Un "Netflix" de empanadas: Cuando el propósito se vuelve modelo de negocio
En EntornoPyme, Damián Santiago contó cómo Milunita nació de una experiencia personal y se transformó en un proyecto que convierte consumo en compromiso.
Hay entrevistas que informan, otras que inspiran y algunas -las menos- que obligan a detenerse y repensar el sentido mismo de emprender. La conversación con Damián Santiago, fundador de Lunita, en el programa EntornoPyme (Sábados de 10 a 12 hs, por Radio Post FM), pertenece claramente a este último grupo. No solo por la historia que da origen al proyecto, sino porque interpela una idea profundamente arraigada en el mundo de los negocios: la de que todo se define por el precio y el producto.
Lunita nació en Logroño, España, pero tiene acento argentino. Damián es oriundo de Olavarría, provincia de Buenos Aires, y lleva más de dos décadas viviendo en Europa. Emprendedor desde joven, con experiencia en ventas y distintos proyectos, asegura que su motivación por crear negocios siempre estuvo presente. Sin embargo, nada de lo anterior anticipaba que su emprendimiento más significativo surgiría de una experiencia tan íntima como transformadora: la paternidad.
Jimena, su hija, tiene una discapacidad intelectual poco frecuente. En España existen apenas unos cuarenta casos registrados de su síndrome y alrededor de cuatrocientos en todo el mundo. "Uno aprende a convivir con una realidad compleja", explicó Damián en la entrevista. A las dificultades cotidianas se suma una pregunta inevitable: ¿qué pasará con nuestros hijos cuando ya no estemos?
Esa inquietud fue el verdadero punto de partida de Lunita.
De la preocupación personal al proyecto colectivo
Antes de Lunita, Damián había dejado atrás otro emprendimiento -una granja de huevos ecológicos- tras ocho años de esfuerzo. A los 48 años, volvió a encontrarse en el lugar incómodo pero fértil que conocen muchos emprendedores: el momento de replantearse todo. Con una diferencia sustancial: ahora el motor no era solo profesional, sino profundamente humano.
El primer objetivo fue claro: crear un negocio que, en el futuro, pudiera garantizar ingresos a su hija, más allá de las ayudas estatales. "En España, una persona con discapacidad puede recibir alrededor de 400 euros de por vida. Nadie puede vivir con eso", explicó Santiago, con una crudeza que no busca provocar, sino evidenciar una realidad poco discutida.
Así surgieron proyectos previos, vinculados a la venta de productos con alto contenido simbólico, experiencias de formación y una comunidad digital alrededor del "Club de Fans de Jimena". Pero faltaba algo. "Estábamos alimentando el espíritu, la mente... y nos faltaba alimentar el estómago", relató entre risas. Y ahí apareció la idea más simple y, a la vez, más potente: empanadas.
El "Netflix de las empanadas"
Lunita no vende empanadas de manera tradicional. Su propuesta es una membresía mensual, un formato que Damián define como "el Netflix de las empanadas": las personas se suscriben y reciben en sus casas una caja de empanadas argentinas artesanales, elaboradas con una receta familiar, enviadas mediante transporte refrigerado a toda España.
Pero eso es solo la superficie.
Cada envío incluye una carta, un mensaje cuidadosamente pensado, a veces emotivo, a veces reflexivo, y siempre humano. También hay pequeños regalos sorpresa y acceso a contenidos exclusivos. "Es una experiencia completa", explicó su fundador. El objetivo nunca fue competir en precio, sino en significado.
Y ahí aparece una de las frases más contundentes de la entrevista:
"Lo difícil no es hacer las empanadas más ricas de España. Lo difícil es vender compromiso."
Porque Lunita no propone una compra ocasional, sino una decisión sostenida en el tiempo. Suscribirse implica acompañar un proyecto, sostener empleo, participar de una misión. Y eso, reconoce Damián, no es fácil de explicar ni de vender.
Precio, valor y propósito
Durante la charla, el conductor del programa -Gabriel Piconero- puso sobre la mesa una tensión habitual: el precio. Damián no esquivó el tema. Al contrario. Admitió que, si se compara empanada por empanada, Lunita puede parecer "cara". Incluso contó que han recibido críticas e insultos en redes sociales acusándolos de abuso.
Pero la respuesta fue tan simple como profunda: comparar solo el producto es perder de vista el valor total. Detrás de cada empanada hay un obrador real, logística refrigerada, acompañamiento profesional, inclusión laboral y un propósito explícito: generar empleo digno para personas con discapacidad intelectual.
"Esto es un negocio", aclaró con firmeza. "Y si no es sostenible económicamente, todo el propósito se cae." Esa claridad es, quizás, una de las mayores fortalezas del proyecto: no romantiza el impacto social, pero tampoco lo subordina al beneficio inmediato.
Eloy, el primer objetivo
Milunita tiene una meta concreta y visible: alcanzar los primeros 100 suscriptores para contratar a Eloy, un hombre con autismo, amigo de Damián, que hace años no consigue empleo estable. Al momento de la entrevista, la membresía ya superaba las 60 personas, con un crecimiento notable en las últimas semanas.
Eloy no es una estadística ni un eslogan. Es una persona real, con nombre, historia y expectativas. "Me llama todos los días para saber cuándo empieza a trabajar", contó Damián. Esa urgencia, lejos de paralizar, funciona como motor.
El proyecto tiene inversores, equipo de trabajo, planificación y objetivos de expansión. Pero nunca pierde de vista su eje: el empleo como forma de dignidad.
Emprender desde la fragilidad
Uno de los momentos más intensos de la entrevista llegó cuando se habló del cansancio, del miedo y de la carga emocional. Criar a una adolescente con discapacidad implica esfuerzo permanente, estrés y situaciones difíciles. Damián no idealizó nada. Habló de heridas, de episodios duros, de días complejos.
Pero también habló de lo otro: de la empatía que despierta su hija, de la capacidad de conectar con desconocidos, de frases inesperadas que se transforman en poesía cotidiana. "Hay que unir puntos", dijo. Ver la dificultad, pero también la belleza que emerge de ella.
En ese cruce entre vulnerabilidad y acción aparece Lunita. No como una solución mágica, sino como una respuesta posible.
Un mensaje que trasciende fronteras
La entrevista cerró con una reflexión que resume el espíritu del proyecto: no se trata solo de ayudar, sino de dejar de ser indiferentes. Las personas con discapacidad no necesitan ser "incluidas", porque ya están en la sociedad. Necesitan oportunidades reales, participación, trabajo.
Lunita es, en ese sentido, un experimento vivo. Un emprendimiento que combina negocio, comunidad y propósito. Que no evita la complejidad, pero tampoco se resigna a ella.
En EntornoPyme, esta historia encontró el espacio para ser contada sin recortes. Y dejó una certeza que resonó más allá del aire radial: cuando el emprendimiento nace del compromiso, el impacto no es marketing; es transformación real