Del portal al martes 13: El derecho a no mentirnos más

Lo incisivo de los portales que se abrirán todo el tiempo en el 2026 no son la apertura de puertas estelares, sino el espejo que nos pone delante.

Marcela Muñoz Pan

El universo hoy no es un cajero automático de deseos, sino un auditor implacable que pregunta: ¿de verdad vas a empezar de cero o solo vas a cambiarle el collar al mismo perro de tus inseguridades? El 1 nos empuja a la acción, pero el 2 nos recuerda la dualidad, esa parálisis por análisis donde planeamos la vida perfecta en la mente mientras procrastinamos hasta el acto de respirar conscientemente y el 3 ya son multitud.

Son días de intensidad sospechosa. Se siente en el aire esa presión por "vibrar alto", una exigencia moderna que se ha vuelto el nuevo estándar de productividad espiritual y vende humo. Sin embargo, el verdadero portal de hoy es el de la honestidad brutal. Manifestar no es repetir mantras frente a una vela de vainilla, es admitir que el mayor obstáculo para ese nuevo ciclo no es el karma, ni el mercurio retrógrado, sino esa zona de confort que ya tiene la forma de nuestro cuerpo.

Quizás el salto cuántico de este 13 de enero no consista en levitar sobre los problemas, sino en tener la decencia de no mentirnos más. Si el 2026 es el año de la semilla, hoy es el día de preguntarse si lo que tenemos en la mano es realmente un sueño o simplemente las cenizas de lo que no nos animamos a soltar el año pasado. El portal está abierto, sí, pero lo que pase a través de él depende de si estás dispuesto a dejar tu equipaje pesado en la puerta o si vas a intentar cruzar al futuro arrastrando el mismo pasado de siempre, solo que con un filtro de luz más brillante.

Ahora, el lunes 12 nos lleva al martes 13, ese día tan temido por representación perfecta de nuestra esquizofrenia espiritual. El 12 es el portal de la geometría sagrada, de los doce apóstoles, los doce meses y las doce casas del zodiaco, es el número que intenta cerrar el círculo y darnos una estructura perfecta. Pero el 13 es el invitado que sobra, el que rompe la armonía y nos recuerda que, por más que intentemos controlar el destino con rituales y sahumerios, el caos siempre tiene la última palabra.

El sistema de hoy nos vende que somos arquitectos de nuestra realidad, pero el 13 de mañana se ríe de nuestros planos. Que, si te cruza un gato negro, que, si pasas debajo de la escalera, es una transición necesaria: del idealismo del portal al realismo del miedo. Al final, la verdadera maestría no es manifestar bajo una luz perfecta, sino mantener el "salto cuántico" incluso cuando el calendario nos advierte que no nos casemos ni nos embarquemos.

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