Luján suena, fuerte

Con la fecha reprogramada y la alerta de lluvia respirando cerca, la edición 2026 de Luján Suena fue un éxito. Más de 10.000 personas disfrutaron de una tarde-noche a pura música.

Laura Romboli

La Municipalidad de Luján de Cuyo organizó el pasado fin de semana una nueva edición de este festival que se realiza desde hace algunos años y que tiene su base en el Multiespacio Cultural Luján de Cuyo (ex Feriagro). Un lugar que ya se volvió familiar para quienes disfrutan de los buenos recitales.

La humedad todavía podía percibirse en el ambiente como un rezago de la tormenta que, a esas alturas -domingo, 17 horas-, ya estaba quedando atrás. Con dos escenarios, esta vez enfrentados, el predio recibía un auténtico camino de peregrinos que durante toda la tarde fue una constante, hasta completar una cifra cercana a los 10.000 asistentes que se acercaron a escuchar música con toda la potencia que propone este festival.

Luján suena, fuerte

El cielo, completamente gris, volvió la jornada más agradable y, al mismo tiempo, resaltó el verde intenso de un pasto que se vio en apuros con la lluvia matinal. Y ahí estaban: con la precisión de los horarios de gente que sabe organizar y producir este tipo de eventos, la grilla comenzó a deconstruirse de manera placentera.

La programación reunió propuestas de rock, indie y pop alternativo, con bandas y solistas nacionales que se sumaron -sorprendentemente bien- a un encuentro de bandas locales. Porque si algo más demostró Luján Suena fue el presente concreto y contundente de la música de Mendoza.

El público que asistió desde temprano fue tan potente como claro en lo que había ido a buscar. Y las bandas se lo dieron, gustosamente.

Así fue como Spaghetti Western sonaron como siempre y como nunca. La trayectoria del grupo funciona como un anclaje ideal cada vez que pisan un escenario. Con sus canciones han logrado, claramente, un sello distintivo que los vuelve reconocibles apenas suenan los primeros acordes.

Luján suena, fuerte

Luego llegó la visitante Paz Carrara, y su voz dulce se esparció sobre un público que, entre vuelta y vuelta de escenarios, no paraba de crecer. "¿Qué toman los mendocinos, además de vino?", preguntó la cantante, asombrada y agradecida por la buena energía con la que la gente recibió sus canciones.

A media tarde fue el turno de Mi Amigo Invencible, consolidados a tal punto con sus seguidores que cada recital tiene el perfume de un reencuentro, de amigos que se juntan bajo la influencia del mejor rock. Y así suenan: intensos y poderosos.

Batos abrió el festival y 1915 siguió la apuesta. También se presentaron Indios, Koino Yokan y Rayos Láser. Para el cierre quedaron los consagrados y quienes viven su mejor presente: Pasado Verde y Gauchito Club, dos nombres que ya demostraron por qué ocupan ese lugar.

Luján Suena tiene un espacio ganado y merecido. Pero esta edición demostró que existe una puerta principal por la que ingresan nuestros jóvenes para escuchar a su banda favorita y que esa música, ese artista, sea de acá, de esta tierra, nos hace sentir orgullosos. Porque el profesionalismo y el crecimiento de nuestros músicos marcan un camino que no siempre fue fácil de construir, pero que hoy suena fuerte.

Esta nota habla de: