Qué regiones apoyan más la reforma laboral y dónde es más resistida

En las provincias cuyanas predomina una mirada favorable a los cambios en las leyes del trabajo, en contraste con la fuerte resistencia que muestran CABA y el AMBA. La clase media y el segmento de 30 a 65 años, los más críticos del proyecto.

El proyecto de reforma laboral consiguió media sanción en el Senado tras días de negociaciones intensas y ahora se encamina a la Cámara de Diputados en medio de un escenario político tensionado. El Gobierno busca avanzar con una iniciativa que introduce modificaciones en contrataciones, indemnizaciones, banco de horas, licencias y aportes, entre otros puntos clave del régimen laboral.

En ese contexto, un relevamiento nacional de la consultora Pulso Research expone una brecha significativa entre la idea de reforma y el respaldo al texto en discusión. Si bien el 52,6% de los consultados considera que es necesario actualizar las leyes laborales, el apoyo al proyecto concreto desciende al 35,1%, mientras que el 44,6% manifiesta su rechazo.

El dato más relevante para la región es el comportamiento del interior del país. En Cuyo -al igual que en otras zonas alejadas del Área Metropolitana- la predisposición es mayor que en el centro político y económico del país. La resistencia más marcada aparece en la Ciudad de Buenos Aires, donde casi seis de cada diez encuestados se pronuncian en contra. El AMBA, en general, mantiene niveles de rechazo superiores al 58%.

En contraste, en regiones del interior la percepción cambia. El NEA muestra niveles de desacuerdo considerablemente menores, y la Patagonia encabeza el ranking de aprobación, con más del 52% de respaldo al proyecto. En ese mapa, Cuyo se ubica entre los distritos donde el clima social resulta más permeable a la iniciativa oficial.

Qué regiones apoyan más la reforma laboral y dónde es más resistida

La variable etaria también introduce matices. Los extremos de la pirámide -jóvenes de 16 a 29 años y mayores de 65- son los que muestran mayor inclinación a acompañar la reforma, con porcentajes cercanos al 40%. En cambio, el segmento de 30 a 65 años, que concentra la mayor parte de la población económicamente activa, es el que exhibe mayor escepticismo frente a la "letra chica" de la norma.

Por nivel socioeconómico, la resistencia más fuerte se detecta en los sectores medios, donde el 46,7% rechaza el proyecto. En los estratos altos y bajos el respaldo es levemente superior, lo que sugiere que la clase media trabajadora percibe un mayor riesgo en las modificaciones propuestas.

La identificación política también pesa. Entre quienes votaron a La Libertad Avanza en las últimas legislativas, más del 74% acompaña la iniciativa. En el universo de Fuerza Patria, en cambio, el rechazo supera el 84%.

Con la discusión trasladándose ahora a Diputados, el oficialismo enfrenta un desafío central: convertir el consenso abstracto sobre la necesidad de cambios en una adhesión concreta al texto en debate. En distritos como los de Cuyo, donde el humor social aparece más receptivo, el Gobierno encuentra una base de respaldo. Pero en los grandes centros urbanos, especialmente en Buenos Aires, la reforma enfrenta su principal obstáculo político y social.

Esta nota habla de: