90 años de historia vendimial: pasado, presente y futuro de Mendoza
De los patios de las bodegas al Teatro Griego Frank Romero Day, la fiesta que nació del trabajo de los viñateros se transformó en el gran símbolo cultural y turístico de Mendoza ante el mundo.
Mendoza no solo cosecha uvas; cosecha historias, legados y una identidad que se ha forjado bajo el sol y frente a la adversidad del clima. Estamos asistiendo a los 90 años de la Fiesta Nacional de la Vendimia, nos sumergimos en un relato cronológico de esta verdadera "epopeya" que ha transformado el fin de la cosecha en una de las festividades populares destacadas del planeta.
Aunque la esencia del festejo nació en las hileras, en las enramadas, en los patios y luego en los patios de las bodegas con los inmigrantes, el primer antecedente formal se remonta al 11 de abril de 1913 en el marco del Congreso Nacional de la Industria y el Comercio que se realizó en Mendoza, que finalizó con un desfile de vendimiadores y carrozas que marcaron el inicio de un sueño.
Años después el 18 de abril de 1936 cuando el gobernador Guillermo Cano y su ministro Frank Romero Day institucionalizaron, por decreto, la primera Fiesta de la Vendimia. Aquella noche inaugural, ante 25.000 personas, según las crónicas, Delia Larrive Escudero se convirtió en la primera soberana, dando inicio a una mística que aún hoy nos emociona. Con el correr de los años siguientes comenzó la institucionalización de los actos que hoy integran el cronograma vendimial. Así en 1937, un año después de la primera fiesta, se inició el Corso de los Carros alegóricos o festivos, hoy Carrusel, en que los departamentos comenzaron a mostrar el esfuerzo de las familias vendimiadoras y el festejo de fin de cosecha, en los primeros años desfilaban dentro del Parque General San Martín, para luego a partir de 1939 comenzar su derrotero por las calles de la ciudad.
En 1938 comenzó la Bendición de los Frutos, a partir de 1940 comenzó la tradicional Vía Blanca de las Reinas. Capítulo aparte merece la Marcha de la Vendimia "Canto a Mendoza". Desde la institucionalización de la fiesta en 1936, se sucedieron diversos concursos para encontrar una melodía que acompañara la celebración, pero fue en 1946 cuando se entonó por primera vez el "Canto a Mendoza", obra de Egidio Pittaluga y los hermanos Pelay. Lo que comenzó con un coro de 200 voces se transformó, gracias a la profunda aceptación popular, en la canción oficial de la fiesta a partir de 1954, impregnando de emoción y alegría el repaso por cada departamento de nuestra bella provincia. Si bien la primera grabación se inmortalizó en la voz de Hugo del Carril, la versión que hoy nos eriza la piel en cada teatro griego es la grabada en los estudios Odeón por la orquesta de Francisco Canaro junto a Alberto Arenas. A lo largo de los años, este himno ha adoptado versiones corales, líricas y hasta urbanas, consolidándose como el latido de un pueblo que celebra su historia en cada nota.
Tras pasar por diversos escenarios: flotantes en el Lago del Parque, calles y rotondas, en 1963 la fiesta encontró su hogar definitivo: el Teatro Griego Frank Romero Day. Este escenario único permitió la expansión hacia los cerros con espectáculos de luz y sonido, transformando el Acto Central en una obra de arte total donde guionistas, poetas y miles de artistas recrean cada año la historia de nuestra gente. Con un impacto mundial que hace vibrar a propios y extraños cada año, en una de las fiestas con mayor número de artistas en escena, producción, guión, música y un sin número de expresiones que se suman año a año y que la han vuelto única en el mundo.
Hoy, la Fiesta Nacional de la Vendimia es uno de los motores de la Marca Mendoza a nivel global. Lo que comenzó como el rescate de tradiciones ancestrales y el agradecimiento por los frutos de la tierra es ahora la vidriera de una industria emblema de Mendoza y una actividad que atrae a más de un millón y medio de visitantes anuales. Esta evolución refleja una Mendoza que supo transformase e innovar y mantenerse en el calendario de la gastronomía, el enoturismo, y el turismo natural y cultural mundial, con presencia en muchos países como una de las capitales internacionales del vino, pero que mantiene su epicentro en la tierra cuyana que acunó la libertad, donde el agua, la vid y la vida se funden en un brindis eterno.
Celebrar estos 90 años de Vendimia es honrar el sacrificio de quienes nos precedieron y la visión de quienes convirtieron el trabajo y el esfuerzo en una impronta no sólo productiva y económica sino cultural. Es, en definitiva, celebrar que Mendoza brilla bajo las estrellas en tiempos de vendimia, orgullosa de su historia y lista para seguir contando al mundo su maravillosa verdad, es también una forma de transmitir lo mejor de nosotros a las nuevas generaciones. Porque como siempre decimos nada mejor que un buen vino para contar una buena historia, por todo ello Salud y a disfrutar Mendoza en Vendimia.