Inflación, índice y endeudamiento: el diagnóstico de Carlos Ponce sobre los límites del plan económico
En Radio Post, el economista analizó la desaceleración de precios de enero, criticó la decisión oficial de no actualizar el IPC, advirtió por el peso de los servicios y el costo financiero de las tarjetas, y sostuvo que la baja inflacionaria y la recuperación "van a ser procesos largos".
La inflación volvió a colocarse en el centro del debate económico y político, y fue el eje de la columna del economista Carlos Ponce en el programa "A pesar de las llamas" por Radio Post. En diálogo con Marcelo Arce, el analista repasó las primeras estimaciones privadas de enero -que ubican el índice en torno al 2,4%- y describió un escenario de desaceleración gradual, aunque con obstáculos estructurales que, a su juicio, explican por qué el Gobierno todavía no logra quebrar el piso del 2%.
Recordó que los precios habían acelerado de manera persistente desde abril del año pasado hasta diciembre y que ahora tanto las consultoras como el Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central anticipan una moderación en los próximos meses. Sin embargo, fue cauto frente a las metas oficiales: "Yo creo que va a ir para abajo y va a perforar el dos después del primer trimestre, pero no sé si va a llegar a que comience con cero como quiere el Presidente en julio o agosto. Es muy difícil de pronosticar".
Para Ponce, el debate en torno a la medición del índice de precios terminó de tensar la discusión pública. El economista fue particularmente crítico con la decisión oficial de no aplicar todavía la nueva canasta del Indec, que incorporaba ponderaciones más recientes y mayor peso de los servicios. "Esto estaba anunciado desde septiembre, se había presentado con el Fondo Monetario y se dijo que se iba a aplicar en enero. Que ahora digan que nunca lo quisieron hacer me parece una torpeza", sostuvo.
La canasta del INDEC y la inflación cotidiana
Aunque aclaró que no observa una manipulación directa de los datos -"no estamos en la época de Moreno, no están truchando los números"-, consideró que la marcha atrás responde a una decisión política que deja al Gobierno expuesto. "Es muy polémica y los deja mal parados desde el punto de vista de la imagen en el manejo de las estadísticas", agregó.
Ponce explicó que la canasta actual se basa en relevamientos de 2004 y 2005, cuando los bienes tenían mayor peso que los servicios, un dato que hoy resulta clave porque las tarifas, los combustibles, la salud y otros rubros regulados siguen ajustándose. "Ahora suben más los servicios, entonces no les conviene", sintetizó, aunque relativizó el impacto que habría tenido el cambio: "Con la nueva medición tampoco es que se iba a disparar la inflación: capaz que en vez de 2,4 daba 2,7".
También se detuvo en cómo se construye técnicamente el índice. Recordó que se trata de encuestas extensas a 45.000 hogares en todo el país, que en Mendoza alcanzan a unos 2.000, y que demandan más de un año de trabajo. De allí, subrayó, surge un promedio general que no siempre coincide con la experiencia individual: "Cada uno sabe cuánto le subió en su gasto mensual. No hay que darle al índice más importancia que esa. Sirve como un indicador general, para ver la tendencia".
En ese punto introdujo uno de los ejes centrales de su análisis: la brecha entre el dato oficial y la llamada "inflación de bolsillo". Según explicó, no sólo pesa lo que ocurre en el supermercado, sino sobre todo el encarecimiento de los servicios y del financiamiento. Citó un relevamiento privado que muestra que la mitad de los hogares recurre a algún tipo de deuda para llegar a fin de mes, y que dentro de ese grupo, el 50% se financia con tarjeta de crédito.
Endeudamiento, tarifas y expectativas
El economista fue particularmente duro al describir el funcionamiento del crédito al consumo. "Salvo el circuito informal, lo más caro que hay hoy es la tarjeta, y encima no tiene transparencia", afirmó, y reclamó que los resúmenes detallen con mayor claridad los intereses cobrados. "La mayoría de la gente no sabe cuánto pagó de tasa el mes pasado", señaló.
Como ejemplo, explicó que una deuda de $4 millones puede terminar convertida en $6,5 millones tras una refinanciación. "Es un crédito carísimo, casi el doble de lo que paga un plazo fijo", sostuvo, y agregó que esas operaciones además reducen el límite disponible: "Te sacan todo del disponible y la tarjeta te queda prácticamente bloqueada".
En el plano macroeconómico, Ponce retomó la explicación oficial que atribuye la inflación a la emisión monetaria y reconoció que se trata de un enfoque con respaldo teórico. "Eso es Milei. La inflación es emisión monetaria y tiene base", afirmó. Sin embargo, advirtió que el Gobierno se enfrenta a un problema heredado: la corrección de los precios relativos. "Al final del gobierno anterior se pagaba el 30% del costo real de las tarifas. Ahora se están ajustando y eso pega en el índice", explicó, y vinculó ese proceso con la dificultad para perforar el piso del 2%.
A esa dinámica sumó el peso de las expectativas y la historia inflacionaria del país. "En la Argentina va a pasar tiempo para que dejemos de tener miedo. Cada movimiento genera cobertura de precios y eso demora", sostuvo, antes de proyectar una recuperación más lenta de lo que sugiere el discurso oficial: "La inflación va a bajar y el crecimiento va a venir, pero despacio. En el medio, la gente la va a seguir pasando igual".
También conectó esa cautela con el clima político y la llegada de inversiones. "Los mercados ya empiezan a discutir si Milei sigue o no después del 2027. Antes de poner plata se preguntan quién va a gobernar", advirtió. En la misma línea ubicó el blanqueo de dólares fuera del sistema: "Aunque esté la ley y la reglamentación, mucha gente dice ‘voy a esperar'. Todo esto va a ser lento".
Sobre el cierre, Ponce extendió esa lógica a una eventual reforma laboral. Aun si se aprueba en el Congreso, anticipó, los efectos no serían inmediatos: "No es que mañana todos los empresarios van a salir a registrar empleados. Va a ser un proceso extremadamente lento".