Así se vivió la Bendición de los Frutos 2026
La ceremonia reunió a los mendocinos en torno a la fe, el trabajo y la esperanza, con una puesta artística que celebró la cosecha y el vino nuevo como símbolos de identidad y encuentro.
En el departamento de Lavalle se llevó a cabo la Bendición de los Frutos 2026, titulada "La mesa del vino compartido", celebración central por los 90 años de la Fiesta Nacional de la Vendimia. Con una emotiva puesta en escena y una fuerte impronta comunitaria, el acto volvió a convocar a mendocinos y mendocinas para agradecer por la cosecha y dar inicio simbólico a un nuevo ciclo productivo.
Poco antes de comenzar la ceremonia en el predio verde del Polideportivo Municipal, llegó el Gobernador Alfredo Cornejo acompañado por autoridades del Ejecutivo provincial, la Legislatura, municipios, organismos nacionales y credos.
A través de cuadros coreográficos contemporáneos y folclóricos, música original y escenas teatrales, el espectáculo puso en el centro a las familias, al trabajo rural y a la tierra como parte de la identidad mendocina. Alicia Casares expresó su deseo de que "la gente se sienta identificada y recupere el mensaje, que es de agradecimiento y de paz".
De la misma manera, destacó que la Bendición invita a valorar el hecho de tener "alguien con quien compartir la comida, el pan y el vino en la mesa." También agregó que "cuando abrimos la puerta de nuestra casa y ofrecemos lo que tenemos, hacemos un pacto de lealtad con el otro, y eso nos une".
Por su parte, el subsecretario de Cultura, Diego Gareca, destacó la importancia de esta edición. "Es una alegría muy grande, porque es una Bendición de los Frutos que también tiene carácter histórico, como el Acto Central de los 90 años de la Vendimia", afirmó.
El funcionario valoró especialmente la realización en Lavalle, donde durante toda la semana se desarrollaron actividades como el Paseo Federal y la Vendimia departamental. "Hemos sido muy bien recibidos por el intendente, su equipo y, sobre todo, por los vecinos de Lavalle y de toda la provincia que participaron de estas jornadas", señaló. Finalmente, remarcó que la ceremonia representa "el puntapié inicial" de una celebración que reafirma el espíritu ecuménico y comunitario de la Vendimia.
La tierra, la fe y la comunidad
La ceremonia evocó la revolución agrícola y el nacimiento de las primeras comunidades, destacando el gesto fundacional de sembrar como un acto de confianza y memoria. Más tarde, el escenario se pobló de mesas familiares diversas, representando el momento del encuentro y el agradecimiento por el alimento que llega tras el esfuerzo colectivo.
Uno de los momentos más significativos fue la llegada en procesión de la Virgen de la Carrodilla, protectora de los viñedos, acompañada por cosechadores y asociaciones gauchas. Su entrada estuvo marcada por cantos y danzas tradicionales, en un clima de recogimiento y devoción popular.
La puesta también reflejó los fenómenos que amenazan la producción -la tormenta, la piedra y la helada-, resaltando la fortaleza del pueblo mendocino ante la adversidad y renovando el pedido de protección y abundancia para la cosecha.
Bendición ecuménica y gesto vendimial
En el tramo protocolar se realizó la bendición ecuménica de los frutos con la participación de representantes de distintos credos. El Consejo Interreligioso de Mendoza estuvo integrado por la Sociedad Islámica Árabe de Mendoza; así como por la Sociedad Israelita de Beneficencia de Mendoza; también por la Sociedad Internacional para la Conciencia de Krishna y la Comunidad Budista de Mendoza; junto al Templo Africanista Ijoba Ti Bara Lana.
Además, participaron la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, la Iglesia Evangélica Metodista Argentina y la Iglesia Evangélica Bautista Centro de Mendoza. Finalmente, la ceremonia contó con la presencia de la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa Patriarcado de Antioquía y la Iglesia Católica Apostólica Romana. A ellos se sumaron, asimismo, representantes de los Pueblos Originarios.
En un primer momento, como convocando a la oración, los credos hicieron sonar instrumentos ancestrales y realizaron sus ritos, bendiciendo los frutos. Luego compartieron una oración común, agradeciendo -cada uno desde su fe- el alimento que nos reúne y la paz de compartirlo. Finalmente, el Monseñor Marcelo Colombo, Arzobispo de Mendoza, impartió la bendición.
Luego, las candidatas departamentales, junto a la Reina y la Virreina Nacional, participaron del gesto simbólico de elevar canastos con frutos de cada rincón de la provincia, reafirmando que: antes de la corona, está la tierra; antes del aplauso, el trabajo; y antes del vino, la vid.
El golpe de reja y el vino nuevo
Como marca la tradición, el Gobernador Alfredo Cornejo realizó los tres golpes de reja -descanso, gratitud y justicia- evocando los antiguos acuerdos entre la tierra y el hombre y renovando el compromiso por un valor justo para el fruto y un vino honesto que reconozca el esfuerzo de quienes lo producen.
El brindis con el vino nuevo selló la ceremonia en una gran mesa compartida, símbolo de unidad en la diversidad. Bajo el cielo de Lavalle, la Bendición de los Frutos volvió a recordar que cada cosecha es fruto del trabajo colectivo y que la verdadera abundancia comienza cuando se comparte.
La realización contó con un destacado equipo artístico y técnico. Además de la dirección general de Alicia Casares, participaron en la creación el coreógrafo general y folclórico Alberto Giménez y el coreógrafo contemporáneo Gaspar Tello; la dirección musical estuvo a cargo de Mario Galván y la dirección coral de Javier Rodríguez. La puesta en escena también incluyó teatro de sombras bajo la dirección de Pablo Longo y un importante despliegue técnico en luces, sonido y pantallas, consolidando una propuesta integral que combinó tradición, innovación y profundo sentido comunitario.
La noche concluyó con un mensaje de unidad y esperanza, reafirmando que la Vendimia no es sólo una celebración, sino la expresión viva de un pueblo que honra su tierra, su trabajo y su identidad, renovando año tras año el compromiso de sembrar con fe y cosechar en comunidad.