8 años sin Liliana Bodoc

"Vuelvo en la literatura" dijo una vez Lili, como si supiera que la sombra la esperaba en un costado del camino. Romina Bodoc, heredera del talento de su madre, toma esta idea y nos cuenta su amorosa experiencia del crecer junto a su hermano Galileo.

Imagino un mundo al que todos podamos regresar, y volver, cada vez, embellecidos y solidarios. Rebeldes y espirituales.

Y volver a volver, cuando nos sintamos solos, junto a los otros.

"Pobres de nosotros si olvidamos que somos un telar", nos dijo.

Claro que Liliana también dijo, gritó y clamó otras cosas mundanas, espurias,

aunque no por eso exentas de poesía.

Nosotros asistimos con Galileo a una escuela invisible. Elástica y amorosa.

Desestructurada pero organizada con la inexorable rítmica del amor.

Y sin embargo, las palabras "escuela" e "invisible" parecen contradecirse.

Porque una escuela en su forma institucional, se ve, se toca. Se mide.

Nosotros asistimos, sin saberlo, a otra clase de escuela.

Una que no pedía ser vista ni se presentaba como aleccionadora.

Que se colaba con lo doméstico.

Se inhalaba como un aroma.

Se infiltraba en el corazón.

Pero eso, entonces, no lo sabíamos.

Y aunque las palabras "escuela" e "invisible" parecen contradecirse, creemos que es posible y necesario nombrarlas como nudos de la misma trama.

Una escuela invisible.

No para guiar los saberes, sino para acompañarlos con el oído pegado al pulso de la vida.

Oírlos, a lo lejos, atravesar lo cotidiano como un tropel de caballos salvajes.

Y expandir las fronteras del entendimiento a galope del corazón.

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