Reforma laboral: para Carlos Ponce, el éxito "no se mide por la sanción sino por los resultados"
El economista advirtió en Radio Post que la ley no generará empleo por sí sola y sostuvo que el verdadero examen será si logra reducir la informalidad. Alertó sobre la apertura comercial en paralelo con las reformas y cuestionó el enojo del ministro Caputo con las cámaras empresarias.
En medio del paro sin movilización y las críticas sindicales, el economista Carlos Ponce planteó una mirada menos política y más estructural sobre la reforma laboral. Para él, la discusión no debería centrarse en si el Gobierno logró aprobar la ley, sino en qué efectos concretos tendrá sobre un mercado de trabajo que describió sin eufemismos: "está hecho bolsa".
Ponce pidió correr el foco del "éxito político" y mirar los números. "Cuando se habla de éxito del Gobierno por la sanción de la ley, yo creo que realmente el éxito hay que medirlo por cuando la ley salga y el resultado que tiene. El futuro dirá del éxito de esta ley", afirmó en una entrevista realizada por el programa "A pesar de las llamas" por Radio Post.
Y enseguida puso cifras sobre la mesa. Según la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, hay 9,8 millones de asalariados en el país. De ese total, 6,2 millones están registrados y 3,6 millones trabajan en la informalidad. "Es decir, cada 100 trabajadores asalariados, 64 están en blanco y 36 están en negro", detalló Ponce. A eso se suma un millón de desocupados y más de tres millones de cuentapropistas, un universo heterogéneo donde conviven pequeños comerciantes, oficios y trabajadores independientes.
En ese escenario, la pregunta clave es dónde debería impactar la reforma. Para Ponce, el indicador central será si cambia la proporción entre empleo registrado y no registrado. "Dentro de un año y dentro de dos años estos números deberían cambiar. Si seguimos teniendo 64% de un lado y 36% del otro, la verdad que vamos a tener que decir que la ley no funciona", advirtió.
El economista reconoció que la norma puede generar incentivos para que algunos empleadores blanqueen trabajadores, sobre todo por los beneficios impositivos temporales. Pero insistió en que eso deberá comprobarse con el tiempo: "Hay que tener paciencia. Esto no es para medirlo en la próxima medición".
Lo que descartó de plano es que la reforma, por sí sola, vaya a generar una ola de nuevos puestos de trabajo. "La ley sola no. Lo que va a generar puestos de trabajo es cuando arranque la economía", sostuvo. En su análisis, la norma podría mejorar la relación entre crecimiento y empleo -evitar que haya expansión sin creación de puestos-, pero no puede sustituir la reactivación.
El problema, según explicó, es que esa reactivación todavía no aparece en los sectores más intensivos en mano de obra. Construcción, comercio e industria siguen atravesando dificultades. En el caso industrial, señaló que la baja de precios en algunos productos, como electrodomésticos o indumentaria, tiene un efecto ambivalente: beneficia al consumidor, pero presiona sobre las fábricas locales. "Los sectores industriales que producen estos bienes están sufriendo y están bajando el empleo", remarcó.
A su vez, puso en duda que el crecimiento proyectado en energía, petróleo o minería pueda compensar esa caída en términos laborales. "Para Vaca Muerta se necesita muchísimo capital y proporcionalmente menos empleo", explicó, y concluyó que no es razonable esperar "un boom de empleo" ni "un boom de salario en los próximos dos años".
En ese marco, cuestionó también el orden en que se está implementando el programa económico. Recordó que el presidente había planteado primero reformas para bajar costos y luego apertura comercial. Sin embargo, observó que ambas cosas avanzan en paralelo. "Están haciendo todo en paralelo y eso me parece que está haciendo un daño innecesario", dijo, al señalar que muchas empresas enfrentan competencia externa sin haber completado el proceso de reducción de costos internos.
El enojo de Caputo
La entrevista también derivó en el malestar del ministro de Economía, Luis Caputo, con las cámaras empresarias por no celebrar con entusiasmo la aprobación de la reforma. Ponce relativizó ese enojo y lo vinculó con el contexto recesivo: las empresas pueden valorar cambios regulatorios, pero sin demanda no contratarán más personal.
Pero fue más allá cuando se refirió a declaraciones recientes del ministro sobre el consumo de productos nacionales. "Que diga que jamás compró ropa argentina, dicho por un ministro de Economía de un país, me parece insólito", afirmó.
Para Ponce, el problema no es la elección personal sino el mensaje político que transmite. "Un emprendedor del área textil o un obrero, ¿qué tiene que decir? ‘Soy fiambre'. Si el ministro está diciendo eso, mi sector va a cerrar", lanzó. Y agregó que ese tipo de afirmaciones evidencian una desconexión con la realidad productiva: "Dicho por el ministro es poco empático".
Así, más allá del debate coyuntural, el economista dejó planteada una advertencia de fondo: la reforma laboral será evaluada no por el número de votos que la aprobaron, sino por si logra reducir la informalidad en un mercado laboral deteriorado y en una economía que todavía no arranca.