Nacimiento de Beltrán
Edición especial de verano, la novela Bonarda y Malarda, en su Capítulo XLIII de Marcela Muñoz Pan, todos los capítulos los pueden encontrar en Memo.
En la habitación de la planta alta de la finca, Emilia sintió la primera contracción. No fue un dolor agudo, sino un tirón profundo, como si la raíz de su propio cuerpo estuviera buscando el agua bajo los aljibes. Bonarda, que dormía con el sueño ligero de quien custodia un tesoro, abrió los ojos antes de que Bautista llegara a su puerta. No necesitó palabras. Se calzó las pantuflas, se echó sobre los hombros la manta de colores tenues que aún no terminaba de tejer, y bajó las escaleras, puso el agua a hervir imaginando que pronto partirían al Hospital Regional del este. Malbeca por suerte esa noche se habían quedado en el Barrio Las Bonardas junto a su esposo José y las trillizas.
Esa calma de la noche en el Barrio Las Bonardas se quebró con el sonido de los motores. No era una urgencia de sirenas, sino esa "movida de parto" que en Mendoza Este tiene su propio ritmo, uno de solidaridad y de familia extendida. Bautista con esa intuición que le corría por las venas como un varietal añejo, ya tenía las llaves de la camioneta en la mano antes de que el teléfono terminara de sonar. Mientras tanto, en la cocina de la finca, el vapor del agua que Bonarda había puesto a hervir empañaba los vidrios. No era para el parto en sí, pues el Hospital los esperaba con su pulcritud de centro regional, sino para el mate amargo que templaría los nervios de Bautista antes de salir a la ruta.
Al llegar al edificio del hospital, Bautista bajó del auto cargando el bolso de Emilia, con esa mezcla de torpeza y ternura de quien lleva un milagro entre las manos. Emilia, sostenida por su madre, caminaba despacio. Cada contracción era un recordatorio de que la tierra reclama su tiempo. Tranquila, hija, susurró su madre, respira, respira tres veces. Beltrán sabe que lo esperan manos buenas si era niño, si era niña Betina. El nombre Beltrán es de origen germánico y significa "cuervo brillante o cuervo ilustre", deriva de los vocablos berht (brillante, famoso, ilustre) y hramn (cuervo). Históricamente, simboliza sabiduría e inteligencia, al estar asociado a la figura mitológica del cuervo en la cultura germánica y nórdica, más que nada este nombre lo eligió Emilia en honor a sus abuelos germanos, que también llegaron al este. Bernada o Bernardita si era niña, El nombre Bernarda también tiene un origen germánico y es la forma femenina de Bernardo. Se compone de los elementos ber ("oso") y hard (fuerte o valiente), traduciéndose frecuentemente como "la que es fuerte como un oso" o "guerrera valiente".
En la sala de espera, el tiempo se volvió elástico. Bonarda y Malbeca se sentaron una al lado de la otra. Bonarda no soltaba su tejido a medio terminar; sus agujas seguían moviéndose, constantes, rítmicas, como el corazón de Beltrán o Bernardita que, a pocos metros, se abría paso al mundo.
De pronto, el silencio del pasillo fue rasgado por un llanto potente, un grito que parecía traer toda la fuerza de los canales y la resistencia de los viejos viñedos. Un enfermero asomó la cabeza con una sonrisa que ya conocía de memoria, el neonatólogo, un viejo amigo de Alicia y Aldo, era de Junín, sabían los abuelos que también lo recibirían con todos los cuidados y al unísono gritan desde la puerta de la sala de parto:
¡Es un varón!
Bautista salió poco después, con el rostro desencajado por la emoción, incapaz de articular palabra. Bonarda se levantó, dejó el tejido en el asiento y abrazó a su nieto. En ese abrazo, se pasaron la posta: de la bisabuela que custodia la tierra, al padre que ahora deberá enseñar al hijo a caminar sobre ella.
Así fue que un 11 de febrero de 1960 nace Beltrán.