¿Somos menos inteligentes que antes? La alarma global por el retroceso cognitivo
Estudios internacionales advierten que la Generación Z registra puntajes de CI inferiores a los de sus antecesores. Expertos señalan el impacto de las pantallas en la educación y algunos países ya ensayan un regreso a métodos tradicionales.
Durante más de un siglo, la humanidad sostuvo la idea de un progreso intelectual constante. Cada cohorte parecía superar a la anterior en pruebas de razonamiento, memoria y comprensión. Pero esa línea ascendente habría llegado a su fin: investigaciones recientes indican que, por primera vez, una generación obtiene resultados más bajos que la que la precedió.
La advertencia dejó de ser una impresión subjetiva para convertirse en un debate académico y político. En enero de 2026, el neurocientífico cognitivo Jared Cooney Horvath -especialista en aprendizaje humano- expuso ante el Senado estadounidense datos que confirman el quiebre de una tendencia histórica. Lo que durante décadas impulsó mejoras sostenidas en las capacidades cognitivas ahora muestra signos de agotamiento, con consecuencias directas para los sistemas educativos.
Un fenómeno que cruza fronteras
Lejos de limitarse a un solo país, el descenso aparece en más de 80 naciones. Los indicadores clásicos -coeficiente intelectual, comprensión lectora, habilidades matemáticas y resolución de problemas- exhiben retrocesos persistentes.
Europa encendió varias de las primeras alarmas. Estudios del Centro Ragnar Frisch, en Noruega, detectaron que quienes nacieron después de 1975 presentan puntajes menores que generaciones previas. Tendencias similares se observaron en Finlandia, Dinamarca, Reino Unido, Francia y Países Bajos, todos referentes históricos en educación.
Las proyecciones globales tampoco resultan alentadoras: el promedio mundial de CI, que rondaba los 91 puntos en 1950 y cayó a cerca de 89 en el año 2000, habría descendido a 87,8 en 2025 y podría ubicarse en torno a 86,3 hacia 2050.
En América Latina, el panorama es dispar. Uruguay se mantiene entre los valores más altos del Cono Sur, con alrededor de 96 puntos, mientras que Argentina se ubica cerca de 93 y Chile en torno a 90. Más abajo aparecen México y Colombia, con promedios inferiores a 88 y 84 respectivamente.
Pantallas bajo la lupa
¿Cómo puede retroceder el rendimiento cognitivo en una época de acceso ilimitado a la información? Para Horvath y otros especialistas, la explicación es clara: el cerebro no funciona como un buscador digital.
El investigador apunta a la incorporación masiva de dispositivos en las aulas desde comienzos de la década pasada. La paradoja es que la tecnología diseñada para ampliar horizontes habría terminado debilitando la atención sostenida y el aprendizaje profundo.
El consumo acelerado de contenidos breves, videos y gráficos reemplazó -en muchos casos- a la lectura prolongada y al análisis crítico. Ese cambio favorece lo que los expertos llaman una "ilusión de conocimiento": la sensación de dominar un tema por poder acceder rápidamente a datos, sin procesarlos en profundidad.
El experimento danés
Frente a este escenario, algunos gobiernos comenzaron a ensayar giros drásticos. Dinamarca decidió reducir al mínimo la presencia de dispositivos electrónicos en las aulas y apostar nuevamente por cuadernos, libros impresos y escritura a mano.
Desde el ciclo lectivo 2025/2026, las escuelas retiraron smartphones, tablets y laptops durante las clases. Según docentes de Copenhague, la medida mejoró la concentración y la participación de los alumnos, recuperando dinámicas que parecían perdidas.
El llamado "modelo escandinavo" sugiere que el camino hacia adelante podría implicar, en parte, volver atrás: respetar los tiempos de atención del cerebro humano y revalorizar la interacción directa entre docentes y estudiantes.
Horvath resume la idea con una frase provocadora: más que avanzar, "nos rendimos" ante la comodidad tecnológica. Para el científico, el dilema de los próximos años será elegir entre profundizar una digitalización sin filtros o revisar sus efectos sobre el aprendizaje.
El debate también alcanza a las políticas públicas. Durante años, sostienen algunos críticos, se confió en que la simple entrega de computadoras resolvería problemas estructurales, mientras se debilitaban la autoridad pedagógica y los contenidos curriculares.
Quizás, sugieren los defensores del giro, valga la pena volver a preguntar cómo estudiaban las generaciones anteriores. No como gesto nostálgico, sino como punto de partida para reconstruir hábitos de esfuerzo intelectual. Tal vez, en esa combinación entre tradición y tecnología, esté una de las claves para revertir la tendencia.