El abismo del Mar de China revela los tesoros perdidos de la legendaria Dinastía Ming

El hallazgo de dos naves sumergidas a 1.500 metros de profundidad permite reconstruir, por primera vez, el mapa completo de los intercambios comerciales que unieron al mundo hace medio milenio.

El suelo del Mar de China Meridional acaba de abrir una ventana fascinante hacia el pasado. A una profundidad donde la presión es extrema y la luz no llega, un grupo de arqueólogos ha logrado un hito histórico: rescatar cientos de reliquias de dos barcos hundidos que datan de la Dinastía Ming. Este descubrimiento no es solo un tesoro de porcelanas y objetos antiguos; es una pieza clave para entender cómo funcionaba la globalización mucho antes de que se inventara el término.

El hallazgo tuvo lugar cerca de la isla de Hainan y lo que más ha sorprendido a los investigadores es la naturaleza complementaria de las dos embarcaciones. A diferencia de otros descubrimientos, estos barcos, que descansan a pocos kilómetros de distancia, parecen contar las dos caras de una misma moneda.

En los restos del primer naufragio, los científicos recuperaron casi 900 artefactos, principalmente porcelanas finas provenientes de los famosos hornos de Jingdezhen. Este barco era, esencialmente, una embajada flotante del lujo chino que se dirigía hacia puertos extranjeros. 

El abismo del Mar de China revela los tesoros perdidos de la legendaria Dinastía Ming

Por el contrario, los restos de la segunda nave revelaron un cargamento de maderas exóticas, conchas marinas y astas de ciervo, lo que indica que se trataba de un barco cargado de materias primas que regresaba a China desde regiones distantes de Asia.

Este flujo de ida y vuelta demuestra que la Ruta de la Seda Marítima era un sistema de intercambio sofisticado y vibrante. No se trataba de viajes aislados, sino de una red logística organizada donde los productos manufacturados salían de China mientras los recursos naturales de otros países alimentaban su economía.

A pesar de haber pasado más de cinco siglos bajo el agua, el estado de conservación de las piezas y la tecnología utilizada para extraerlas a 1.500 metros bajo el nivel del mar marcan un antes y un después en la arqueología moderna. Hoy, gracias a estas naves perdidas, los secretos de una de las rutas comerciales más importantes de la antigüedad finalmente han vuelto a salir a la superficie.

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