La crisis venezolana reordena el tablero petrolero y enciende alertas sobre Vaca Muerta

La intervención de Estados Unidos en Venezuela suma volatilidad al mercado del crudo. El foco está en la evolución de los precios y en cómo puede impactar, a mediano plazo, sobre las inversiones y las exportaciones energéticas de la Argentina.

La remoción de Nicolás Maduro del poder tras el operativo impulsado por Estados Unidos sacudió el escenario geopolítico y trasladó la incertidumbre al corazón del mercado energético global. Más allá del impacto político, el episodio reactivó debates económicos que también atraviesan a la Argentina, en un contexto en el que el sector energético se convirtió en uno de los principales motores de ingreso de divisas.

La preocupación no es menor: entre enero y noviembre, la balanza comercial energética acumuló un superávit de US$6.911 millones, un 43% más que en el mismo período del año anterior, de acuerdo con estimaciones de la consultora Economía y Energía. Con exportaciones en alza y una fuerte dependencia del desempeño de Vaca Muerta, cualquier alteración en el precio internacional del petróleo es seguida de cerca por el Gobierno y por las empresas.

En el sector coinciden en que el impacto del giro político en Venezuela debe analizarse en dos tiempos. En el corto plazo, se espera un período de fuerte volatilidad, típico de los procesos de transición, hasta que haya mayor claridad sobre el rumbo productivo del país caribeño y su peso en la oferta global. En ese marco, Donald Trump anunció que el nuevo gobierno venezolano, encabezado por Delcy Rodríguez, entregará a Estados Unidos entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo.

Venezuela sigue siendo un actor central del sistema petrolero mundial: concentra las mayores reservas probadas del planeta, con unos 303.000 millones de barriles, cerca del 20% del total global. Sin embargo, su producción se desplomó en la última década y hoy se ubica por debajo del millón de barriles diarios, como consecuencia del deterioro de la infraestructura y la falta de inversiones. Según la consultora Rystad Energy, para que el país alcance una producción de 3 millones de barriles por día recién hacia 2040, será necesario desembolsar unos US$183.000 millones a partir de 2026.

Ese dato es clave para entender por qué, al menos en el corto plazo, no se espera un shock inmediato de oferta. De hecho, los primeros movimientos del mercado mostraron reacciones acotadas: el Brent se mantiene en torno a los US$60 por barril, luego de una suba inicial tras el operativo estadounidense y una posterior corrección a la baja. La tendencia descendente ya venía de antes: en 2024 el precio promedio rondó los US$80, mientras que en 2025 se sostuvo apenas por encima de los US$60, una caída cercana al 20% interanual.

"En el corto plazo no veo una baja adicional de precios, porque cualquier aumento de producción venezolana será gradual y no en volúmenes que alteren el mercado internacional", explicó Daniel Dreizzen, director de Aleph Energy y exsecretario de Planeamiento Energético. Para el mediano y largo plazo, en cambio, los analistas proyectan que el barril podría acercarse a los US$55 si se consolida una mayor oferta global.

Ese escenario abre interrogantes para Vaca Muerta. En la consultora Paspartú advirtieron que una suba transitoria de precios, impulsada por la incertidumbre, podría acelerar inversiones en el corto plazo, pero que un Brent más bajo en el tiempo tendería a enfriar los planes de expansión y exportación.

Hoy, la Argentina produce cerca de 857.700 barriles diarios de petróleo y 122,3 millones de metros cúbicos de gas por día, según datos oficiales de noviembre. Cerca del 70% de ese volumen proviene de Vaca Muerta, lo que explica la sensibilidad del país frente a cualquier cambio en el mercado internacional.

Dentro del Gobierno, el análisis se centra en la rentabilidad. Funcionarios del área energética remarcan que el crudo venezolano es mayormente pesado y requiere precios más altos -en torno a los US$80- para ser rentable, mientras que el shale neuquino puede sostenerse con valores cercanos a los US$40 por barril. Bajo esa lógica, mientras el precio no caiga por debajo de ese umbral, el desarrollo de Vaca Muerta seguiría siendo atractivo.

No obstante, reconocen que los precios bajos complican al petróleo convencional, motivo por el cual se acordó con Neuquén, Chubut y Santa Cruz la eliminación de las retenciones para ese segmento, una medida que comenzaría a regir en enero.

Las empresas comparten el diagnóstico general. Si bien descartan un vuelco abrupto del escenario global, admiten que un petróleo más barato reduce márgenes, frena inversiones y obliga a recalcular tiempos. Además, señalan un problema estructural: los costos locales siguen siendo entre 25% y 30% más altos que en Estados Unidos, lo que exige ganar competitividad, ajustar estructuras y priorizar proyectos con mayor eficiencia.

Con la mirada puesta en Venezuela, el consenso en la industria es que cualquier recuperación productiva será lenta. La infraestructura dañada y la magnitud de las inversiones necesarias anticipan un proceso de estabilización que podría extenderse durante los próximos cuatro o cinco años. Mientras tanto, Vaca Muerta seguirá atada a una variable clave: el precio internacional del crudo y su capacidad para sostener el ciclo inversor que hoy impulsa al sector energético argentino.

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