La verdad: ¿Por qué protestan los productores de uva del Este?
Un testimonio dentro del reclamo aclara los motivos por los cuales se movilizaron al centro mendocino. Detrás está el diagnóstico terminal de los viñedos.
Cada cosecha de uva pone en evidencia una crisis en el sector vitivinícola, es inevitable. Y cada reclamo de los productores entra en la categoría de la puja por el precio de la uva. O sea, cada protesta de agricultores que se traslada desde las áreas productivas tiene que ver con el bajo precio de la vid y/o con el excedente del fruto por la baja demanda de parte de la industria. Es como una letanía clásica de la época de vendimia.
Ahora bien, en tiempos en que los fenómenos de consumo se transforman en globales, las tendencias se expanden por los continentes de un modo veloz y está claro que el consumo de bebidas alcohólicas es mundial y eso repercute en la relación de los viñateros con las bodegas porque el clima es de supervivencia en la llamada industria madre evidencia un proceso de decaimiento.
En ese contexto se produjo el reclamo de ayer, martes 10. La convocatoria no fue numerosa, no hubo caravanazo, pero sí hubo intención de explicar con algún detenimiento el argumento de los dueños de las plantaciones.
Hay un trasfondo que los protestantes ahora muestran con tono de punto límite. Es un diagnóstico que le pone un límite a sus actividades agrícolas en el futuro. "Hay que erradicar 70 mil hectáreas y son precisamente la mayoría de la zona Este, eso nos dijo el ministro (Rodolfo) Vargas Arizu", me advirtió como una conclusión de su idea el productor Leandro Ripamonte, que había llegado desde Junín a la explanada de la Legislatura.
Ver: La alianza que pudo evitar que hoy la uva se pudra en los parrales
Así planteó la encerrona en que se encuentran, más allá del bajo precio de la uva, sino que puso el foco en que no hay intención de buscar alternativas para sostener la economía rural sin tener que arrancar las vides por la baja demanda de vino.
Ripamonti apunta a las malas políticas argentinas de no abrir los mercados y además subraya que la economía deprimida ha conspirado contra el consumo interno. Por lo que postuló que es demasiado simple llegar a la conclusión de la erradicación de las vides sin tener otros planes, como la búsqueda de nuevos mercados con otros productos vitivinícolas como el mosto para endulzar bebidas de alto consumo como las gaseosas.
%uD83C%uDF47 Productores en alerta
— Memo (@memodiario) February 10, 2026
Desde la Legislatura, Leandro (productor de Junín) desmiente el supuesto "sobrestock" de vino y critica la falta de políticas de exportación que hoy asfixian a la Zona Este de Mendoza. pic.twitter.com/Buy4OCBNIf
El reclamo en "on"
Esta tres declaraciones de Ripamonte es el pensamiento en común de los finqueros, contratistas, viñateros y los pequeños productores de vino que se convocaron en el centro mendocino.
Los pueblos y la uva. "Siempre ha sido la principal economía de la provincia, sin lugar a dudas. Ahora es como que quieren pasarla a una industria más, como dijo en su momento el ministro de la Producción y nosotros le queremos decir al ministro que eso no es cierto, que hay muchos pueblos que viven de la vitivinicultura, sobre todo en la zona de donde soy yo, de San Martín, Junín, Rivadavia, pueblos como Chapanay, Nueva California que básicamente si hacen caso a lo que dice el ministro, que se tienen que erradicar 70 mil hectáreas de producción para equilibrarse el mercado, lo cual no es cierto, quedarían los pueblos fantasmas. Imagínese lo que costaría volver a emplear a esa gente en otro oficio, que tiene el nivel de conocimiento. No es fácil invertir en una viña; lleva como cinco años de inversión y de un día para el otro no se puede erradicar y plantar otra cosa como se está tratando de instalar en la opinión pública".
Ver: El fin de una era: Mendoza ante el desafío de arrancar 70.000 hectáreas
Qué hacer. "Lo que tenemos que hacer es una buena matriz productiva que tenemos para replantear de cara al futuro, buscar los mercados que corresponden, que no es culpa nuestra, sino falta de los gobiernos anteriores donde no han bajado aranceles con la exportación; en el mercado interno tiene que haber buenas políticas para que se recupere el salario, para volver a recuperar esos consumidores que sí existen, pero que lamentablemente no llegan a fin de mes. Así no podemos vender los vinos que hay en stock, lo cual no es cierto cuando dicen que hay sobrestock; solo hay seis meses de sobrestock, lo cual no es mucho".
Lo que faltó, el ejemplo chileno. "El mercado, en base a las perspectivas, podría apegarse un poco más al valor de lo que es la uva para cubrir los costos de producción. Ha bajado el consumo a nivel mundial, pero tenemos que saber que la vitivinicultura argentina siempre tuvo un mercado interno muy importante. Quizás también faltó política exterior, así como un acuerdo con el Mercosur donde tenemos cero arancelamiento en Brasil. Quizás faltó lo que hicieron los chilenos con sus exportaciones. Los chilenos exportan el 80 por ciento de su producción total y solo el 20 por ciento para el mercado interno. Nuestra cuenta era inversa. Quizás faltaron políticas, sobre todo en los años donde supuestamente sobraba uva, donde había sobrestock, para abrir esos canales de exportación; lo cual se han demorado, se han dormido y ahora nos están diciendo que tenemos que erradicar 70.000 hectáreas. Casualmente, las 70 mil hectáreas son las hectáreas de producción que están en Zona Este".