Día de los Santos Inocentes
Entre la tragedia bíblica y la picaresca popular.
Cada 28 de diciembre, el mundo hispanohablante vive una jornada de contrastes. Mientras el calendario litúrgico recuerda un episodio sombrío de la Judea del siglo I, las calles y redes sociales se inundan de bromas, noticias falsas y la clásica advertencia: "Inocente palomita que te dejaste engañar". Es increíble que un evento tan trágico se haya transformado en un día marcado por el humor, o cómo hacerle un chiste para ver si cae ese compañero de trabajo, esa amiga más inocentona, confieso que he caído varias veces los 28 de diciembre.
Esta transformación se dio durante la Edad Media, cuando la celebración se fusionó con ritos paganos como "La Fiesta de los Locos", donde todo tipo de comportamiento estaba permitido antes de fin de año. Y es que, admitámoslo es el único día del año en que nos convertimos en detectives de sillón, analizando cada mensaje de WhatsApp sospechando de todos los contactos, analizando cada palabra con exhaustivo ojo clínico para ver si caímos en la trampa. Y cuando leemos en los diarios que "el café será gratis por decreto" o ese mensaje de tu ex que te dice que te extraña, mientras repetimos mentalmente: conmigo no, Herodes.
Vaya día el de hoy tan bizarro donde la desconfianza se hace su festín, la meta no es ser un erudito sino simplemente no terminar el día siendo la "palomita" oficial de la oficina, ese que prestó el cargador o el embarazo falso. Ser esa palomita del año no es más que el impuesto que pagamos por no vivir con el corazón blindado, un breve recordatorio de que, entre tanta noticia falsa y tantos Herodes modernos, todavía conservamos la bendita capacidad de asombro. El Día de los Inocentes es, en última instancia, una muestra de la capacidad de nuestra cultura para resignificar la historia. Lo que comenzó como un recordatorio del abuso de poder y la vulnerabilidad de la infancia, se ha convertido en una válvula de escape social para el ingenio y la risa colectiva, que tanto nos hace falta.
Finalizando sí les tengo una noticia de último momento: Arqueólogos en Jerusalén acaban de hallar un papiro que cambia la historia de la Navidad. Según el Instituto de Estudios Orientales, el censo de Quirino no fue en diciembre, sino en agosto, lo que significa que el calendario litúrgico se movería cuatro meses. Las autoridades eclesiásticas están evaluando cómo sumar más fieles para recaudar más, también adelantar las liquidaciones de invierno, preparar las ojotas porque el pesebre se muda a las playas de Chile que son más baratas.