Tres Mujeres, tres legados de pasión y bienestar
En el marco del Mes de la Mujer, conocemos las historias de María Luz Buscema, Ana Gisela Ana y Adriana Carrasco, tres emprendedoras mendocinas que transforman los elementos de la tierra en proyectos de vida. Por Marcela Muñoz.
En el marco del Mes de la Mujer, seguimos en Memo en esta ocasión, con historias de tres emprendedoras mendocinas que han sabido escuchar el latir de la naturaleza para transformarlo en proyectos de vida ya sea en la flor de la edad o llegando a los sesenta. Desde la frescura de la cosmética botánica hasta la sabiduría de un blend de té o la elegancia del aceite de oliva, estas mujeres no solo crean productos: cultivan experiencias, sanan cuerpos y honran tradiciones. A través de María Luz Buscema, Ana Gisela Ana y Adriana Carrasco, recorremos un camino que va de la innovación joven a la plenitud de la madurez, demostrando que emprender es, ante todo, un acto de amor y coherencia en el hilo que nos une.
El florecer de la cosmética botánica en manos de una joven emprendedora sanmartiniana
María Luz Buscema, en el marco del mes de la mujer, conocemos la historia de un proyecto que combina el respeto por la tierra con el cuidado consciente de la piel. Una propuesta que nace de la pasión y se consolida como un referente de la belleza ética. En un mundo donde la inmediatez y lo industrial suelen dominar el mercado, surgen proyectos que nos invitan a pausar y conectar con lo esencial. Este es el caso de Lemuria Cosmética Botánica, un emprendimiento liderado por una joven cuya visión ha logrado transformar ingredientes naturales en rituales de bienestar.
Lo que define a Lemuria no es solo su catálogo de productos, sino la filosofía detrás de cada frasco. La cosmética botánica, a diferencia de la convencional, se basa en el uso de extractos vegetales, aceites esenciales y materias primas libres de crueldad animal y químicos sintéticos.
Para su fundadora, emprender no fue solo una decisión comercial, sino un acto de coherencia personal. "Se trata de entender que la piel es un órgano vivo y que merece ser alimentado con lo que la tierra nos brinda. Este enfoque ha resonado fuertemente en una audiencia que busca alternativas sustentables y transparentes. Celebrar este proyecto en marzo no es casualidad. El Mes de la Mujer pone de relieve las historias de jóvenes que, como la creadora de Lemuria, rompen moldes y construyen sus propios caminos económicos y creativos. El camino del emprendimiento joven requiere valentía, autogestión y una capacidad constante de aprendizaje. Lemuria representa ese nuevo tejido empresarial donde el éxito no solo se mide en ventas, sino en el impacto positivo en la comunidad y en el medio ambiente.
Lemuria Cosmética Botánica se destaca por un enfoque holístico de la belleza y el bienestar, donde cada producto es elaborado artesanalmente y potenciado con energía Reiki para armonizar tanto el cuerpo físico como el campo energético, utilizando ingredientes naturales, puros y de origen vegetal. El valor diferencial es la intención energética: todos los productos son intencionados con Reiki, buscando que el ritual de cuidado diario sea también un momento de sanación y conexión espiritual.
María Luz Buscema.
Ciencia de las plantas, energía espiritual se unen para crear una cosmética consciente y vibracional. Dentro de la higiene personal, productos como shampoo y enjuague sólido, pasta dental sin flúor y desodorantes sin aluminio ofrecen alternativas saludables y sustentables. El cuidado facial incluye geles limpiadores, agua micelar, brumas, serums y cremas que limpian, hidratan y revitalizan la piel de manera suave y efectiva. Para el cuerpo, cremas que aportan nutrición profunda, mientras que la aromaterapia, a través de brumas relajantes, sprays áuricos y rolones, acompaña el equilibrio emocional y energético.
Así, la cosmética natural se consolida como una forma de bienestar integral, donde cada producto se transforma en un pequeño ritual de conexión y cuidado personal.
Ana Gisela Ana: El aroma de una vida en plenitud
Ana Gisela Ana.
Hay mujeres que, al llegar a los sesenta, no solo recogen los frutos de lo sembrado, sino que deciden plantar un jardín entero. Ana Gisela es una de ellas. En sus manos, el té dejó de ser una simple infusión para convertirse en un lenguaje: el de la hospitalidad, la pausa y el reencuentro.
Casa Ceferina no es solo un emprendimiento; es el refugio donde Gisela ha volcado su sabiduría y esa elegancia natural que solo otorgan los años bien vividos. Verla entre los surcos de las plantaciones o preparando con mimo un blend de frutos rojos, es entender que la pasión no tiene fecha de vencimiento. Ella encarna esa fuerza mansa de la mujer que sabe que lo bueno lleva tiempo, que cada hoja necesita su temperatura y cada alma su momento de calma.
Emprender a los sesenta ha sido para Ana Gisela su propia ceremonia del té: una mezcla perfecta de valentía, paciencia y amor por los detalles. En este mes de la Mujer, celebramos en ella a la mujer que se atrevió a soñar en grande cuando otros sugieren descansar. Ana Gisela nos enseña que la madurez es, en realidad, la época del sabor más intenso, donde la experiencia se transforma en fragancia y el nombre "Casa Ceferina" se vuelve sinónimo de hogar.
Ella es la prueba viviente de que siempre es el momento justo para florecer, para servir una taza de algo nuevo y para decir, con una sonrisa, que lo mejor está apenas comenzando a infusionar.
Adriana Carrasco: El oro líquido con alma de mujer
Adriana Carrasco.
Hay legados que no se explican con palabras, se sienten en el paladar y se respiran entre los surcos de un olivar. Adriana Carrasco es la guardiana de una tradición que en Lavalle cobra una dimensión sagrada: la del aceite de oliva virgen extra. Al frente de su marca, Adriana ha logrado lo que pocos: transformar un fruto milenario en una pieza de autor, donde la calidad no es una meta, sino una forma de vida.
Ver a Adriana entre sus olivos es entender la conexión profunda entre la mujer y la tierra. Ella no solo supervisa una cosecha; ella interpreta los tiempos de la naturaleza con la paciencia de quien sabe que las cosas buenas, las que trascienden, requieren de sol, de viento y de una espera respetuosa. Su proyecto, Berbora Rosier, es el reflejo de esa dedicación minuciosa que convierte a cada botella en un pequeño tesoro de diseño y sabor.
Elegancia en cada gota en un packaging impecable y una calidad que desafía los estándares industriales, sus aceites de oliva son "divinos" no solo por su procedencia, sino por la intención con la que son creados. Emprender en el mundo de la olivicultura requiere una valentía especial, y Adriana la lleva con una distinción natural.
En este Mes de la Mujer, la figura de Adriana Carrasco se alza como un puente entre la tradición productiva de nuestra Mendoza y una visión moderna, estética y sofisticada. Ella es la prueba de que el campo también tiene voz femenina, una voz que suena a hojas de olivo al viento y que sabe que lo mejor, al igual que un buen varietal, siempre está por venir. Adriana por si no lo saben es autora del libro "Crónicas de Vendimia", una reconstrucción de historias después de vendimia.