Analisis

Agostina Vega y la confianza como factor de riesgo

Las sociedades enseñan a desconfiar de los extraños. Muchos de los riesgos más difíciles de detectar nacen dentro de relaciones que ya fueron legitimadas.

Eduardo Muñoz
Criminólogo. Creador del Teorema de la Omisión Preventiva. Autor de La doble cara del gol (2026), un análisis criminológico del fútbol y el poder.. linkedin.com/in/eduardo-muñoz-seguridad IG: @educriminologo

El caso de Agostina Vega volvió a conmover a la sociedad argentina. La atención pública se concentra en el crimen, en el responsable y en la investigación judicial. Sin embargo, el caso también permite observar un fenómeno que aparece con frecuencia en distintos episodios de violencia contra adolescentes: el papel de la confianza como puerta de entrada al riesgo.

El riesgo que llega desde adentro

Existe una idea profundamente arraigada en nuestra cultura preventiva. Desde pequeños aprendemos a identificar peligros externos. Se enseña a desconfiar de desconocidos, a evitar determinadas situaciones y a reconocer conductas amenazantes.

Muchos de los hechos más graves no comienzan con la irrupción de un extraño.

Comienzan con la construcción de un vínculo.

La diferencia es fundamental. Frente a una amenaza externa solemos activar mecanismos de alerta. Cuando alguien logra ingresar al círculo de confianza, esas barreras se reducen. La confianza disminuye la percepción de riesgo y hace posible la convivencia. Precisamente por eso puede ser utilizada como una herramienta de acercamiento por quienes buscan manipular o controlar.

Allí aparece una paradoja central de la prevención. Aquello que permite construir familias, amistades y comunidades también puede convertirse en una oportunidad para distintas formas de violencia.

El riesgo se vuelve familiar

El grooming ofrece uno de los ejemplos más claros. El agresor rara vez comienza con una conducta abiertamente violenta. Primero construye cercanía. Genera familiaridad. Obtiene credibilidad. La violencia aparece después, cuando el vínculo ya está consolidado y las defensas iniciales han disminuido.

El caso de Chiara Páez, cuyo asesinato en 2015 impulsó el surgimiento del movimiento Ni Una Menos, mostró cómo la violencia más extrema podía emerger desde una relación que formaba parte de la vida cotidiana de la víctima.

Por esa razón, la prevención exige algo más sofisticado que identificar amenazas externas. Exige comprender cómo se construyen determinados vínculos y cómo algunas formas de manipulación logran ocultarse detrás de relaciones aparentemente normales.

La prevención más difícil

Las señales tempranas rara vez aparecen de manera espectacular. Suelen manifestarse como conductas de control, intentos de aislamiento o cambios que parecen menores cuando se observan por separado. El riesgo no suele revelarse en un único acto. Se construye gradualmente.

En una de sus declaraciones públicas, el padre de Agostina recordó una característica que, con el paso de los días, adquirió una dimensión dolorosa. La describió como una adolescente sociable, confiada e inocente. "Era muy confianzuda", repitió al recordar las advertencias que solía hacerle sobre los riesgos de confiar demasiado en otras personas.

Sus palabras permiten observar un aspecto que aparece con frecuencia en numerosos casos de violencia contra adolescentes: la confianza puede convertirse en una vía de acceso para quienes buscan acercarse, influir o ejercer control sin despertar alarmas inmediatas.

Agostina Vega no representa únicamente una tragedia individual. También vuelve a poner sobre la mesa una realidad que suele pasar desapercibida: algunos de los riesgos más difíciles de detectar son aquellos que llegan a través de personas que ya fueron aceptadas e incorporadas al círculo de confianza.

Las sociedades modernas han desarrollado múltiples herramientas para protegerse de amenazas externas. El desafío pendiente es reconocer con la misma claridad cuándo la confianza está siendo utilizada como una herramienta de acceso o control.

Más allá de Agostina

El caso de Agostina Vega interpela mucho más que una investigación judicial. Obliga a revisar una creencia profundamente instalada: la idea de que el peligro siempre viene de afuera.

Porque el peligro no siempre entra forzando una puerta.

A veces entra después de que alguien le dio la bienvenida.

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