La maledicencia y la desconfianza
Un recorrido por los matices de la maledicencia y la desconfianza, analizando cómo desde el hábito de la murmuración hasta la gravedad de la calumnia, estos sentimientos negativos fracturan los vínculos humanos y siembran la incertidumbre en la convivencia. Por Nené Ramallo.
Una característica negativa de muchos seres humanos es su inclinación a la maledicencia. Por ello, se entiende el hábito de la murmuración y el chismorreo.
La 'murmuración' es la "conversación en perjuicio de un ausente": "Si algo es propio de las comadres es su afición a la murmuración".
Se destaca en esta definición el hecho de realizarse "en perjuicio de un ausente"; por consiguiente, no se trata de un hecho positivo y se reviste de un carácter desagradable pues el que resulta involucrado no recibe el daño cara a cara, sino en ausencia.
La maledicencia se equipara al 'rumor', toda vez que este es un ruido confuso, vago, sordo, que corre entre la gente: "Cada vez más crece el rumor de que todo fue una traición".
Otro equivalente es la 'habladuría' y el 'cotilleo': la primera es ese dicho que se difunde entre muchos, sin fundamento, de modo inoportuno e impertinente, ya desagradando, ya injuriando: "No haga caso de esas habladurías malintencionadas". Por su parte, el 'cotilleo' se relaciona con el verbo 'cotillear', acción que consiste en hablar de manera indiscreta o maliciosa sobre una persona o sus asuntos: "Lo pone muy mal el permanente cotilleo de sus compañeros de trabajo". Además, quien cotillea husmea, espía: "Anda cotilleando entre sus papeles". Un tercer valor es de índole coloquial: "Contar algo con indiscreción o malicia": "A través de su cotilleo, pude conocer los reveses de su fortuna".
Quien ejerce la maledicencia y el cotilleo, es capaz de 'chinchorrear ' o ‘chismosear', esto es, de "molestar trayendo y llevando cuentos y chismes": "En vez de trabajar, se la pasa chinchorreando".
Estas acciones molestan y chinchan, porque importunan, fastidian, chipian, chiman.
En la base de todas estas acciones, se encuentra lo que todos conocemos: el 'chisme'. Nos sorprende, quizás, su etimología grecolatina "schisma", que significaba "escisión, separación"; la definición académica nos lo describe como una noticia que puede ser verdadera o falsa, o un comentario con que, por lo general, se pretende indisponer a unas personas con otras o se murmura de alguna. Se lo equipara a 'cuento', esto es, un relato generalmente indiscreto de un suceso. También a 'chismería' porque es una noticia que pretende indisponer. Lo mismo sucede con 'chambre' y con 'vinazo'.
El más alto grado de maledicencia lo encontramos en la ‘calumnia', que es una acusación falsa, urdida maliciosamente para causar daño; en derecho, se contempla este hecho aberrante como "imputación de un delito hecha a sabiendas de su falsedad": "Esa calumnia destruyó su reputación".
Existen otros términos en el idioma, que dan cuenta de sentimientos y sensaciones negativos: hablamos de la ‘desconfianza', entendiendo por tal la "falta de confianza", esto es, de esperanza firme en algo o alguien. Hay muchos vocablos relacionados con ese concepto: ‘recelo' es uno de ellos pues indica la acción de temer o sospechar. Así "Advertimos que sus recelos no le permitían actuar correctamente". Se asocia este concepto al de ‘sospecha', definido como el acto de imaginar algo por conjeturas fundadas en apariencias o indicios: "Albergaba la sospecha de que ese empleado había falseado los documentos".
Una sospecha es también una conjetura, lo que significa que no necesariamente es algo real sino que se imagina o presume, tomando como base supuestos que pueden solo ser aparentes: "Desilusionado, tejía conjeturas con la inquietud de no saber si serían reales". Asimismo, se presenta la suspicacia, estado en que se conciben sospechas o se experimenta desconfianza: "Incrédulo y muy pesimista, obraba con enorme suspicacia".
El diccionario académico nos da como sinónimos de 'desconfianza' otros dos términos no muy usados habitualmente: se trata de 'difidencia' y 'defianza'. El primero, de claro origen latino, se define como "falta de fe"; el segundo es nada más que la negación del sustantivo 'fianza'.
Aparece también vinculado a la desconfianza el concepto encerrado en 'escrúpulo'; por él entendemos aquella duda inquietante para la conciencia acerca de si algo es bueno o si se debe hacer desde el punto de vista moral: "No sabe cómo proceder, su decisión no aparece ante un panorama lleno de escrúpulos".
La desconfianza puede hacerse insostenible cuando se transforma en 'incredulidad', por la repugnancia o dificultad en creer algo: "Desilusionado por sus últimos fracasos, siente que la incredulidad lo domina". El pesimismo queda contenido también en el concepto de 'escepticismo', que encierra la duda de la verdad o eficacia de algo. Recordemos que el vocablo proviene de la doctrina filosófica que consiste en afirmar que la verdad no existe o que, si existe, el hombre no puede conocerla.
Cercanos se hallan también los términos 'duda' e 'incertidumbre'; el primero alude a la indeterminación que siente el ánimo entre dos decisiones: "Por la situación del país, se encuentran en la duda entre hacer o no inversiones importantes". El segundo es la falta de un conocimiento seguro y claro acerca de algo: "La incertidumbre lo domina y no sabe cómo obrar".
A veces, la persona desconfiada obra con reticencia: ella es nada más que la cautela y la reserva para actuar ante una situación en la que no se puede confiar por lo insegura: "He observado cómo actúa con reticencia ante la inestabilidad de la situación"
¿Y qué se entiende por ‘aprensión'? Por ella, se der concibe el recelo de entrar en contacto con alguien que pueda contagiar algo o que pueda resultar perjudicial o inoportuno: "La aprensión ante esa gente desconocida lo llevaba a no obrar con espontaneidad". A veces, la aprensión es un prejuicio, una idea infundada y extraña: "Eso no es así, es mera aprensión tuya".
Si la desconfianza llega al enojo y a la mala voluntad contra alguien, hablamos de ‘tirria' u ‘ojeriza', entendidas ambas como una manía repulsiva: "Carece de objetividad, siente ojeriza en contra de él". También, en estos casos, es posible hablar de ‘animadversión', de ‘malquerencia'.
Algunos pensamientos nos obligan a la reflexión: "El mal de la calumnia es semejante a la mancha de aceite: siempre deja huellas". "Si murmurar la verdad aún puede ser la justicia de los débiles, la calumnia no puede ser otra cosa que la venganza de los cobardes". "De una mentira, nace la duda; de la duda, nace la desconfianza; de la desconfianza, nace la distancia. Y de la distancia, nace el olvido".
Acá podes leer todas las columnas de Nené Ramallo.