Ganadores y perdedores

Así se movió el mapa petrolero del mundo, tras la guerra en Medio Oriente

El conflicto en Medio Oriente golpeó con fuerza al Golfo Pérsico y reordenó la producción global. Sudamérica, con Guyana y Argentina a la cabeza, capitaliza el nuevo escenario.

El inicio del conflicto en Medio Oriente generó un fuerte reacomodamiento en la producción mundial de petróleo, con consecuencias dispares entre países. Los primeros datos de marzo permiten trazar un panorama claro: mientras las naciones del Golfo Pérsico sufrieron caídas abruptas, otros productores -entre ellos la Argentina- lograron expandir su actividad.

Según estadísticas de la Administración de Información de Energía (EIA) de Estados Unidos, el bloqueo del Estrecho de Ormuz impactó de lleno en la producción hidrocarburífera de esa región, con una contracción promedio del 44%. Entre los más afectados aparecen Qatar, con una baja del 70%, Bahréin (-67%), Irak (-62%), Kuwait (-46%), Emiratos Árabes Unidos (-23%) y Arabia Saudita (-12%).

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Fuera de Medio Oriente también se observaron descensos, aunque de menor magnitud. Guinea Ecuatorial redujo su producción un 16%, Kazajistán un 9%, Reino Unido un 7% y Azerbaiyán un 6%, en muchos casos por cuestiones geológicas que ya venían afectando la extracción antes del conflicto.

Del otro lado, el nuevo escenario benefició especialmente a países sudamericanos, que además de estar lejos del foco del conflicto cuentan con cuencas en expansión. Guyana encabezó el crecimiento con un aumento del 37% en su producción de petróleo y líquidos, seguida por la Argentina con un 11,3%, Brasil con un 10,8% y Venezuela con un 3%.

Entre los productores fuera de la región también se destacaron Noruega, con una suba del 7%, Malasia (9%) y Argelia (5%). En tanto, las grandes potencias como Estados Unidos y Rusia registraron incrementos menores al 2%, aunque significativos en términos absolutos por el volumen que manejan.

Si se observa el total global, la producción mostró una caída del 9,2% en marzo frente a febrero, lo que representa unos 10.000 barriles diarios menos entre petróleo y líquidos. En el caso del crudo, la retracción fue aún mayor, alcanzando el 11,1%.

El impacto de la crisis energética no se limita a la producción. Asia aparece como la región más perjudicada por la escasez de suministros y el encarecimiento de los recursos energéticos. Esta situación ya empieza a trasladarse a otros sectores, como la aviación -con reducción de vuelos de corta distancia-, la industria alimentaria por la falta de fertilizantes, e incluso el desarrollo tecnológico, afectado por la escasez de insumos como el helio.

Para la Argentina, el conflicto implicó un doble efecto. Por un lado, presionó sobre los precios internos, con una inflación que alcanzó el 3,4% mensual impulsada en parte por la energía. Por otro, fortaleció el balance externo del sector, con un superávit energético récord de USD 1.090 millones en marzo.

Las proyecciones indican que este resultado podría ampliarse en abril, aunque tendería a moderarse en los meses siguientes con la llegada de importaciones de GNL y gasoil destinados a la generación eléctrica. De todos modos, el año podría cerrar con un superávit cercano a los USD 12.000 millones, alrededor de un 50% superior al registrado en 2025.

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