La sábana corta de las universidades argentinas ¿El gran negocio corporativo?

"Llevo por lo menos una década reflexionando sobre un sistema educativo que -aunque tiene una finalidad noble y necesaria para el desarrollo del país- ha terminado por convertirse en una maquinaria corporativa egoísta e indiferente a la sociedad que la sostiene", define Bohoquez en este informe..

Isabel Bohorquez

 Recuerdo que hace 10 años -y desempeñándome entonces como rectora de la Universidad Provincial de Córdoba- escribí mi primer artículo sobre el sistema de educación superior argentino desde una visión crítica -publicado en la sección opinión de la Voz de Interior- titulado ¿Quién le pone el cascabel al gato?  Entonces planteé la necesidad de que las universidades se abrieran a la sociedad, se pudiera discutir un proyecto de país y se replanteara a su vez, el concepto de ingreso irrestricto, entre otros temas sustanciales a un sistema que creció a espaldas de la sociedad argentina.

Con esto quiero decir que llevo por lo menos una década reflexionando sobre un sistema educativo que -aunque tiene una finalidad noble y necesaria para el desarrollo del país- ha terminado por convertirse en una maquinaria corporativa egoísta e indiferente a la sociedad que la sostiene.

Dicho esto, abordemos los aspectos sistémicos fallidos que hay que revisar si queremos defender la educación pública en serio:

La fábrica inagotable de universidades

¿Más universidades es igual a mejor educación pública? No necesariamente o justamente lo contrario.

Un crecimiento excesivo, desordenado y politizado de las universidades provoca un deterioro y no un mejoramiento de la oferta educativa.

Veamos los datos actuales:

El cuadro muestra la cantidad de universidades estatales nacionales, provinciales y privadas, así como institutos universitarios.

Los institutos universitarios abordan un campo disciplinar específico, por ejemplo, Instituto Balseiro (en Ciencias Exactas y Tecnología), Instituto Universitario de la Policía Federal Argentina (IUPFA) o el Instituto Universitario de Gendarmería Nacional (IUGNA). Se puede observar que hay muy pocos en el país.

Las universidades provinciales son sostenidas por el presupuesto provincial y no nacional.

Lo que me interesa enfatizar es el crecimiento enorme que ha tenido el sistema.

Argentina a fines de la década de los sesenta del siglo pasado, tenía en funcionamiento 10 instituciones universitarias de gestión estatal y 19 de gestión privada. El proceso de expansión había comenzado y nuestro país lideraba la región en tasa bruta neta de escolarización media y superior. Estábamos en la cima educativa.

Atención a la última afirmación: liderábamos la región (tiempo pasado) en tasa bruta de escolarización media y superior.

En aquél entonces, el plan Taquini para el desarrollo del sistema universitario nacional, pensaba la creación de nuevas universidades con las siguientes condiciones:

· con criterios de distribución geográfica para alcanzar a toda la población en sus propias regiones,

· de singularidad en el sentido de que fueran diferentes a las ya existentes en cuanto a propuestas formativas

· que permitieran acompañar el crecimiento regional aportando conocimiento, desarrollo científico y tecnológico y con una perspectiva de futuro para potenciar nuevos espacios de ampliación y progreso.

· recordemos que también el CONICET era por entonces una institución recién creada (febrero del 1958 durante gobierno de Aramburu) y que impulsaba la investigación como una dedicación exclusiva dentro del ámbito universitario.

O sea, el proyecto de los sesenta, incluía considerar dónde se necesitaba universidades (lo geográfico), por qué se necesitaban (lo novedoso) y para qué se necesitaban (proyecto regional de desarrollo), al punto que se consideró también necesario crear el CONICET para impulsar la investigación (siguiendo los ejes anteriores)

¿Qué pasó?

El sistema creció desproporcionadamente y no siguió ninguno de los criterios del plan Taquini (tan razonables, por cierto)

El mapa siguiente del año 2020, último publicado en web oficial de la actual Subsecretaría de Políticas Universitarias muestra que la expansión del sistema fue enorme. Nótese que en provincia de Buenos Aires y CABA hay 26 y 13 universidades estatales respectivamente.

Pasamos de 10 instituciones estatales a 72 en unas pocas décadas...

Dice la CONEAU en su informe: "(...) un crecimiento en la oferta educativa que arroja un total de 50 instituciones universitarias creadas durante el periodo 2000-2023".

Repetimos: 50 universidades estatales más incorporadas al sistema.

Sin embargo, dicha expansión no fue equitativa y no se alcanzó a toda la población en sus propias regiones, ya que Buenos Aires sigue concentrando la mayor parte de la oferta educativa estatal (y privada) a pesar de que menos del 10% de la matrícula estudiantil es oriunda de allí. Le siguen Córdoba y Santa Fe. El resto de las provincias tienen entre una y cuatro universidades estatales.

Tampoco se cumplió con que la oferta fuera novedosa y acorde a un proyecto de desarrollo regional acompañado por investigaciones que impulsaran dicho desarrollo. Pero eso lo veremos en el apartado siguiente.

Aquí culmino diciendo, las universidades crecieron como hongos después de la lluvia, desconociendo el plan Taquini, extenuando al sistema en su capacidad de financiamiento y profundizando las desigualdades ya que, pese a la creación de nuevas universidades en el conurbano* (ver detalle al final del informe) y algunas provincias, la concentración presupuestaria sigue estando en las universidades tradicionales (UBA, UNC, UNLP), que se llevan casi el 50% del presupuesto total.

La fábrica igualmente inagotable de titulaciones, carreras y carreritas sin rumbo

Del mismo modo, se crearon carreras de manera excesiva, desordenada, superpuesta y sin respetar ni el criterio de regionalización (distribución de la oferta para que carreras como Medicina por ejemplo se ofrezcan de manera equitativa en todo el país) ni el criterio de novedad que pudieran aportar, así como tampoco el criterio de impulso de desarrollo por regiones (agropecuaria, industrial, minera, etc.)

Veamos los datos:

En nuestro país se dictan 21.683 ofertas de pregrado, grado y posgrado. Lo que se conoce habitualmente como carreras de grado alcanzan las 11.259 ofertas.

Argentina adolece de una cantidad supernumeraria de titulaciones y para que se entienda la afirmación pondremos por ejemplo a Chile que cuenta con un estimado de entre 4.000 y 5.000 programas activos totales (incluyendo carreras universitarias, institutos profesionales y centros de formación técnica).

Nosotros tenemos un fenómeno de hiperfragmentación de la oferta que nos lleva a un sinnúmero de carreras (y carreritas) altamente específicas con una duración de 5-6 años en tiempo teórico (largas), que tiene varias consecuencias negativas:

· Encarece el sistema educativo al multiplicar la oferta en tantas titulaciones (muchas de ellas superfluas o repetitivas), o sea, debemos financiar más cantidad de carreras que abarcan un mismo campo disciplinar y, por ende, docentes, recursos materiales, etc. duplicados.

Las universidades fragmentan la disciplina desde el primer año, creando carreras de grado independientes y exclusivas para cada nicho. En el catálogo oficial conviven como carreras de grado separadas, pongamos por caso Administración y Negocios: Licenciatura en Administración de Empresas, Licenciatura en Comercialización (Marketing), Licenciatura en Recursos Humanos / Relaciones del Trabajo, Licenciatura en Comercio Internacional, Licenciatura en Logística, Licenciatura en Administración de la Producción, son algunos ejemplos, además de las carreras tradicionales de Ciencias económicas, Contador Público, Licenciatura en Economía, Licenciatura en Actuario, Licenciatura en Administración.

En México, por citar un país, un estudiante interesado en el mundo corporativo ingresa generalmente a la carrera de Licenciatura en Administración o Licenciatura en Contaduría. El título es amplio, de "base ancha" y, si el profesional desea enfocarse en marketing digital, logística o recursos humanos, realiza esa especialización mediante un posgrado corto o la práctica laboral.

· Complejiza el sistema educativo porque al ser ofertas de "base chica", muy específicas, dificulta las equivalencias o regímenes de cursado que pudieran permitir cambiar de carrera, por ejemplo, Licenciatura en Bioinformática o la Licenciatura en Tecnología Digital, a los dos años el estudiante decide que prefiere volcarse a la Licenciatura en Sistemas o a la Ingeniería en Informática, se encuentra con una gran barrera burocrática.

· Reduce el campo de incumbencia/campo laboral debido a la alta especificidad (que debería ser de posgrado) que, a su vez, produce competencia entre carreras similares que luego tendrán perfiles solapados entre sí al momento de insertarse laboralmente, por ejemplo, Licenciatura en Arpa vs. Licenciatura en Música con orientación en instrumentos de cuerda o profesor de Música, Profesor en Educación musical, Técnico en producción musical, Licenciatura en Composición musical, etc.; Licenciatura en Periodismo Deportivo vs. Licenciatura en Comunicación Social; Licenciatura en Diseño de Indumentaria vs. Licenciatura en Diseño Textil; Licenciatura en Nutrición vs. Licenciatura en Ciencia y Tecnología de los Alimentos son algunos ejemplos.

· Debilita la solvencia académica al ser en muchos casos, propuestas banales, ambiguas o sin marcos teóricos propios, sin desarrollo científico y sin un campo de incumbencia establecido, por ejemplo, Licenciatura en Lenguaje y Cultura Artística que dura 5 años...

Según el CIN (Consejo Interuniversitario Nacional en el 2012): "Numerosos estudios señalan que la oferta de títulos en el país crece en forma acelerada en términos cuantitativos y cualitativos en un marco de diversificación creciente en el que algunos autores destacan dos tendencias importantes: la "sobre" especialización en el grado, especialmente en determinadas áreas disciplinarias, la superposición de oferta y la reiteración de títulos (Krotsch 2007; Fanelli y Balán 1994; Dirié, C. 2002; Marquina 2004; Auberdiac y Etcheverry 1995) en áreas o regiones geográficas".

El mismo texto expresa: "Asimismo, esta DNGU ha señalado recurrentemente que, en las presentaciones que realizan las instituciones universitarias para obtener el reconocimiento oficial de un título, se vislumbran una gran diversidad de denominaciones para propuestas de formación similares. Sólo para que se entienda a qué nos referimos, valen como ejemplo los títulos que mostramos a continuación, cada uno de ellos de una institución diferente: Licenciado en Agronegocios / Licenciado en Administración y Gestión de Agronegocios / Licenciado en Comercialización Agropecuaria / Licenciado en Administración Agropecuaria y Agronegocios con orientación alternativa en Gestión de Agroalimentos".

Para ir cerrando este apartado y que quede claro para quienes no son especialistas en diseño curricular universitario,

· si una carrera, por más atractivo que sea su título, no tiene clara sus fronteras académicas puede incurrir en errores graves en su formulación. ¿Qué significa esto? Definir los límites académicos implica establecer con precisión qué es lo que esta disciplina hace y, fundamentalmente, qué es lo que no debe pretender abarcar para evitar el solapamiento con las carreras tradicionales de las que se nutre (ejemplo Licenciatura en Bioinformática/ Biología/ Informática, la Bioinformática no es la suma de dos carreras, sino una intersección metodológica su límite académico se define a partir de su objeto de estudio y sus herramientas exclusivas).

Algunas carreras son directamente un error: Licenciatura en Coaching Ontológico o Licenciatura en Lenguaje y Cultura Artística, que carecen de las condiciones científico-epistemológicas para ser una licenciatura, fallando en dos frentes críticos: falta de solvencia académica (ausencia de un objeto de estudio propio) ya que para que una disciplina tenga el rango de licenciatura, debe poseer un cuerpo teórico propio, un método científico validado y una tradición epistemológica consolidada; y falta de definición de campo (solapamiento e intrusismo profesional) ya que una licenciatura debe delimitar con precisión qué problemas de la realidad viene a resolver y dónde terminan sus competencias legales.

· si las carreras son demasiado específicas perjudican al egresado, volviendo al ejemplo de la Licenciatura en Arpa, caso extremo de cómo un título de grado excesivamente específico encierra al profesional ya que, al salir al mercado de trabajo, el egresado de esta carrera compite de manera directa y en desventaja con perfiles mucho más amplios (los nombramos más arriba) que se solapan en su mismo campo laboral. La especificidad es para el posgrado, las orientaciones o elecciones posteriores a medida que el egresado va introduciéndose en el campo laboral y explorando diferentes posibilidades y que, al ser financiadas por el propio egresado, enfocan a la universidad en una formación básica sólida, con ciclos comunes, de "base ancha" que permita la flexibilidad curricular y un sistema de equivalencias amplio.

· si las carreras son repetitivas, similares en incumbencias generan solapamientos y competencias entre titulaciones (ejemplo de las carreras de Agronomía) y perjudican al egresado porque los perfiles más amplios y consolidados (como Ingeniería Agronómica) son los que tienen preferencia en el mercado laboral. En ese caso específico, el profesional ingeniero agrónomo tiene la formación en producción agrícola, en botánica, en fisiología vegetal, en clima, en relación costo-beneficio del rendimiento por hectárea, en cadena de valor agroalimentaria en su totalidad, en viabilidad técnica y biológica del suelo, etc., etc. y puede formarse posteriormente en comercialización agropecuaria. Si el campo de estudio es la administración empresarial y la comercialización, quienes hayan obtenido una titulación más amplia, dominarán conceptos tales como finanzas, costos y presupuestos, comercialización y mercados de capitales (futuros, opciones y contratos de commodities), logística y comercio internacional (canales de distribución y normativas globales), gestión de la cadena de valor (desde el manejo del suelo hasta la góndola), etc., etc. La intersección de campos académicos puede y debe enriquecer la interdisciplina, el trabajo en equipo o la formación de posgrado, pero nunca producir un elenco de carreras parciales del mismo campo disciplinar, reduciendo y confundiendo el campo laboral.

¿Por qué en Argentina pasa esto?

En principio, falla la regulación estatal. En otros países los ministerios y agencias de acreditación limitan las variantes de nombres para mantener la transparencia del mercado laboral. En nuestro país, la autonomía universitaria permite registrar nombres de fantasía o variantes muy similares para competir por alumnos.

El problema más grave de esta hiperfragmentación es el daño que se le ocasiona al graduado que confía en su universidad (¿quién sospecharía de una universidad?) y cursa una carrera con la ilusión de un proyecto personal, intentando identificar en esa formación lo que a futuro será su campo laboral y de desarrollo personal, pero que al egresar (en el mejor de los casos que egrese) se encuentra con que no existe tal campo de incumbencia o su campo laboral no tiene la demanda que le permita encontrar trabajo o tiene una fuerte competencia con otras carreras mejor planteadas, porque en realidad ha sido víctima de los vericuetos de la institución universitaria que, para seguir creando más y más carreras que le den trabajo a la propia corporación universitaria o le den espacio a sus intereses políticos partidarios, ha generado propuestas insolventes.

En resumen, en muchos casos, las universidades estatales crean carreras para sí mismas, con un solipsismo aberrante ya que lo que ofrecen no tiene reflejo en la realidad del futuro egresado.

¿Pero a quién le importa?

...por el silencio plomífero sobre estos temas curriculares, que son de relativa fácil solución y beneficiarían inmensamente al sistema...parece que a muy pocos. Considerando que no hace falta una gran dosis de genialidad para comprender la necesidad de resolver el problema sistémico de la oferta académica desmedida y perjudicial, me llama mucho la atención que no salgan los especialistas en educación, en diseño curricular, en los diferentes campos disciplinares, etc. a opinar al respecto.

Nos quedan algunos aspectos fallidos más por revisar entre los que podemos considerar el resultado medido en tasa de ingreso/ tasa de egreso y desempeño académico estudiantil, la falacia de que los sectores vulnerables acceden a la universidad, financiamiento regresivo y equidad social, la ilusión de la gratuidad, el elenco de elecciones de carreras y un proyecto ausente de país, el feudalismo docente, los concursos bloqueados, la falta de reformulación de la carrera docente, el (también y peor) feudalismo sindical, la politización de los espacios académicos para beneficio de algunos sectores político partidarios, etc.

En este tiempo de marchas, paros, reclamos al actual gobierno como si el sistema universitario hubiera sido perfecto hasta ayer, lo extraordinariamente positivo de lo que ha generado tanto reproche y violencia institucionalizada es que empezaron a salir a la calle también, cuestiones como las carreras de licenciatura absurdas, o lo que cuesta un estudiante, o la cantidad de docentes por estudiante, los fondos que nunca se sabe adónde van destinados, la fiesta eterna para una corporación que ha crecido gracias a una sociedad que hoy la mira con ojos más críticos y le ve, por fin, las formas a esta sábana corta.

Nota del editor. La referencia: "(...)pese a la creación de nuevas universidades en el conurbano*" corresponde a Universidad Nacional Guillermo Brown (UNAB), Universidad Nacional Arturo Jauretche en Florencio Varela (UNAJ), Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV), la Universidad Nacional de Hurlingham (UNAHUR), Universidad Nacional de José C. Paz (UNPAZ), Universidad Nacional de Moreno (UNM), Universidad Nacional del Oeste (UNO), Universidad Nacional Scalabrini Ortiz (UNSO).

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