Las lluvias distintas
Un recorrido por las múltiples palabras que el idioma ofrece para nombrar la lluvia, desde la poesía hasta el uso cotidiano, con especial atención a sus matices, intensidades y sentidos figurados en nuestra región. La columna de la Prof. Nené Ramallo.
ANTE MIS ojos, la belleza de la poesía de Federico García Lorca:
"La lluvia tiene un vago secreto de ternura, / algo de soñolencia resignada y amable, una música humilde se despierta en ella/ que hace vibrar el alma dormida del paisaje. / Es un besar azul que recibe la Tierra, /el mito primitivo que vuelve a realizarse. / El contacto ya frío de cielo y tierra viejos/ con una mansedumbre de amanecer constante. [...] Oh lluvia silenciosa que los árboles aman/ y eres sobre el piano dulzura emocionante;/ das al alma las mismas nieblas y resonancias/ que pones en el alma dormida del paisaje".
El poeta hace de la lluvia el eje central de su pensamiento sensible. Pero, si echamos una mirada al léxico cotidiano, también podemos encontrar una gran riqueza y diversidad, según la calidad y la intensidad del fenómeno pluvial, que no se presenta siempre igual. Indaguemos: la definición inicial nos dice "agua que cae de las nubes": "El día comenzó con una lluvia refrescante". Asimilada a esta noción, se da una segunda acepción, como "abundancia, gran cantidad": "Se produjo una lluvia de críticas".
En nuestro país y Uruguay, se le llama 'lluvia' a la "ducha", como aparato sanitario destinado a la higiene o a conseguir frescura: "Me di un buen baño bajo la lluvia".
Un primer sinónimo es 'aguacero', que es la lluvia repentina, abundante, impetuosa y de poca duración: "Estábamos por salir y nos sorprendió tremendo aguacero". Es sinónimo de 'chubasco', término que, además, en sentido figurado, puede nombrar una adversidad o contratiempo transitorios, pero que entorpecen o malogran algún designio: "Esa resolución repentina fue un chubasco que echó a perder nuestras ilusiones".
A veces, la precipitación es recia y de corta duración; se la designa como 'chaparrón', con sus variantes 'chaparrada' y 'chaparrazo'.
De origen onomatopéyico, pero también como nombre de la lluvia recia, encontramos 'chapetón': "Fuimos sorprendidos por la violencia de un chapetón". Coloquialmente, pero en sentido figurado, puede usarse la locución verbal 'pasar el chapetón', que no es otra cosa que "pasar el peligro, el contratiempo": "Ahora nos sentimos seguros porque ya pasó el chapetón".
Otra vez la onomatopeya engendra un nuevo término ligado a la lluvia: se trata de 'chupa', probablemente originado en "chup-", que reproduce el ruido del agua al caer violentamente. El vocablo nombra la lluvia recia: "Los pequeños tenían miedo por el estruendo que provocaba la chupa sobre el techo de cinc".
Una forma extraña de presentarse este fenómeno natural es la 'manga', columna de agua que se eleva desde el mar: "Hoy, los pescadores no salieron del puerto por el temor que les produjo una súbita manga muy cercana a la costa".
¿A qué se le llama 'calabobos'? Es una llovizna pertinaz, entendiéndose por 'llovizna' esa lluvia menuda que cae blandamente; ¿por qué 'pertinaz'? Porque es muy duradera y persistente: "El calabobos tornaba muy borrosa la visión en la ruta". En España, se habla de 'sirimiri', que nombra la llovizna muy menuda, quizás equivalente a lo que para nosotros es la 'garúa'. Como mendocinos, acostumbramos usar el verbo 'chispear', que se refiere a "llover muy poco, cayendo solamente algunas gotas pequeñas": "Se ha nublado y está comenzando a chispear". Son sinónimos 'pintear', 'orvallar'/'orballar', 'molliznar' y 'gotear'.
¿Qué es un 'aluvión'? Damos al término tres acepciones distintas: la primera se refiere a una "avenida fuerte de agua, que arrastra grava y lodo": "Los mendocinos recordamos el triste aluvión del 4 de enero de 1970, que significó la ruina del Puente Olive". La segunda acepción, en consonancia con la primera, es el "sedimento arrastrado por las lluvias y corrientes": "Como consecuencia del aluvión, encontramos en el cauce del zanjón todo tipo de desechos". En sentido figurado, se usa 'aluvión' para nombrar la "afluencia grande de personas o cosas": "Lo recibieron con un aluvión de insultos".
Entre los sinónimos posibles para 'lluvia', aparecen 'llovida' y 'pluvia'. El primero, tomado del participio femenino de 'llover', indica la acción de este verbo: "Después de la llovida, ha refrescado bastante". En cuanto a 'pluvia', se usa en lenguaje poético y está directamente tomado del latín. De esa forma se derivan los adjetivos 'pluvial' (relativo a la lluvia) y 'pluvioso' (lluvioso); también los sustantivos 'pluvímetro/pluviómetro' (aparato que mide la cantidad de lluvia en un lugar y tiempo dados). También, 'pluviometría' que es la medición de las precipitaciones caídas, mientras que la 'pluviosidad' es, en meteorología, la cantidad de lluvia que recibe un sitio en un período determinado de tiempo.
Cerramos simétricamente la nota sobre la lluvia, con la palabra poética: será aquella composición titulada "Tormenta de verano", de Baldomero Fernández Moreno, cuyos versos, que se memorizaban en el aula primaria, dicen:
"Diciembre, tarde, calor, gran tormenta de verano. Espesa nube de tierra, fuga de coches y autos. Ramas de árbol por el suelo, grotesco rodar de bancos. Chillona danza de hojas y papeles de diarios. Alarmas en los hogares, silbos, carreras, portazos... Parece que va a volar el pueblo todo en pedazos. Han caído cuatro gotas lo mismo que cuatro clavos. Y el pueblo está donde estaba: quieto, fresco, alegre, claro..."
Seguí a Nené Ramallo en Instagram: