Comprendiendo textos
Cuando éramos pequeños y, luego, en nuestra época de estudiantes secundarios e incluso universitarios, un elemento obligado de trabajo, en cualquier asignatura, era el diccionario.
Actualmente, este valioso elemento de trabajo es el gran ausente, tanto en el aula, como en la biblioteca personal. Por lo que puede inferirse a través de la caracterización del perfil estudiantil de hoy, una característica negativa de los educandos lo constituye la falta de comprensión lectora. Y es precisamente en ese ámbito donde se hace imprescindible el buen uso del diccionario. Antes, en la mayoría de las casas, había algún ejemplar de diccionario, que permitía averiguar significados y grafía correcta de los términos. Pues, en este momento, ese libro es, como dije, el gran ausente y no toda la comunidad educativa sabe cómo sustituir esa enorme ausencia.
Lo ejemplifico con el uso de un vocablo polisémico como el adjetivo 'agudo'. ¿Qué quiere decir este término si digo, por ejemplo, "inteligencia aguda", "voz aguda", "palabra aguda", "crisis aguda", "dolor agudo"? ¿Puedo usar para cada caso el mismo sinónimo? ¿La inteligencia artificial sustituye al diccionario?
Voy a empezar respondiendo este último interrogante: efectivamente, si yo le pregunto a la IA por el valor del término, ella me responde de inmediato con todas las acepciones de la palabra y me señala en qué ámbito se usa. Entonces, para nuestros ejemplos, me va a indicar que 'inteligencia aguda' es igual a "inteligencia sagaz u ocurrente" ya que el adjetivo se circunscribe a la esfera de la mente o del ingenio.
Si tomo la expresión 'voz aguda', me remitirá a la esfera musical y al ámbito de los sonidos: sabré que se trata de una voz clara, viva, como la de un niño o la de una soprano. En cuanto a 'palabra aguda', será la que posee como sílaba tónica la última: " 'Camión', 'roedor',' antifaz' son palabras agudas".
Hablamos de una 'crisis aguda' cuando ella ha entrado en una fase de extrema intensidad; se trata de una crisis severa: "La internaron porque registró una crisis aguda en su proceso depresivo".
Y si el dolor es agudo, estamos hablando de un dolor penetrante: "Se asustó por un dolor agudo en su costado izquierdo".
¿Qué ha resultado productivo en esta búsqueda a través de la IA? En primer lugar, el hecho de haber ordenado los ámbitos en que puede aplicarse el vocablo y su acepción respectiva, con ejemplos claros y concretos. Y, por otro lado, resulta muy esclarecedora la conclusión: "En resumen, ‘agudo' es un adjetivo muy versátil que abarca desde lo físico y médico hasta lo intelectual y gramatical, siempre con una connotación de intensidad, precisión o finura".
Para verificar la capacidad de inferencia del lector, le solicitamos que forme la familia léxica de ‘agudo'; nuevamente, la IA dirá que pertenecen a la familia de 'agudo' el sustantivo 'agudeza' y el verbo 'agudizar': del primero nos llama la atención su significado como "perspicacia" que puede ser tanto de la vista, oído u olfato como del ingenio: "Admiro la agudeza de la vista del lince". "En esa clase, hay dos chicos que se destacan por la agudeza de su talento". En lo que respecta a 'agudizar', se explica como "agravarse": "Se han agudizado los efectos de la pandemia".
Si no recurriera a la IA, solución rápida y favorita tanto para estudiantes como para adultos que no pertenecen a la cultura del esfuerzo, podría recurrir a otro camino: buscar en la página de la Real Academia Española (rae.es); una vez allí, se me despliega un menú de diccionarios (el de la lengua española, el Panhispánico de dudas, el Panhispánico del español jurídico, el Histórico de la lengua española y el de americanismos). Elijo el primero y pongo en el buscador el término cuyo significado deseo averiguar. Entonces, arribaré a una solución prácticamente igual a la que me brindó la IA, sobre todo porque ella se basa en la solución académica, que constituye su fuente de información. La diferencia está en que, para cada caso, la Real Academia me da sinónimos y, en varias de las acepciones, incluye también antónimos. Además, se incluyen expresiones acuñadas en la lengua española, con sus respectivas definiciones, de modo de guiar al usuario en determinadas búsquedas: ‘acento agudo', ‘ángulo agudo', ‘octava aguda', ‘octavilla aguda' y ‘poliomielitis aguda'.
Si voy al resto de los diccionarios consignados, encuentro que el Panhispánico de dudas, el Histórico y el de Americanismos no registran valores significativos para el término, pero sí, en cambio, el Panhispánico del español jurídico, que registra la forma ‘intensidad aguda'. De ella, averiguamos que en la esfera ambiental, la frase indica un "nivel de intensidad que representa efectos adversos claros y a corto plazo sobre el receptor, con consecuencias evidentes sobre los ecosistemas y sus hábitats y especies".
¿Era necesario realizar este trabajo? Quizás, no; pero, indudablemente, se conecta la lengua con todas las esferas de la actividad humana y no se circunscribe, exclusivamente, a lo puramente lingüístico. Se amplía la llamada "enciclopedia del mundo".
Existe otro problema relacionado con la comprensión lectora y que emana de la pobreza de vocabulario: hace casi veinte años, se publicó en La Nación el artículo "Lamentó Barcia la pobreza del idioma entre los jóvenes", a cargo de Jorge Rouillon; allí, el doctor Barcia, que fuera Presidente de la Academia Argentina de Letras y de la Academia Nacional de Educación, lamentó la vulgaridad y la pobreza de vocabulario en la radio y la televisión cuando la mitad de los jóvenes estaba debajo de la línea de pobreza lingüística, se manejaba con solo 600 palabras y se iba sumiendo en la incapacidad de expresarse con claridad en la vida social.
En mi obra Sé qué, pero no cómo, volumen 2, en el capítulo "La riqueza se vuelve pobreza", advierto sobre un problema vigente desde hace mucho entre los estudiantes y, en general, entre los usuarios con nivel medio de cultura. Decía así: "Nuestro idioma, como las otras lenguas modernas, posee infinidad de términos que, a lo largo del tiempo, se fueron cargando de acepciones y enriquecieron, así, su carga semántica. Esta virtud, la de la riqueza, pertenece a las palabras, pero no al usuario de ellas quien debe tratar de no caer en la pobreza de utilizar siempre esos vocablos, para cubrir situaciones diversas. En efecto, un consejo para el escritor inexperto radica en evitar el abuso de esos ‘'comodines'' que posee la lengua y en buscar en su repertorio léxico términos más precisos que den cuenta de su propia riqueza de vocabulario. A mis alumnos siempre les he aconsejado "sacar las telarañas de la mente", no ser cómodos y buscar permanentemente mejores maneras de expresarse.
El ejemplo más sencillo de esta enorme falta de vocabulario preciso lo daré a través del término 'cosa', comodín que parece disponible para llenar cualquier espacio. Veamos algunos claros ejemplos: "Aclaremos las cosas". "La cosa está que arde". "Antes de morir, dejó sus cosas ordenadas". "Es cosa del otro jueves". "Es poca cosa". "A otra cosa, mariposa". "Se fue como si tal cosa". "¿Qué cosa?".
Recurramos a nuestro propio diccionario interno y suplantemos 'cosa' por un término más adecuado. Digamos y sustituyamos, entonces, "Pongamos en claro los asuntos". En el segundo caso, "Está muy difícil la situación". Continuemos diciendo "Antes de morir, ordenó los temas pendientes".
Para sustituir "Es cosa del otro jueves", podremos decir coloquialmente "No es más que un hecho extraordinario" o "Es algo que pasó hace mucho tiempo".
Con respecto a 'poca cosa', si se refiere a un animal o a una persona, puede indicar su poca corpulencia: "Tiene escaso volumen"; también, se dice de algo que tiene poca importancia: "Es intrascendente". El valor de la expresión coloquial de la mariposa, equivale a decir "Dediquémonos a otro tema".
Y si alguien se va "como si tal cosa", significará que lo hace sin concederle ninguna importancia: "Se fue como si nada hubiera pasado".
Por fin, preguntar "¿qué cosa?" es igual a decir "¿qué sucede?".
Entonces, en relación con la comprensión de un texto, arribamos a dos conclusiones: es preciso rescatar el diccionario, elemento precioso, y en consonancia con ello, buscar la justeza de cada término, valorado en su contexto.
Acaricio mentalmente las palabras de Neruda en su "Oda al diccionario": "Diccionario, no eres/ tumba, sepulcro, féretro,/ túmulo, mausoleo,/ sino preservación, / fuego escondido,/ plantación de rubíes, / perpetuidad viviente / de la esencia,/ granero del idioma".