Análisis Bohorquez

¿Adónde se fue la cordura? (lo que no se discute sobre las universidades)

"Cuestiones que no se discuten sobre las universidades argentinas", postula la columnista. Esta vez su análisis lo hace en base a su experiencia como primera rectora de la Universidad Provincial de Córdoba.

Isabel Bohorquez

 El domingo pasado en La sábana corta de las universidades argentinas comentamos una realidad inocultable: el crecimiento desordenado del sistema universitario, en base a la creación de nuevas instituciones -especialmente durante los años 2000 a 2023- y a la explosión de oferta académica hiperfragmentada, repetitiva, con errores graves en su formulación.

¿Qué significa todo ello?

En primer lugar, que se crearon universidades respondiendo a un eje político y concentrador en Buenos Aires.

De las 72 instituciones universitarias estatales de Argentina que figuran en el registro nacional,

· si descontamos las universidades provinciales (6 en total, de las cuales 3 están en Buenos Aires) ya que se sostienen con presupuesto de sus provincias (que es otra discusión que abordaremos más adelante),

· ni contabilizamos los institutos universitarios (5 en total, nacionales y provinciales) que tienen un perfil muy específico como el Instituto Universitario de la Policía Federal Argentina (IUPFA), el Instituto Universitario de la Gendarmería Nacional (IUGNA) o el Instituto Balseiro (IB) por ejemplo,

· y tampoco contabilizamos las universidades que fueron creadas por ley -a fines del año 2023- (Pilar, del Delta, Río Tercero y nacionalizada por ley Madres de Plaza de Mayo) pero que actualmente están bajo revisión y auditoríala cantidad de las universidades nacionales estatales argentinas restantes suman 57 y de ese total, 26 instituciones radican en Buenos Aires (provincia y AMBA), (aproximadamente un 46%), por lo que la afirmación de que Dios tiene el mostrador en Buenos Aires aplica en este caso.

Lejos quedó el criterio (tan sensato) del plan Taquini de la distribución regional para llegar a todo el territorio argentino y según un proyecto de desarrollo productivo, tecnológico, etc. de país; tan lejos como la oferta que se desenvolvió en base a ramas de estudio (ciencias sociales y ciencias humanas mayoritariamente) que no tuvieron -o muy poco- que ver con un proyecto de desarrollo del país.

Esa cantidad excesiva y concentrada de universidades, así como esa cantidad abusiva de carreras (y carreritas) han debilitado y desfinanciado el sistema universitario.

Insisto en esto porque las preguntas que me hicieron llegar a partir de la lectura del artículo del domingo pasado, reflejan que la sociedad en general desconoce los procesos de creación de carreras, incluso de universidades (muchas veces ni los mismos docentes universitarios).

Ejemplos de metamorfosis universitaria

Un caso testigo es la UNA (Universidad Nacional de las Artes) radicada en Ciudad de Buenos Aires.

Elijo este caso porque ha sido mencionado en los medios y porque personalmente, viví una experiencia similar al asumir como rectora de la Universidad Provincial de Córdoba (UPC) que -hay que decirlo- tenía un pre dictamen negativo de CONEAU (por deficiencias en su proyecto original), fue creada por ley en el año 2007, durmió el sueño de los proyectos postergados durante 4 años...hasta que despertó y me designaron su rectora organizadora en el año 2012.

Así que describo primero mi experiencia y luego abordo el caso nacional de la UNA.

¿Con qué me encontré?

Con un elenco de institutos terciarios no universitarios de larga trayectoria (como el centenario Conservatorio de Música Félix Garzón o la vanguardista Escuela de Turismo y Hotelería Montes Pacheco, primera en toda Sudamérica).

Los institutos pre existentes que fueron la base de la universidad provincial:

· los 5 de Ciudad de las Artes (Música, Teatro, Artes Visuales, Cerámica y Diseño),

· la Escuela de Hotelería y Turismo Montes Pacheco,

· el Instituto de Educación Física (IPEF)

· y el Instituto Domingo Cabred (Profesorado de Educación Especial, Sordos, Ciegos, Psicomotricidad, Psicopedagogía)

Todos ellos institutos, consolidados, reconocidos y con ansias de seguir siendo ellos mismos, a la vez que una universidad (difícil integración).

¿Cuál fue el problema aquí?

Los institutos -en tanto terciarios no universitarios, profesorados y tecnicaturas- ya existían con toda su capacidad instalada (edilicia, recursos, planta docente, administrativa, etc.), entonces el desafío consistió en convertir dicha capacidad en una estructura universitaria que tiene algunas condiciones muy diferentes.

A los docentes y directivos de los institutos lo que más le preocupaba era su situación laboral porque en el ámbito universitario y por ley (aunque muchas veces se incumple), hay ciertas exigencias para pertenecer al claustro docente, titulaciones, antecedentes, condiciones de concurso, etc. que muchos docentes idóneos (sin título) no cumplían, ya sea por enseñar en tecnicaturas artísticas o de rubros no tradicionales como escenografía e iluminación, por ejemplo.

O sea, la mayor preocupación de la gente era su puesto de trabajo.

Todos fueron absorbidos por la nueva estructura, cumplieran o no con las exigencias.

Y, por otro lado, la ambición de cada instituto (por separado) de alcanzar el mayor número posible de reconversión de carreras terciarias no universitarias a universitarias. Por supuesto, cada instituto quería sus propias licenciaturas y luego sus posgrados, también dinero para investigación y más inversión en infraestructura, con el agravante de que se modificó la Ley de Educación Superior en el año 2015 y se estableció el carácter irrestricto del ingreso.

En resumen, los institutos querían crecer exponencialmente y además pretendían tener una capacidad infinita para receptar alumnado ...

Las demandas institucionales suelen tener una vertiente inagotable de reclamos, también desde la concepción de que el Estado (ya sea provincial o nacional) es igualmente inacabable en su capacidad de resolverlos, generando así una dinámica de tensión entre conservadurismo (mantener sus puestos de trabajo, sus condiciones) y expansionismo (crecer con más y más carreras de lo mismo, asegurando a su vez más y más puestos de trabajo).

Un conflicto recurrente a considerar en este afán de supervivencia y crecimiento, es por un lado, el sostenimiento de las carreras anteriores (acerca de las cuales en muchos casos hay un sincero convencimiento de su valor y en otros es solo la permanencia aunque tuvieran pocos alumnos o fuera visiblemente una propuesta obsoleta) y por el otro, la catarata de nuevas ofertas que ante el solo hecho de instalarse en un entorno que se dice universitario parece mágicamente contar con los recursos para llevarla a cabo (por la autarquía institucional).

Y aquí empieza a despuntar el siguiente problema: la oferta académica.

Ya que el objetivo primordial de las universidades es "formar científicos, profesionales y técnicos, que se caractericen por la solidez de su formación y por su compromiso con la sociedad de la que forman parte" como lo expresa el artículo 4, inciso A de la ley de Educación Superior, N° 24 521 (año 1995 y aún vigente) o, dicho de otro modo, la misión de una universidad es enseñar, investigar y compartir con la sociedad, la oferta académica es el corazón y el cerebro de toda institución universitaria.

Volvamos a los institutos no universitarios que se volvieron universitarios por decisión política (un gobierno de turno, una ley).

No todo puede ser convertido a una carrera de grado, no toda oferta puede ser una licenciatura y fundamentalmente, sobre la base de lo que esos institutos tenían para ofrecer, había que discutir cuál es el campo de incumbencia y qué demanda hay de su profesión (campo laboral) para el futuro de los egresados. En algunos ámbitos como el arte, eso se considera una herejía....

Un ejemplo concreto: ¿cuántos técnicos en escenografía e iluminación del espectáculo tienen posibilidades de encontrar trabajo o desarrollarse plenamente?

· Carrera no universitaria creada en el año 2005 como Tecnicatura Superior en Técnicas Teatrales,

· luego se actualizó en la Tecnicatura en Escenografía e Iluminación del Espectáculo

· y posteriormente se desdobló en dos carreras, en Tecnicatura Universitaria en Escenografía y en Tecnicatura Universitaria en Iluminación de Espectáculos

· que -además actualmente- sumó una licenciatura en Artes Escenotécnicas con orientación en Escenografía, orientación en Iluminación de Espectáculos, orientación en Sonido del Espectáculo, orientación en Caracterización y Vestuario Escénico.

¿Realmente son campos propios de una licenciatura?

¿Había que hacer tanta expansión de una carrera técnica?

Lo mismo sucedió con la evolución que atravesaron los viejos talleres tradicionales de oficio con la reforma de los planes de estudio del sistema de educación común y artística de la Provincia de Córdoba. Estos talleres tradicionales de oficios se reestructuraron como Trayectos Artísticos Profesionales (TAP) y fue a partir de allí cuando adquirieron carácter de carrera de nivel superior no universitario, exigiendo el secundario completo y surgieron tecnicaturas como, por ejemplo,

· Tecnicatura en Artes Visuales con orientación en Restauración y Encuadernación del Libro

· que cambió a Tecnicatura Universitaria en Encuadernación y Conservación de libros

· y que actualmente se articula con un Ciclo de complementación de Licenciatura en Diseño.

Hasta aquí -y apenas rastreando un poco de la evolución histórica de algunas propuestas- quiero expresar lo siguiente: son carreras valiosas y necesarias, que requieren capacidades específicas, de índole práctico que se enfocan en un nicho que tiene sus límites de demanda y, por lo tanto, hay que plantearse fundamentalmente adónde van a trabajar los egresados de esa carrera. Ese escenario hipotético pero predecible es necesario.

Lo que se vincula a la pregunta más incómoda de todas (pero indispensable): ¿el país necesita esas profesiones? ¿en qué medida, cuántos, dónde, para qué?

Ya que el problema nunca resuelto en estos casos es que se desconoce -o no se indaga lo suficiente- la recepción que las ofertas académicas tienen en la sociedad, lo que nos daría respuestas sobre la demanda, sobre las alternativas de formación más específicas, la preparación temprana para el mundo del trabajo, los convenios posibles con organismos públicos y privados que requieren esa formación para realizar experiencias introductorias como pasantías, etc.

Las universidades deberían tener muy en claro cuál es la demanda estimada de egresados de todas sus carreras, para establecer si deben incentivar algunas ofertas (por el déficit de profesionales) o deben discontinuar otras (por superávit de profesionales y entonces cerrar el primer año por un ciclo lectivo o más tiempo) porque el nicho es muy focalizado y con las cohortes en curso está suficientemente cubierto o porque está saturado.

Al contrario de ello, las universidades en general, no miran la realidad del futuro egresado, no miden demanda ni se interesan por el mundo laboral incurriendo en un solipsismo cerrado y centrado en sí mismas. Se miran a ellas mismas y protegen sus ofertas, desplegándolas más allá de las necesidades reales.

La sociedad también debería tener en claro esa demanda laboral futura, para estimular a los jóvenes a elegir carreras con mayor grado de empleabilidad o de desarrollo personal.

Se ha insistido muchísimo -durante décadas- en la orientación vocacional como si las elecciones de carrera dependieran solamente del futuro estudiante y de sus intereses, gustos, inclinaciones o talentos como las únicas condiciones prevalecientes.

Los padres a menudo comentan, eligió tal o cual carrera porque es lo que le gusta o le dijeron en la escuela (en un taller de orientación vocacional) que el test le dio inclinación para esas carreras...con la fragilidad que esa elección muchas veces supone...

Descuidando así, el otro vértice de este triángulo y el núcleo central del mismo:

Esto no es mercantilismo de la educación. Es sentido de realidad. Es cordura.

Veamos el caso de la UNA (Universidad de las Artes).

Nació en 1996 bajo el nombre de IUNA (Instituto Universitario Nacional del Arte). En aquel momento, el estado nacional decidió fusionar siete instituciones superiores de arte históricas de Buenos Aires:

· el Conservatorio Nacional Superior de Música "Carlos López Buchardo",

· la Escuela Nacional de Bellas Artes "Prilidiano Pueyrredón",

· la Escuela Superior de Bellas Artes de la Nación "Ernesto de la Cárcova",

· el Instituto Nacional Superior de Cerámica,

· la Escuela Nacional de Arte Dramático "Antonio Cunill Cabanellas",

· el Instituto Nacional Superior de Danzas

· y el Instituto Nacional Superior de Folklore,

Como todas pertenecían exclusivamente al campo del arte, la ley de Educación Superior obligaba a catalogarla como Instituto Universitario, dado su carácter monotemático.

Esto no es una excepción, muchas universidades del país iniciaron su recorrido teniendo como base institutos no universitarios pre existentes y a partir de allí crecieron.

¿Por qué cambió de instituto a universidad en 2014?

El cambio de nombre y estatus (aprobado por ley en noviembre de 2014[1]) no se debió a que la UNA empezara a dictar carreras de Medicina o Ingeniería para volverse pluridisciplinar. Fue una decisión político-académica de reparación histórica.

El argumento ideológico fue la jerarquización del Arte. Históricamente, las disciplinas artísticas fueron consideradas menores o meros oficios frente a las ciencias tradicionales, entonces la justificación fue que mantenerlo como instituto reforzaba la percepción cultural de que el arte no tiene el mismo rango científico o de investigación que una universidad.

Y la motivación fue la diversificación interna. Aunque todo gira en torno a las artes, la institución creció tanto que subdividió sus áreas en unidades muy disímiles entre sí (Artes Visuales, Artes Dramáticas, Crítica de Artes, Folclore, Artes Multimediales). Sus autoridades argumentaron que la complejidad del conocimiento artístico actual y sus cruces tecnológicos justificaban el estatus de Universidad y crecieron exponencialmente en cantidad de oferta académica...

Actualmente la UNA dicta las siguientes carreras[2]:

· Artes Audiovisuales

Pregrado:

Asistente de Realización

Asistente de Iluminación y Cámara

Asistente de Producción

Asistente de Sonido

Grado:

Licenciatura en Artes Audiovisuales (con orientaciones en: Animación, Audiovisión, Guion, Iluminación y Cámara, Montaje, Producción, o Realización)

· Artes Dramáticas

Grado:

Licenciatura en Actuación

Licenciatura en Dirección Escénica

Licenciatura en Diseño de Iluminación de Espectáculos

· Artes del Movimiento

Pregrado:

Tecnicatura en Interpretación en Danza

Grado:

Licenciatura en Composición Coreográfica (con menciones en: Danza, Danza-Teatro, Comedia Musical, o Expresión Corporal)

· Artes Musicales y Sonoras

Pregrado:

Instrumentista Orquestal

Tecnicatura en Canto Coral

Tecnicatura en Composición de Arreglos Musicales

Grado:

Licenciatura en Artes Musicales (con orientaciones en: Composición, Dirección Coral, o Dirección Orquestal)

Licenciatura en Música (con orientaciones en: Instrumento, o Canto)

Licenciatura en Composición con Medios Electroacústicos

· Artes Visuales

Pregrado:

Técnico en Cerámica

Técnico en Conservación, Restauración de Bienes Culturales

Grado:

Licenciatura en Artes Visuales (con orientaciones en: Dibujo, Pintura, Escultura, Grabado y Arte Impreso, Digitalización de Imágenes, o Artes del Fuego)

Licenciatura en Conservación-Restauración de Bienes Culturales

Licenciatura en Escenografía

· Folklore

Pregrado:

Intérprete de Danzas Folklóricas y Tango

Intérprete de Instrumentos Criollos

Intérprete de Tango

Grado:

Licenciatura en Folklore (con menciones en: Danzas Folklóricas y Tango, Instrumentos Criollos, Culturas Tradicionales, o Tango)

Licenciatura en Artes y Pensamiento Latinoamericano

· Crítica de Artes

Grado:

Licenciatura en Crítica de Artes

Licenciatura en Curaduría en Artes

Licenciatura en Artes de la Escritura

· Artes Multimediales

Grado:

Licenciatura en Artes Multimediales

· Formación Docente (Educación en Artes)

Grado (Profesorados de 5 años de duración):

Profesorado de Artes en Artes Visuales (con orientaciones en Dibujo, Pintura, Escultura, Grabado y Arte Impreso, Digitalización de Imágenes, o Cerámica)

Profesorado de Artes en Danza (con orientaciones en Danza o en Expresión Corporal)

Profesorado de Artes en Danza con orientación en Folklore

Profesorado de Artes en Música con orientación en Folklore

Profesorado de Artes en Música

Profesorado de Artes en Teatro (con orientaciones en Actuación o en Dirección Escénica)

Profesorado de Artes Musicales (con orientaciones en: Composición, Composición con Medios Electroacústicos, Dirección Coral, Dirección Orquestal, Instrumento, o Canto)

Hay muchos ejemplos en esta lista para analizar sobre la formulación de carreras que deberían ser revisadas o convertidas en otra oferta. La superposición, la hiperespecialización e hiperfragmentación que comentamos en el La sábana corta de las universidades argentinas está patentizada en las ofertas de la UNA.

Sin embargo, fueron aprobadas por el organismo nacional responsable...así como la ley que convirtió en universidad a un instituto para que a su vez se multiplicara y diversificara de manera excesiva, fue aprobada sin inconvenientes ni obstáculos de ningún sector...y recordemos que entre todos los argentinos sostenemos el esfuerzo de financiar esta institución, así como las restantes en todo el país.

La UNA tiene un promedio neto general de la institución que se ubica en apenas 1,6 materias aprobadas por año por alumno, aunque posee una de las ratios más bajas del sistema, promediando aproximadamente 1 docente cada 7 u 8 alumnos que podría asegurar un seguimiento del desempeño académico mucho mayor que las carreras supernumerarias y registra la tasa más baja de todo el país en la relación egresados/ingresantes, con un porcentaje crítico de apenas el 2,1%.

Traducido:

· eran institutos terciarios no universitarios de Arte, se los convirtió primero en un instituto universitario y luego en una universidad por lo que se ramificó en una cantidad excesiva de ofertas gracias a ello,

· tiene un promedio de desempeño académico bajísimo ya que sus estudiantes en promedio solamente aprueban 1,6 materias por año (tardan años y años en recibirse...unos pocos)

· a pesar de que tienen muchísimos docentes en relación a los estudiantes, 1 docente cada 7-8 alumnos

· y no se recibe casi nadie, solamente un 2,1 %.

Habría que poner la lupa sobre cada carrera, establecer con certeza cuántos estudiantes tiene, analizar las tasas anteriormente mencionadas (desempeño estudiantil, ratio docente-alumnos, ingreso-egreso) carrera por carrera y además investigar si esas carreras tienen demanda, dónde, cuánta, para qué (se necesita un licenciado en Crítica de Artes o un licenciado en Artes y pensamiento latinoamericano, por ejemplo). Seguramente es una universidad que nos resulta muy costosa en vistas de los resultados, pero también es importante saber si es necesaria y cómo ordenar esa necesidad en base a las posibilidades de inserción laboral de sus egresados.

Si no, seguimos financiando errores políticos y silencios cobardes de una sociedad que no se decide a tener una educación superior que acompañe un proyecto de desarrollo de país.

Último dato que abordaremos en el próximo texto:

De la Síntesis de Información de Estadísticas Universitarias [3] (particularmente los anuarios consolidados de los períodos 2022-2023 y el informe 2023-2024) que recopila la información que todas las instituciones públicas y privadas cargan anualmente a través del sistema Araucano (el registro nominal de alumnos y egresados) y de la Guía de Carreras Universitarias del SIU [4], que es la base de datos viva donde el Ministerio computa cada plan de estudios con validez nacional vigente, clasificado por Rama de Conocimiento se puede obtener el siguiente porcentaje:

· 35% [1] La ley que designó y transformó formalmente al antiguo Instituto Universitario Nacional del Arte (IUNA) en universidad fue la Ley N° 26.997.

[2] https://una.edu.ar/carreras

[3] https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/sintesis_anuario_2023-2024.pdf

[4] https://guiadecarreras.siu.edu.ar/

Referencia de nota:  Ley de Educación Superior en el año 2015: artículo 4º - Sustitúyese el artículo 7º de la ley 24.521, por el siguiente: Artículo 7º: Todas las personas que aprueben la educación secundaria pueden ingresar de manera libre e irrestricta a la enseñanza de grado en el nivel de educación superior. Excepcionalmente, los mayores de veinticinco (25) años que no reúnan esa condición, podrán ingresar siempre que demuestren, a través de las evaluaciones que las provincias, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires o las universidades en su caso establezcan, que tienen preparación o experiencia laboral acorde con los estudios que se proponen iniciar, así como aptitudes y conocimientos suficientes para cursarlos satisfactoriamente.

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