Olivos centenarios: crecen los proyectos para rescatar árboles históricos
Iniciativas en Maipú y Guaymallén avanzan en la preservación de ejemplares antiguos amenazados por el avance urbano y el abandono productivo, con la mirada puesta en revitalizar la industria del aceite de oliva.
En una provincia donde el olivo forma parte de la identidad agrícola y cultural, distintas iniciativas privadas y municipales comenzaron a trabajar para rescatar ejemplares centenarios y recuperar el peso histórico de Mendoza en la producción olivícola nacional.
El avance inmobiliario, los cambios en la matriz productiva y el abandono de antiguas fincas redujeron drásticamente la superficie cultivada en las últimas décadas. Mendoza, que llegó a superar las 20.000 hectáreas de olivares, hoy enfrenta una fuerte retracción de la actividad y la desaparición progresiva de árboles históricos.
Frente a ese escenario, comenzaron a surgir proyectos orientados no sólo a conservar ejemplares antiguos, sino también a revalorizar el patrimonio cultural y productivo ligado al aceite de oliva.
Uno de los emprendimientos más avanzados es el que impulsa la familia Cicero en Maipú, donde se creó un santuario que ya alberga más de 5.000 olivos centenarios rescatados de fincas en riesgo.
Muchos de esos árboles fueron trasladados desde propiedades amenazadas por loteos o abandono y reubicados en un espacio especialmente diseñado para asegurar su supervivencia.
El objetivo del proyecto no se limita a la conservación. También busca transformar el lugar en un ámbito abierto a la comunidad que permita recuperar el vínculo entre Mendoza y su tradición olivícola.
En paralelo, otra iniciativa encabezada por el enólogo y maestro aceitero Gabriel Guardia trabaja en la recuperación de ejemplares históricos y en el reposicionamiento de Mendoza dentro del mercado internacional del aceite de oliva premium.
Desde su proyecto Corazón de Lunlunta, Guardia recorre distintas zonas de la provincia para identificar olivares en peligro y coordinar el traslado de árboles centenarios, una tarea compleja que requiere maquinaria especializada, logística y fuertes inversiones.
Como parte de ese trabajo, surgió en Guaymallén la primera Guardería de los Olivos, un espacio desarrollado junto al municipio para preservar ejemplares rescatados y conservar su valor histórico y genético.
Detrás de estas iniciativas aparece una preocupación compartida: la pérdida de los olivares no sólo implica un retroceso económico, sino también cultural.
Muchos de estos árboles fueron introducidos por inmigrantes europeos y forman parte del origen agrícola mendocino. En especial, la variedad arauco -única de Sudamérica- es considerada un patrimonio estratégico por su calidad y valor simbólico.
Los impulsores de estos proyectos consideran que la recuperación de los olivares puede convertirse además en una oportunidad para reconvertir la industria, apostar a la producción de alta calidad y devolverle protagonismo internacional a Mendoza en el mercado del aceite de oliva virgen extra.
Aunque reconocen que el rescate de cada árbol demanda altos costos y un trabajo técnico minucioso, sostienen que preservar estos ejemplares resulta fundamental para proteger una parte central de la identidad provincial.
Tanto el santuario de Maipú como la guardería de Guaymallén aparecen hoy como símbolos de una nueva mirada sobre la olivicultura mendocina: una combinación entre patrimonio, sostenibilidad y desarrollo productivo con proyección futura.