La ilusión del Mago y los límites de la épica
El escándalo Adorni restó 12 puntos de confianza al Gobierno y expuso las debilidades de su estrategia. La figura de Santiago Caputo bajo la lupa del círculo rojo por las internas y falta de reacción del gobierno.
La política argentina asiste, una vez más, a la fricción entre el relato y la realidad. El gobierno de Javier Milei atraviesa su tormenta más persistente con el caso que lleva el nombre de su Jefe de Gabinete, Adorni. Hace dos meses que la gestión del ministro coordinador está en el ojo de la opinión pública por movimientos patrimoniales que rozan lo inexplicable: viviendas omitidas en sus declaraciones juradas y gastos familiares en efectivo y en dólares que desafían la lógica de un sueldo público.
En esta oscuridad, la ofensiva comunicacional del gobierno no ha sido quirúrgica sino errática, y el daño colateral es tangible en los diversos sondeos de opinión. Un ejemplo demoledor es el Índice de Confianza en el Gobierno que desarrolla mes a mes la Universidad Torcuato Di Tella donde la imagen se desplomó un 12%. Es una cifra fría que explica algo más que un escándalo; es la radiografía de un manual de supervivencia mediática que, de repente, muestra sus límites.
La irrupción de Santiago Caputo a la escena política nacional llega de la mano de dos hechos puntuales. Por un lado ser "el triangulo de hierro" del poder y por otro lado ser considerado el "Mago del Kremlin" argento. Ese apodo, ungido por el periodista e historiador Carlos Pagni, remite directamente a la novela de Giuliano da Empoli. Un libro que va mucho más allá de la anécdota sobre Rusia para convertirse en un profundo análisis sobre la verdadera naturaleza de la conquista del poder.
Leyendo la obra y viendo el presente del gobierno, la pregunta se impone con fuerza: ¿Es Caputo ese Mago que nos cuenta Pagni? La respuesta duele si uno contrasta la ficción con la realidad de la Casa Rosada. En la novela, el poder de Vadim Baranov y Vladimir Putin no se limitaba a la táctica electoral ni al mero control de daños; era una ingeniería total. El objetivo no era simplemente ganar una elección tras otra, sino construir y consolidar un gobierno que se perpetuara en el poder a través de la refundación del Estado. Baranov no era un simple comunicador; era un constructor de realidades que entendía que la ficción política debía ser tan sólida que ni un escándalo patrimonial pudiera agrietarla.
La tormenta Adorni es, precisamente, la prueba de fuego que devela los límites del "mago" vernáculo. El poder de Caputo hoy es formidable, pero no es estatal en el sentido profundo de la novela, sino que descansa sobre un trípode de control instrumental: el dominio de la SIDE (Secretaría de Inteligencia del Estado), la Aduana y su disciplinado ejército de trolls en redes sociales. Esas herramientas evidencian que su genio radica más en la gestión agresiva del conversatorio público que en la construcción de una nueva realidad con la que Milei quiera refundar el Estado, su afamada "batalla cultural".
Para entender un poco más sobre la expertis del asesor presidencial, debemos mirar el espejo donde Caputo se ha mirado tanto: los Estados Unidos de la era Trump. Su padrino político y terminal en Washington, Barry Bennett, completa la radiografía de esta lógica. Bennett, el operador que la administración de Donald Trump envió para que "el Mago crezca dentro del Gobierno", es un experto indiscutible en lobby y campañas. Sin embargo, su Currículum Vitae es irrelevante en materia de gestión ejecutiva. El lobista americano jamás administró la comunicación de un Estado, y su paso por Washington fue para fundar una firma de lobby que cobraba a clientes extranjeros como Catar o PDVSA, lo que le valió un problema con el Departamento de Justicia. Al igual que su aprendiz argentino, Bennett es un genio de las sombras para articular victorias, pero su sabiduría se agota en el acceso, el contacto y la transacción.
Es justo ahí donde el círculo rojo comienza a percibir la diferencia entre un mero ganador de elecciones y un verdadero ideólogo con vocación de gobierno. Si volvemos al libro de Da Empoli, Vadim Baranov no pensaba en encuestas, pensaba en décadas. En los casos de Caputo y Bennett, ambos aplican un repertorio de tácticas, de probada eficacia electoral, pero frágiles para sostener la pesada mochila de un gabinete y gestión de gobierno.
A pesar de la erosión, sería un error de análisis subestimar el poder de resiliencia de esta administración y de su asesor estrella. Si algo de su ADN electoral perdura intacto es la capacidad de sintetizar la adversidad en épica. Con casi un 36% de aprobación firme en la última encuesta de Atlas Intel, Milei sigue siendo el político más competitivo de la Argentina, y en ese blindaje del núcleo duro reside la verdadera mano del mago. Caputo, como su mentor Bennett, puede no ser un arquitecto del Estado, pero sigue siendo un violinista virtuoso en la campaña permanente.