La poesía y la esencialidad de la palabra

Lejos de los estereotipos del poeta maldito, José Jorge Chade propone una reflexión íntima sobre la poesía como ejercicio de autenticidad, memoria y resistencia. Un texto que interroga el valor esencial de las palabras, el vínculo entre emoción y forma, y la capacidad del poema para preservar lo que el tiempo y el ruido amenazan con borrar.

José Jorge Chade
José Jorge Chade (Ex Docente de la Universidad de Bologna, Educador y escritor, autor de numerosos libros y publicaciones científicas nacionales y extranjeros y algunos poemas).

En el imaginario colectivo, el concepto amplio de poesía suele asociarse con la figura del poeta tímido y condenado, vestido con atuendo bohemio y tan asocial que prefiere la compañía de una botella de whisky a la compañía humana. Es una imagen extrema y estereotipada, pero para muchos, la poesía sigue pareciendo inconcebible, casi esotérica, herética, reservada a unos pocos. Sin embargo, con la poética de muchos autores contemporáneos, parece que se tiende a desmentir este mito con ironía y frivolidad. ¿Cómo entendemos la poesía? ¿Cómo nos vemos, como poetas, dentro de la poesía?

Creo que la poesía nos invita a ser nosotros mismos. Si realmente existe una musa, creo que se pasa el día riéndose de las poses que muchos adoptan para hacerse pasar por poetas. El vestido adecuado, la foto con la mirada oscura, una maldita biografía, y luego, después de las 10 de la noche, podemos ver a muchos de estos "bohemios" quedándose dormidos en el sofá viendo la tele. La clave, al menos para mí, sigue siendo expresar lo más profundo de uno mismo con la mayor sinceridad posible. Si la poesía es un viaje y una búsqueda, uno debe emprender su propio camino con la menor carga posible, dejando atrás los estereotipos. No me considero poeta lo digo también en mi nuevo libro de poesías próximo a salir; simplemente intento escribir poesía lo mejor que puedo, escribiendo y reescribiendo mis versos hasta que me suenen auténticos.

Con el tiempo, en lo que he escrito y sigo escribiendo, siempre me he impuesto la regla de la autenticidad. Sin embargo, debo admitir que esta palabra siempre me ha parecido esquiva, ambigua, paradójica, a veces falsa. La causa de esta ambivalencia probablemente se deba a cierta fe ingenua en las palabras, a veces me valgo de palabras de poetas a los que admiro, también hay palabras que a veces ignoran el ruido, la mistificación, la simulación que ellas mismas traen consigo. De hecho, es evidente que la autenticidad conduce inmediatamente a la verdad, que siempre es algo parcial, aunque solo sea por el simple hecho de tener que lidiar con el filtro del lenguaje, de la autoexpresión. Muchas veces la poesía cuenta las cosas que no se cuentan. Dante lo sabía bien cuando se esforzó por hacer que su viaje fuera auténtico a los ojos del lector. Pero no solo eso, incluso respecto a la universalidad de los versos, su permanencia en el tiempo, el propio Saba escribió en uno de sus pasajes taquigráficos: «El arte nace por la forma; vive; y muere por el contenido. El verso «En el cielo de la humildad donde está María» ya no nos dice hoy lo que nos habría dicho hace seiscientos años. Y, sin embargo, el verso siempre es el mismo.»

La poesía, en este sentido, me ha permitido dar vida auténticamente a las cosas que no quería perder. Quizás haya una lección en las grandes y temibles profundidades del mar, en su capacidad de acoger y preservar las agonías que descienden a las profundidades del silencio, donde todo es difícil de desenterrar y sacar a la superficie si el peso lo ha arrastrado demasiado. Sin embargo, es precisamente en esta dificultad, en este límite, en el umbral entre lo inconsciente y lo consciente, donde se agita la autenticidad de la poesía.

La fusión de la regla y la emoción, la mezcla de géneros, la idea misma de traducción, el citacionismo(*) de palabras constituyen la columna vertebral de una poética destinada a crear un diálogo entre quienes han escrito o pintado en el pasado y quienes leen hoy.

(*)El citacionismo es la corriente artística también conocida como arte de apropiación, que teorizó un retorno a las habilidades manuales, al uso de palabras y/o frases de escritores y poetas, al uso de la pintura de colores después de años de dominación del arte conceptual.)

Pero la cuestión es que, cuando me siento a escribir, quiero poner en marcha en el lector ese mecanismo que lo impulsa a pasar las páginas. Después, las maneras de despertar este movimiento son infinitas. Y uno siempre intenta buscar nuevas. Eso es lo hermoso de escribir: Que todo vale la pena; Realmente podemos hacerlo todo.

Mi segundo libro de poemas, "La vida me cuenta...sueños y realidades", (en publicación). Fue cuidadosamente concebido, incluyendo recorridos de la vida por los que todos , en un modo u otro, pasamos. Los poemas se inspiran en el legado personal, pero busca interactuar con sistemas más amplios, no solo con lo incontrolable y lo individual, sino también con una posible idea de colectividad, como la historia, la extinción, la literatura, el ruido y los sueños oscuros. Desde mi perspectiva, los poemas deben intentar continuar la deconstrucción de lo cotidiano, pero a través de la lente distópica de una novela de ciencia ficción, y por qué no también a través de una novela romántica; quizás sea un riesgo, pero es muy divertido.

La poesía, el leer poemas, pensamientos y reflexiones nos cuenta sobre nuestra historia, la del mundo, la del pasado y el presente, y no solamente debemos adaptarnos a lo que ocurre en el momento, la poesía no es una cosa "vieja" que ya nadie sigue porque ha dejado de ser útil. Al contrario si menciono este tema es porque no quiero ceder ante esta visión, pero todos tienen claro adónde queremos llegar: una destrucción total de la capacidad de pensar y reflexionar, la homogeneización total de una sociedad que está perdiendo toda su singularidad y diversidad, que deberían ser dos pilares fundamentales sobre los que debe pivotar el progreso cultural y moral de un pueblo.

La poesía es un arte universal que llega directamente al alma. A través de versos breves pero contundentes, puede condensar emociones, imágenes y profundos significados. Cada palabra tiene un peso específico, cada rima un eco que resuena a través del tiempo. Pero, sobre todo, la poesía nos permite expresar y comprender los sentimientos de una manera única e inmediata.

Mi deseo es que todos podamos encontrar lo que se necesita ser encontrado...y la poesía, los poemas nos proponen un modo simple y profundo para hacerlo.

ADORABLE SOLEDAD

Te hablo soledad

hablo a tu esencia misteriosa.

Contemplo tus cambios,

ayer tristeza,

hoy alegría,

mañana, tal vez, ansia divina.

Mas viva que la vida

con sereno semblante compasivo

y la pura belleza tranquila

de la nada.

Siempre hay nieve dormida

allá arriba

en la montaña de la vida.



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