Inflación en mínimos de ocho años: los desafíos que separan al Gobierno del "IPC en cero"

Tras cerrar 2025 con una suba de precios del 31,5%, el Ejecutivo exhibe una fuerte desaceleración frente a los picos heredados. Sin embargo, el nuevo esquema cambiario, la corrección de tarifas y las expectativas del mercado ponen en duda una baja tan rápida como la que promete Milei.

La inflación argentina terminó 2025 con una suba acumulada del 31,5%, luego de que diciembre marcara un 2,8% mensual. El dato dejó un registro interanual del 31,5%, el más bajo desde mediados de 2018 y el menor para un cierre de año desde 2017. El contraste con los años previos es contundente: implica una reducción de casi 86 puntos respecto del cierre de 2024 y de más de 179 puntos frente al final de 2023, cuando la dinámica inflacionaria superaba el 200% anual.

El mercado proyecta una inflación para 2026 que duplica la meta oficial

Aunque la desaceleración fue clara, sobre todo en la primera parte de la gestión de Javier Milei, en el segundo semestre la baja perdió velocidad. Aun así, el Gobierno logró llevar la inflación al menor nivel de los últimos ocho años, en un contexto de fuerte ajuste fiscal, freno monetario y mayor estabilidad cambiaria.

La meta de 2026 y el "cero" de Milei

El Presupuesto 2026 prevé una inflación anual del 10,1%, una proyección que en el mercado es vista como muy optimista, aunque la mayoría de los analistas coincide en que el proceso desinflacionario seguirá, con episodios de volatilidad. El propio Milei reiteró que hacia agosto el Índice de Precios al Consumidor -que desde este mes tendrá cambios metodológicos del INDEC- debería empezar "con cero".

La inflación anual de 31,5% confirma la desaceleración y anticipa un escenario incierto para 2026

Desde Fundación Mediterránea, sin embargo, advirtieron que para cumplir con ese objetivo la inflación acumulada de aquí a agosto debería ser de apenas 0,8% mensual, un ritmo que hoy luce muy lejos de las previsiones privadas. 

Para enero, las primeras proyecciones anticipan un nuevo paso en la desaceleración, en buena medida explicado por la baja en alimentos. Adcap y EcoGo la estiman en 2,3%, mientras que Analytica la coloca levemente por encima, en 2,4%.

El rol del dólar y las reservas

Una de las claves del año será el nuevo esquema cambiario. Las bandas de flotación se actualizarán según la inflación de dos meses atrás, lo que implica que en febrero se abrirán a un ritmo del 2,8% mensual. Para algunos economistas, este mecanismo evita una devaluación discreta, pero puede introducir cierta inercia en los precios y ralentizar la desinflación.

Desde Fundación Mediterránea señalaron que la inflación implícita en los bonos atados al CER subió del 22% al 28% anual para 2026, una señal de que el mercado descuenta un proceso más gradual. Esa métrica sugiere una inflación promedio cercana al 2,2% mensual en el primer semestre del año, con una baja hacia alrededor de 1,9% en la segunda mitad.

La acumulación de reservas aparece como otro factor decisivo. Si la demanda de dinero crece por encima de lo previsto y alcanza el 5,4% del PIB -un punto más que a fines de 2025-, la inflación podría converger a una zona de 18%-19% anual, con margen para que el Banco Central compre hasta unos 9.500 millones de dólares, según cálculos de Mediterránea.

Precios regulados y correcciones pendientes

Aun con el freno inflacionario, la economía enfrenta ajustes que podrían presionar sobre el IPC. Consultoras como MAP advierten que todavía queda una corrección relevante en tarifas y precios regulados, con mayor impacto en los sectores de ingresos medios. A eso se suman cambios en el esquema impositivo -con bajas en algunos tributos y subas en otros-, la reducción de la informalidad y una eventual recomposición salarial en el sector formal.

Desde FIEL agregaron que la inercia en los servicios y estos ajustes pendientes hacen que una convergencia rápida a una inflación de un dígito anual sea poco probable en el corto plazo. La apertura comercial, que permite el ingreso de productos importados más baratos, puede ayudar a contener algunos precios, pero no equivale a un proceso de deflación sostenida.

En ese escenario, la Argentina de 2026 se encamina a seguir bajando la inflación, pero con un camino más largo y accidentado que el que promete el discurso oficial. El "cero" en el IPC, al menos por ahora, sigue siendo más una aspiración política que una proyección compartida por el mercado.

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