Churchill y Napoléon, grandes hijos de sus enormes madres

La historiadora Luciana Sabina presenta aquí a dos madres de dos grandes hombres de la historia. Los perfiles de quienes dieron a luz a Napoleón Bonaparte y Wiston Churchill. ¿Podrían haber tenido menos trascendencia hijos de tales madres?

Luciana Sabina

En alguna oportunidad Napoleón señaló que "el porvenir de un hijo es siempre obra de su madre". Recorriendo las biografías de los grandes personajes no podemos más que darle la razón, incluyendo al mismísimo Bonaparte.


María Letizia Ramolino nació en Córcega en 1750, hija de familia noble era inmensamente rica. Poco antes de cumplir quince años fue desposada por Carlo Bonaparte quien tampoco llegaba aún a las dos décadas. A pesar de ser un matrimonio por conveniencia la pareja se llevó muy bien, llegando a tener una docena de hijos. Lamentablemente sólo sobrevivieron ocho a la infancia. De hecho, Napoleón fue bautizado así en honor a uno de sus hermanos fallecidos.

A los 35 años Ramolino ya era viuda y con una vasta prole para mantener. Su marido había muerto dejándolos en la quiebra. Haciendo uso de una inteligencia aguda y buen ojo para los negocios, se volcó al mundo de las inversiones consiguiendo así una base próspera. Dicho pasar le permitió mantener independencia con respecto a su hijo más poderoso y contradecirlo con total libertad.

Letizia Bonaparte en vestido de corte de Robert Lefevre en 1813.

A medida que la carrera militar y política de Napoleón desplegaba, los recelos de su madre iban en aumento. El casamiento de éste con la famosa Josefina constituyó un gran paso hacia el distanciamiento mutuo, Letizia no la toleraba. 

Y mientras su hijo escribía un capítulo de la historia francesa y mundial, ella lo desaprobaba. En 1804 cuando Bonaparte se autoproclamó emperador de los franceses Ramolino no asistió. Sus palabras fueron tajantes, lo consideraba una payasada. Aun así, Bonaparte dio instrucciones a Jean-Jacques David de incluirla en el famoso cuadro sobre la ceremonia.
Con el avance galo sobre territorios europeos la madre de Bonaparte enfureció realmente y le comunicó su parecer a través de una famosa carta.

 Allí lo llama "usurpador del trono francés" y considera "cuánto mejor me hubiera estado la esterilidad, que haber contenido en mi desgraciado útero un monstruo". También le echa en cara la desdicha de sus hermanos y lo llama "aborto del abismo". De todos modos, se despide tiernamente: "Pero soy tu madre y todavía te amo. Te amo, Napoleón, te ama tu desgraciada madre, Leticia".

La mamá de Wiston Churchill


Jennie Churchill con sus dos hijos 1889.

Desde luego que ser madre de Napoleón Bonaparte no debe haber sido nada sencillo, pero en la historia también se dio el caso contrario. Winston Leonard Spencer Churchill, nacido en Inglaterra el 30 de noviembre de 1874, podría haber dado cátedra al respecto.

Fruto del matrimonio entre un noble británico y de una notable burguesa norteamericana, la infancia del futuro primer ministro transcurrió entre niñeras e internados.

Sabemos mucho sobre la relación con Jennie Jerome, su madre, gracias a que es un tema recurrente entre los historiadores ingleses. En 2015 David Lough publicó "My Darling Winston: The Letters Between Winston Churchill and His Mother", donde recoge e interpreta por primera vez gran parte de la correspondencia entre ambos. Al parecer el vínculo se fue fortaleciendo a medida que él se convertía en adulto.

Zoe Colbeck, especialista inglés señala:

"El joven Winston se entristecía mucho cada vez que había una semana en la que su madre no escribía. En las cartas, se puede ver el fuerte vínculo que tenían. Sin embargo, en 1900, cuando Jennie se volvió a casar, y con un hombre de casi la misma edad que su hijo, la relación cambió. Después de esto, Churchill rara vez volvió a pedir la aprobación o el consejo de su madre. Sin embargo, todavía obtiene su apoyo con la campaña electoral. 

Padres de Churchill (ella embarazada) en París, 1874.

Incluso acortó su luna de miel para ayudar y asistir en la organización de su personal y la decoración del hogar. Finalmente, una vez que el propio Churchill se casó, la relación con su madre disminuyó aún más, aunque los dos siempre se mantuvieron unidos".

La personalidad extrovertida de Jennie, acompañada de su notable belleza física la convirtieron en una de las perlas de la sociedad victoriana. Gran lectora y pianista cabal - fue instruida de niña por Stephen Heller, amigo de Chopin-, estaba generalmente a la vanguardia.

Con todas estas características despertó grandes pasiones, entre ellas la del Príncipe de Gales, futuro Eduardo VII. Se volvieron amantes luego de que ella enviudara, dicen que la primera carta de condolencias a los Churchill llegó desde el Palacio. Los años pasaron y la juventud marchita de Jerome dejó de ser atractiva para el príncipe, quien bruscamente la reemplazó por otra dama.

Jennie seleccionó a George Frederick Myddleton Cornwallis-West como nuevo marido El escándalo tuvo dos bases fuertes: el hombre era veinte años menor y supuesto bastardo de Eduardo VII, lo que hizo enfurecer al antiguo amante. Claramente Wiston tuvo de quién heredar su sabiduría estratégica.
Aquel matrimonio mutó rápidamente en una amistad. Se divorciaron en de abril de 1914 aunque continuaron reuniéndose socialmente cada tanto. George volvió a casarse y siguió una vida sencilla hasta 1951, cuando se suicidó.

George Cornwallis West, segundo esposo de la madre de Churchill.

Para 1918 la mamá de Churchill contaba ya con 64 años, lo que no le impidió apostar nuevamente por el amor. Contrajo nupcias con Montague Phippin Porch, en esta oportunidad el padrastro de Wiston era tres años menor que él.

Montagu Porch, tercer esposo de la madre de Churchill.

Fiel a una personalidad excedida, durante los últimos años de su vida Jennie acumuló grandes deudas. Jack, hermano menor de Wiston, decidió observar las finanzas familiares. Leyendo el testamento dejado por su padre descubrió que ellos ya deberían haber comenzado a percibir la herencia, algo que su madre les ocultó durante años. 

Seguramente los reclamos se escucharon de inmediato, pero para entonces la vida de problemática Jennie se estaba apagando. Murió el 29 de junio de 1921 tras una serie de complicaciones debido a la caída que sufrió durante un baile. 

La tumba de Jennie en la iglesia de St Martin en Bladon.

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