70 milímetros en 60 minutos: las claves de la tormenta histórica que puso en jaque a Mendoza
Con una intensidad de 4 mm por minuto, el fenómeno duplicó los registros de 2025 y marcó un récord en tres décadas. La combinación de humedad extrema, el "efecto pared" de la cordillera y el cambio climático explican por qué el cielo descargó ayer una furia sin precedentes sobre la provincia.
Mendoza todavía intenta recuperar el aliento tras el fenómeno meteorológico del pasado viernes 30 de enero. Lo que comenzó como una tarde agobiante terminó convirtiéndose en una de las tormentas más feroces de las últimas tres décadas. Pero, ¿por qué los expertos coinciden en que lo vivido ayer fue algo fuera de lo común? La respuesta combina una intensidad de lluvia sin precedentes con una "tormenta perfecta" de factores geográficos y climáticos.
La clave de la inusual violencia de esta tormenta no estuvo solo en el acumulado total -que superó los 70 mm en el Gran Mendoza- sino en su intensidad. Según datos del Instituto Nacional del Agua (INA), el sistema descargó agua a un ritmo de 4 mm por minuto. Para ponerlo en perspectiva: una lluvia considerada "severa" suele registrar la mitad de esa cifra. Fue, literalmente, un océano cayendo sobre la ciudad en menos de una hora.
¿Por qué ocurren estos "monstruos" de agua y granizo?
Para entender la magnitud de lo ocurrido, hay que mirar hacia la Cordillera. Mendoza es un laboratorio natural donde se combinan tres elementos explosivos:
El "Efecto Pared" de los Andes: La montaña actúa como una barrera física. Cuando el aire cálido y húmedo que llega desde el Atlántico choca contra la cordillera, se ve obligado a subir bruscamente. Al enfriarse de golpe, se forman nubes de gran desarrollo vertical (cumulonimbos), capaces de generar estas superceldas rotatorias que descargan con una violencia inusitada.
Exceso de "combustible" atmosférico: Tras años de sequía marcados por "La Niña", este enero de 2026 ha mostrado una atmósfera cargada de humedad. Más calor y más humedad equivalen a más energía. Cuando esa energía se libera, el resultado no es una lluvia mansa, sino una descarga explosiva de agua y granizo.
La huella del Cambio Climático: Los científicos locales advierten una tendencia clara: tormentas cada vez menos frecuentes pero mucho más intensas. El calentamiento global potencia las corrientes ascendentes dentro de las nubes, lo que permite que el agua se acumule en volúmenes masivos antes de desplomarse sobre la superficie.
Un enero que desafía las estadísticas
Si comparamos este escenario con el de enero de 2025, el contraste es alarmante. El año pasado, durante el mismo mes, los registros acumulados rondaron los 35-40 mm en eventos aislados, cifras que se consideran dentro de la "normalidad" para la región. Sin embargo, solo en la tarde de ayer, Mendoza recibió casi el doble de lo que llovió en todo aquel enero, consolidando a este 2026 como uno de los años más húmedos de la historia reciente.
Las consecuencias materiales hablan por sí solas. El desborde del canal Cacique Guaymallén y del Zanjón de los Ciruelos transformó las avenidas en ríos, afectando viviendas y comercios. En Tupungato, la fuerza del agua obligó al rescate de personas, mientras que en el Este, el granizo golpeó con dureza los cultivos de Nueva California.
Tras el paso de la alerta roja, el tiempo parece darnos una tregua este sábado, con lluvias ligeras y una máxima de 22°C. No obstante, Mendoza ha dejado una lección clara: en tiempos de extremos climáticos, lo "inusual" está pasando a ser nuestra nueva y desafiante normalidad.