Actividad 2026: crecimiento moderado, motores acotados y un mapa productivo desigual
Las proyecciones privadas anticipan una expansión del PBI de entre 2% y 3% el año próximo. El impulso vendría principalmente de la inversión, el agro y la energía, mientras persisten dudas sobre el empleo, los salarios reales y la capacidad de recuperación del consumo.
La economía argentina cerrará el año sin haber ingresado en una recesión técnica, pero con señales claras de amesetamiento. Los indicadores oficiales muestran que, desde abril o mayo, el nivel de actividad prácticamente no logra despegar. De cara a 2026, el consenso del mercado apunta a un crecimiento moderado, aunque con fuertes diferencias entre sectores y sin expectativas de un boom de consumo.
Según el INDEC, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró en octubre una caída del 0,4% respecto del mes previo. El dato llegó después de un repunte en el tercer trimestre, explicado en gran medida por la Intermediación Financiera, tras ajustes metodológicos en la serie desestacionalizada. Desde fuentes oficiales aclararon que ese desempeño no respondió a un mayor volumen de depósitos o crédito, sino al impacto de los movimientos bursátiles en un contexto de dolarización de carteras previa a las elecciones.
Sectores que crecen y sectores rezagados
Un informe del Grupo SBS señaló que, en el último trimestre móvil (agosto-octubre frente a mayo-julio), la actividad avanzó 0,8%, con los servicios como principal motor. Dentro de ese grupo se destacaron la Intermediación Financiera y Transporte y Comunicaciones. También mostraron buenos registros algunos sectores de bienes, como petróleo y minería.
En el acumulado de 2025, el crecimiento estimado en torno al 5% estuvo concentrado en esas mismas actividades, a las que se sumó Hoteles y Restaurantes. Sobre este último rubro, el director de Planificación Productiva de Fundar, Daniel Schteingart, advirtió que la suba se explica en gran parte por el aumento del empleo informal en gastronomía, dado el modo en que el EMAE mide esa actividad. "Lo llamativo es que las empresas y el empleo formal caen. Es posible que parte del fenómeno de plataformas como Rappi o Pedidos Ya esté contabilizándose como empleo informal, con impacto directo en el indicador", señaló.
En contraste, la industria manufacturera aparece como el eslabón más débil. Ocho de las diez ramas industriales de mayor peso muestran caídas desde el pico de noviembre de 2024. Entre las más afectadas figuran textiles e indumentaria, automotriz y maquinaria y equipo -incluidos electrodomésticos-, sectores sensibles a la apertura comercial y a la competencia importada.
Crecimiento con dudas en el frente laboral
La heterogeneidad productiva es uno de los principales desafíos hacia 2026. El equipo de Research de BBVA advirtió que el actual patrón de crecimiento se apoya en actividades poco intensivas en empleo, lo que limita su impacto sobre el mercado laboral. Aun así, el banco confía en que una reforma laboral podría incentivar la creación de puestos formales.
Desde SBS calificaron como un "gran desafío" la generación de empleo privado, especialmente en sectores intensivos en mano de obra y en aquellos más expuestos al aumento de importaciones. En su escenario base, el crecimiento estaría sostenido por el agro y la energía, con una posible recuperación de la construcción si se normalizan las condiciones monetarias y reaparece el crédito hipotecario. En ese marco, proyectan una suba del PBI cercana al 2%.
La consultora Equilibra, en tanto, estimó para noviembre una nueva contracción mensual de 0,5%. Para 2026 planteó dos escenarios: uno optimista, con un crecimiento del 3%, y otro más conservador, con una expansión del 2%. "Hacia fines de este año estaríamos tocando un piso de actividad", explicó el economista Gonzalo Carrera, aunque anticipó que la disparidad sectorial continuará. Según su análisis, la intermediación financiera, la energía y algunos servicios profesionales seguirían liderando si el Gobierno logra financiamiento y estabilidad cambiaria, mientras que la industria seguiría bajo presión.
Inversión y sector externo, las claves del próximo año
Desde la óptica de la demanda agregada, LCG sostuvo que el aporte decisivo volverá a venir del sector externo. Prevén exportaciones creciendo de manera acotada -si se excluye Vaca Muerta- e importaciones en alza, impulsadas por la relación entre actividad y compras externas y por un tipo de cambio relativamente estable.
En consumo, la consultora espera una leve mejora vinculada a la estabilidad posterior a las elecciones y a una baja de tasas que podría reactivar el crédito, aunque descartan un escenario similar al de 2024. Sobre la inversión, advierten que persisten dudas en torno a la estrategia cambiaria, incluso tras los cambios en el esquema de bandas, lo que podría prolongar una actitud de "esperar y ver" por parte de las empresas.
SBS subrayó además la importancia de reducir la volatilidad de tasas y del tipo de cambio, acumular reservas y avanzar en la remonetización de la economía. A su vez, destacaron que las reformas estructurales pueden aportar previsibilidad al sector privado y ser determinantes para la inversión de largo plazo, la creación de empleo de calidad y la recuperación de los salarios reales.
BBVA coincide en ese diagnóstico y proyecta para 2026 un aumento de la inversión del 9,2%, lo que la convertiría en el principal motor del crecimiento. En la misma línea, la economista de Econviews, Pamela Morales, remarcó que "el crecimiento ahora depende de cuestiones estructurales" y que salir del estancamiento de más de una década exige reformas profundas, con un rol clave del Congreso en los próximos meses.
Así, el desempeño de la inversión frente a la política macroeconómica y la capacidad del Gobierno para avanzar con las reformas reclamadas por el sector privado será determinante para definir la velocidad de crecimiento en 2026. Del otro lado, la fragilidad del empleo, los salarios reales y el consumo aparece como el principal límite al optimismo del mercado.