Importaciones en retroceso: caen casi 12% y se acumula stock en depósitos

Las compras externas cayeron casi 12% en el primer bimestre y la mercadería se acumula en depósitos fiscales y zonas francas. El fenómeno reduce la demanda de divisas, pero genera preocupación en la industria por la caída de insumos y bienes de capital.

Después de varios meses de fuerte expansión, las importaciones argentinas comenzaron 2026 con señales claras de desaceleración. El cambio de tendencia abre interrogantes sobre el comportamiento del comercio exterior en un contexto de recuperación económica desigual.

De acuerdo con un informe del Centro de Investigación en Negocios y Exportación (CIEN), en febrero las importaciones registraron una caída interanual del 11,8%. La baja estuvo impulsada principalmente por una fuerte reducción en las cantidades compradas en el exterior.

En el acumulado del primer bimestre, las compras externas alcanzaron los u$s 10.231 millones, lo que representa un retroceso del 11,9% frente al mismo período de 2025.

El dato marca un giro respecto de la dinámica que predominó durante 2024 y gran parte de 2025, cuando la normalización del acceso al mercado de cambios, la recomposición de inventarios y las expectativas de recuperación económica habían estimulado el ingreso de productos importados.

Depósitos saturados y mercadería sin rotación

El enfriamiento de las importaciones comenzó a reflejarse con fuerza en los depósitos fiscales y las zonas francas del país, donde se acumula mercadería que no logra salir al mercado. Operadores logísticos describen la situación como depósitos "a tope y sin rotación".

En condiciones habituales, un producto permanece entre 30 y 40 días en un depósito fiscal antes de ser nacionalizado o trasladado. Actualmente ese plazo se volvió incierto y, en algunos casos, la mercadería puede quedar almacenada hasta un año.

El sistema está pensado como un espacio de tránsito rápido. A partir de los 15 o 30 días los costos de almacenamiento comienzan a aumentar para incentivar la salida de la carga. Por eso, cuando el movimiento se detiene, la explicación suele ser directa: si los productos no salen, es porque no se están vendiendo.

Gran parte de esta acumulación responde al fuerte proceso de recomposición de stocks que realizaron muchas empresas durante 2024 y 2025, cuando aprovecharon la mayor disponibilidad de divisas para adelantar importaciones.

Costos logísticos y una paradoja para los importadores

La saturación también impacta en los costos. En promedio, el almacenamiento en zonas francas ronda los $450 por metro cúbico, mientras que en depósitos fiscales puede superar los $600.

Además, los plazos de permanencia difieren significativamente. En los depósitos fiscales la mercadería puede permanecer 15 días hábiles, prorrogables por otros 15. Si no se retira en ese lapso, entra en situación de rezago. En cambio, en zona franca el almacenamiento puede extenderse hasta cinco años.

Este esquema genera un dilema para muchas empresas. Para retirar la mercadería del depósito fiscal deben nacionalizarla, lo que implica pagar impuestos y trasladarla luego a depósitos privados, donde los costos suelen ser aún mayores. Al mismo tiempo, asumen el riesgo de acumular stock que podría tardar meses en venderse.

El problema no se limita al área metropolitana: operadores del sector aseguran que la saturación se replica en distintas regiones del país. En paralelo, vuelve a aparecer un reclamo histórico del sector logístico: la falta de infraestructura y el bajo aprovechamiento de las zonas francas, en contraste con el desarrollo que tienen en países vecinos como Uruguay.

Caída en insumos y bienes de capital

El informe del CIEN también muestra que la contracción de las importaciones no fue uniforme entre los distintos rubros.

La mayor baja se registró en combustibles y lubricantes, con una caída del 36,8%, impulsada en parte por el crecimiento de la producción energética local, especialmente en Vaca Muerta.

También se observaron retrocesos significativos en categorías vinculadas a la actividad productiva: piezas y accesorios para bienes de capital (-24,9%), bienes de capital (-17,6%) y bienes intermedios (-4,1%).

En contraste, los bienes finales mostraron descensos más moderados. Las importaciones de vehículos automotores cayeron 5,7%, mientras que los bienes de consumo retrocedieron 3%.

Según el análisis del CIEN, este comportamiento sugiere que el ajuste está más relacionado con una desaceleración de la actividad económica que con un simple reordenamiento comercial. La caída en insumos industriales podría anticipar menor dinamismo productivo en los próximos meses.

La clave: se compran menos productos

Uno de los aspectos centrales del informe es que la caída de las importaciones se explica principalmente por el volumen de compras y no por una baja de precios.

Mientras los precios de importación subieron 3,7%, las cantidades importadas se redujeron 14,9%. Esto indica que el descenso responde a una menor demanda interna.

También se observa una desaceleración en las compras al exterior realizadas a través de courier y correo internacional. Tras alcanzar un pico de u$s 105,4 millones en diciembre de 2025, el volumen cayó a alrededor de u$s 90 millones durante enero y febrero de este año.

Para Gustavo Scarpetta, especialista en comercio exterior y director del CIEN, el cambio de tendencia responde a una combinación de factores: la caída de la demanda interna, el final del ciclo de reposición de stocks y las altas tasas de interés, que encarecen el financiamiento de las importaciones.

A esto se suma la postergación de proyectos de inversión, reflejada en la menor compra de bienes de capital.

En contraste, los bienes de consumo muestran una caída más leve, impulsados por segmentos de ingresos más altos que continúan demandando productos importados, desde alimentos hasta tecnología.

Tres escenarios posibles

A partir de los datos del primer bimestre, el informe concluye que el ciclo de fuerte expansión de las importaciones comenzó a agotarse, aunque todavía no se observa una caída abrupta.

Hacia adelante, la evolución dependerá del comportamiento de la actividad económica y del acceso al crédito. En ese marco, el CIEN plantea tres escenarios posibles: una estabilización en un nuevo nivel de importaciones, una caída más pronunciada si la economía se desacelera o un repunte condicionado a la recuperación de la inversión y la demanda interna.

En cualquier caso, los datos sugieren un cambio de etapa: el comercio exterior deja atrás la fase expansiva que siguió a la normalización del mercado cambiario y entra en un período más selectivo, en el que el ritmo de las importaciones estará cada vez más ligado a la dinámica real de la economía.


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