserta en la historia universal. Lacoste sostiene que el Malbec ha realizado un "viaje de ida y vuelta": primero desde Europa hacia el sur de América para arraigarse, y un siglo y medio después, regresando al mundo enriquecido con el vigor de nuestro suelo y clima, y el impulso e innovación de nuestros productores. Esta idea nos permite entender que el Malbec no es solo un producto, sino el resultado de década de esfuerzo y perseverancia de viticultores que construyeron lazos de confianza con su terruño y las vides.

La historia del Malbec es también la de los inmigrantes que, experimentados y tenaces viticultores, cultivaron esta uva casi en el anonimato durante más de cien años. Llegando a los albores de los años 80 y especialmente durante la década de los 90 cuando la apertura tecnológica y las inversiones permitieron que el Malbec diera su gran salto cualitativo. Hoy, con miles de hectáreas cultivadas a sol y sombra de la Cordillera de Los Andes, en Argentina, y especialmente Mendoza, que concentra más del 80% de su cultivo, el Malbec se extiende en 18 provincias y es la variedad insignia exportada a 119 países, un tesoro genético desarrollado a los largo de más de 170 años de historia, único que se adapta a cada terruño con una plasticidad asombrosa.

Mendoza es hoy la capital mundial de esta cepa, concentrando más del 75% de la producción nacional. Desde la elegancia histórica de Luján de Cuyo hasta la frescura vertical de los vinos de altura del Valle de Uco, y la versatilidad de los viñedos del Este, el Malbec mendocino ofrece una diversidad que enamora a paladares de 126 países. Es un motor económico que impulsa una robusta infraestructura de cientos de bodegas abiertas al turismo, donde los visitantes habitan el paisaje que dio origen al milagro del renacimiento en América de este vino con historia.

Al levantar nuestras copas estos días, rendimos homenaje a la visión de Sarmiento, el impulso de Don Pedro Pascual Segura, la magia en las cepas de Pouget y el tesón de aquellos inmigrantes que impulsaron la industria vitivinícola en Mendoza, también por el esfuerzo de cada trabajador de viña, que pese a las dificultades, aún hoy siguen produciendo uno de los mejores vinos del mundo. Brindamos por una cultura que ha sabido convertir los desafíos del desierto en una oportunidad de excelencia internacional. Como siempre decimos en Vinos e Historias & Vinos y Comidas, nada mejor que un buen vino para contar una buena historia, y vaya si el Malbec la cuenta. Salud por Mendoza, que sigue dándole al mundo razones para enamorarse de su naturaleza, su cultura y nuestra historia.

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