El boom del consumo digital que oculta el freno en la industria
Las importaciones por plataformas de e-commerce alcanzan máximos históricos mientras la demanda de insumos fabriles se desploma. El superávit comercial, impulsado por la recesión, pone en evidencia un modelo donde el dólar barato ayuda a contener precios, pero no logra activar la inversión productiva.
El reciente récord de exportaciones ha capturado la atención del mercado, proyectando un superávit comercial superior a los 20.000 millones de dólares para este año. Sin embargo, bajo la superficie de estas cifras, se consolida una tendencia preocupante: el "lado B" del modelo económico muestra una retracción marcada en los bienes de capital e insumos necesarios para la producción nacional. Mientras el sector fabril atraviesa un momento complejo, el comercio minorista exterior experimenta un dinamismo inusitado a través de plataformas como Temu, Shein o Amazon.
En marzo, las compras vía Courier saltaron un 123% interanual, alcanzando los 103 millones de dólares, un registro casi histórico que subraya un cambio en la composición de la "torta" importadora.
Un modelo económico condicionado por la baja inversión
Este fenómeno de apertura para el consumidor final contrasta abruptamente con el declive de la actividad industrial. Los datos del EMAE de febrero, con una contracción del 8,7% en la manufactura y un uso de capacidad instalada que apenas roza el 53% -cayendo por debajo del 30% en ramas críticas como la textil-, dibujan un escenario de estancamiento. Las expectativas de los empresarios no ofrecen señales de reversión: una amplia mayoría descarta ampliar su plantilla y cita a la "demanda interna insuficiente" como el principal obstáculo para elevar su producción.
La paradoja del momento radica en la reacción ante un dólar que muchos analistas consideran apreciado. Bajo los manuales tradicionales, un tipo de cambio barato debería alentar una ola importadora de maquinaria y componentes industriales. No obstante, esto no ocurre debido a la profundidad de la recesión actual. La abundancia de divisas, garantizada por la exportación sojera y un ciclo petrolero excepcional, ha disipado las expectativas de devaluación, pero la ausencia de una demanda interna robusta mantiene los niveles de importación por debajo de los registros de años anteriores.
Para el Gobierno, esta dinámica cumple una función dual: el superávit permite acumular reservas y pagar deuda, mientras que la entrada de productos terminados opera como un ancla para la inflación. No obstante, los economistas advierten que esta estrategia tiene límites claros. Existe un consenso técnico sobre la correlación histórica en la que cada punto de crecimiento del PBI requiere un aumento de tres puntos en las importaciones. Al registrarse un crecimiento de apenas 1,7% en las compras externas, los pronósticos de expansión económica para el año empiezan a revisarse a la baja, dejando en evidencia que la apertura comercial, por sí sola, no alcanza para reactivar el motor industrial.