Conicet

Un estudio analiza cómo el diseño de las colmenas puede influir en la salud de las abejas

Investigadores evaluaron el comportamiento térmico de distintos tipos de colmenas en Mendoza y detectaron diferencias que podrían afectar el desarrollo de las colonias. El trabajo busca aportar información para mejorar las prácticas apícolas en contextos de temperaturas cada vez más extremas.

Las abejas cumplen una función esencial para los ecosistemas y la producción agrícola debido a su papel como polinizadoras. Sin embargo, las colonias enfrentan crecientes desafíos asociados al cambio climático y al aumento de las temperaturas, un fenómeno que obliga a revisar distintos aspectos de la actividad apícola.

En ese contexto, un equipo de investigadores, entre ellos el científico del CONICET Mendoza Gerónimo Galvani, llevó adelante un estudio para determinar cómo el diseño de las colmenas puede influir en la capacidad de las abejas melíferas para mantener las condiciones necesarias para la supervivencia de la colonia.

La investigación, publicada en el International Journal of Biometeorology, comparó dos sistemas de manejo ampliamente utilizados en apicultura: la colmena estándar o Langstroth, predominante en la producción comercial de miel, y el sistema de núcleos apilados, una alternativa que ha ganado espacio entre productores en los últimos años.

La importancia de la temperatura

Uno de los aspectos clave para la supervivencia de una colonia es la capacidad de las abejas obreras para regular la temperatura interna del área de cría. Allí se desarrollan las futuras generaciones y cualquier alteración térmica puede tener consecuencias directas sobre la salud de los individuos.

"En esta especie (Apis mellifera), es fundamental controlar un rango de temperatura óptimo en el área de cría, que está aproximadamente entre 32 y 36 °C. Fuera de ese intervalo, la tasa de mortalidad o defectos de desarrollo aumenta en forma significativa", explicó Galvani.

Para analizar el comportamiento térmico de ambos sistemas, los investigadores monitorearon durante cuatro meses la temperatura interna de las colmenas mediante sensores instalados tanto en el área de cría como en sectores periféricos. Además, registraron la actividad de entrada y salida de las abejas como indicador del funcionamiento general de cada colonia.

Dos modelos, distintas exigencias

Según explicó el investigador, la colmena Langstroth, creada en el siglo XIX, posee un volumen similar al de las cavidades naturales que las abejas suelen elegir en los árboles. Sin embargo, su estructura obliga a las colonias a expandir el nido de una manera diferente a la que ocurre en la naturaleza.

"Crece la evidencia sobre que este diseño fuerza a la colonia a hacer crecer el nido en forma horizontal y luego acumular reservas en forma vertical. Estos procesos no ocurren en la naturaleza, donde el desarrollo de la colonia tiene un ambiente más estrecho y con dirección preferentemente vertical", señaló.

En contraste, el sistema de núcleos apilados utiliza cajas más angostas y de menor tamaño, una característica que algunos productores consideran beneficiosa para la sostenibilidad de las colonias durante el invierno y para mejorar la productividad durante los períodos de mayor actividad.

Qué encontraron los investigadores

Los resultados mostraron que, incluso en las condiciones áridas del norte mendocino, las colonias lograron mantener dentro de valores adecuados la temperatura del área de cría.

"Los resultados mostraron que, a pesar del clima árido de Mendoza, las colonias logran controlar el rango de temperatura óptima en el área de cría, lo que habla bien de la genética utilizada por los productores de la zona", destacó Galvani.

Sin embargo, el estudio también detectó diferencias relevantes entre ambos sistemas. La principal fue una mayor cantidad de episodios de sobrecalentamiento en las colmenas de núcleos apilados respecto de las colmenas estándar.

"La diferencia más destacada entre los sistemas se dio en un mayor número de eventos de sobrecalentamiento en el sistema de núcleos apilados con respecto a la colmena estándar", precisó el investigador.

El desafío de adaptar la apicultura al clima mendocino

Otro aspecto analizado fue la recolección de polen, una actividad fundamental para la alimentación de la colonia. En este caso, no se observaron diferencias significativas entre ambos diseños de colmenas, aunque el estudio permitió caracterizar patrones de actividad que podrán servir de base para futuras investigaciones.

Para los especialistas, una de las principales conclusiones es que las prácticas apícolas deben adaptarse a las condiciones ambientales de cada región y no replicar automáticamente modelos desarrollados en otros contextos climáticos.

"Sin dudas, un mensaje que se desprende del estudio es lo expuestas a la insolación que están las colmenas destinadas a la producción en Mendoza. Se deben repensar algunas de las metodologías que simplemente se copian de otras regiones del mundo con otras exigencias ambientales", concluyó Galvani.

Los investigadores aclararon que todavía es prematuro establecer recomendaciones definitivas para los productores, aunque consideran que los resultados aportan información valiosa para comprender cómo las condiciones climáticas y el diseño de las colmenas pueden incidir en la salud y productividad de las abejas melíferas.

Esta nota habla de: