Petróleo en tensión: Irán, Venezuela y el nuevo desafío para Vaca Muerta
Los conflictos en Medio Oriente y el incierto futuro del crudo venezolano reconfiguran el mercado energético global. Para la Argentina, que ya logró un superávit de casi US$ 7.000 millones, el escenario combina más dólares con mayores riesgos.
La dinámica del mercado petrolero volvió a acelerarse por razones políticas antes que económicas. La inestabilidad en Irán y el proceso todavía incierto de Venezuela pusieron nuevamente al crudo en el centro del tablero global, con impactos directos para países como la Argentina, que en 2025 cerró un superávit energético cercano a los US$ 7.000 millones y convirtió al sector en una de las principales fuentes de divisas.
Ese cambio estructural -más exportaciones y menos dependencia de importaciones- fortalece a la economía, pero también la expone a un mercado cada vez más sensible a los shocks geopolíticos. El precio del petróleo ya no responde solo a la oferta y la demanda: también se mueve por conflictos, sanciones y expectativas.
El nuevo escenario comenzó a tomar forma el sábado 3 de enero, cuando se conoció que Estados Unidos había detenido a Nicolás Maduro. El eventual cambio de régimen en Venezuela reavivó las especulaciones sobre un retorno del petróleo venezolano al mercado internacional. Sin embargo, según un informe de Criteria Research, el dato más relevante fue que el precio del crudo prácticamente no se movió. El mercado asumió que, aun con un giro político, la recuperación de la producción venezolana llevaría años, debido al deterioro de la infraestructura, la pérdida de capital humano y la debilidad institucional de PDVSA.
La calma duró poco. Días después, la crisis en Irán reconfiguró el escenario y el petróleo saltó más de 4%. El foco volvió a Medio Oriente y, en particular, al Estrecho de Ormuz, por donde pasa alrededor del 20% del petróleo que se consume en el mundo. En este caso, no hace falta un bloqueo efectivo: la sola amenaza alcanza para que el mercado incorpore una "prima geopolítica" por el riesgo de sanciones, ataques, seguros más caros y mayores costos logísticos.
Esa volatilidad también se reflejó en la Bolsa. Las acciones de YPF, Vista y Pampa Energía cayeron con fuerza un día y rebotaron al siguiente, siguiendo las novedades que llegaban desde Teherán. Al mismo tiempo, el Banco Central monitoreaba de cerca el precio del crudo mientras compraba dólares -US$ 62 millones en una sola jornada- para reforzar las reservas.
Para la Argentina, un barril más caro tiene efectos contrapuestos. Por un lado, mejora los ingresos por exportaciones y consolida el superávit energético en un momento en que los dólares son escasos. Por otro, encarece los combustibles, presiona los costos internos y complica la batalla contra la inflación si el Gobierno intenta frenar el traslado a precios. El petróleo alto trae más divisas, pero también más inestabilidad.
Vaca Muerta y los límites del impacto externo
Juan José Aranguren, ex ministro de Energía y ex CEO de Shell, relativiza la influencia del eventual regreso de Venezuela. Señala que el futuro de Vaca Muerta depende más de factores internos -reglas claras, estabilidad regulatoria y costos competitivos- que de lo que ocurra en Caracas. Además, subraya una diferencia técnica clave: el crudo venezolano es pesado y extrapesado, mientras que el shale argentino es mayormente liviano, lo que reduce la competencia directa. Incluso con un cambio político, advierte, la producción venezolana tardaría años en recomponerse y requeriría inversiones muy grandes.
Desde una mirada más cauta, el consultor Daniel Gerold sostiene que el caso venezolano es más geopolítico que petrolero. A su juicio, PDVSA no está hoy en condiciones de sumar barriles en el corto plazo, por lo que los movimientos de precios responden más a expectativas que a cambios reales de oferta. "El petróleo venezolano sigue siendo una promesa, no una realidad operativa", resume.
En conjunto, Irán y Venezuela dibujan un escenario ambiguo para la Argentina. Una escalada en Medio Oriente puede impulsar el precio del crudo y fortalecer el ingreso de dólares. Una normalización venezolana podría moderarlo en el mediano plazo, aunque sin efectos inmediatos. En ambos casos, Vaca Muerta queda en el centro de la estrategia.
La oportunidad existe: transformar recursos energéticos en divisas y consolidar un pilar del frente externo. Pero no depende solo de lo que ocurra bajo el subsuelo. También está atada a la capacidad de sostener reglas de juego previsibles y de navegar un mercado global donde el petróleo puede subir o bajar tanto por una crisis en Teherán como por un giro político en Caracas.