Cocinan de madrugada y con leña: así se las arregla una familia en Cuba para sobrevivir al apagón interminable
La isla atraviesa una durísima situación a causa de un virtual "estrangulamiento energético" dispuesto por Donald Trump.
Ileana empezó a cocinar a las 01:40 de la madrugada. A esa hora volvió la luz en La Habana después de un apagón interminable y dio un brinco en la cama para preparar la comida del día siguiente.
La luz se volvió a ir a las 06:00 y no sabe cuándo volverá. "Antes los cortes eran programados. Ahora es a lo loco", afirmó, en una extensa entrevista con TN.
Esa es la realidad que enfrentan millones de cubanos. El país atraviesa un virtual colapso energético debido a la escasez casi total de combustible. Esto ocurrió después de que Donald Trump obligara al nuevo gobierno de Venezuela a cortar el suministro de petróleo a la isla, tras el ataque estadounidense y la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero.
Cocinar es un problema para ella. Tiene una pequeña cocina eléctrica para "resolver" porque su casa no tiene gas de la calle y la "balita" (garrafa) "está perdida" desde octubre. No se consigue en ningún lado.
"La balita la uso para una emergencia. Para hacer un huevo frito o un café. Tengo que economizarla hasta la última gota", contó.
Cocinar con carbón
Ileana, que pidió mantener su apellido en reserva, vive con su esposo y su hija de 11 años en un barrio conocido como Querejeta, enclavado entre el señorial Miramar y el castigado Romerillo, en la capital cubana.
Acaba de comprar una pequeña cocinita a carbón de dos hornallas para no depender de la luz. Le costó 9000 pesos cubanos (18 dólares en el mercado negro), dos sueldos de la maestra de su hija.
"Yo soy una privilegiada y puedo comprarla. Pero la mayoría de los cubanos no. Tengo mejores condiciones que el 90% de la población. Cuando no hay luz, los pobres están cocinando a leña. Por ahora hay carbón y espero que siga habiendo", dijo.
Ileana es docente y su esposo artista. La familia tiene acceso a divisas, lo que le permite comprar productos que muchos cubanos carecen.
Pero no hay gasolina. "El auto lo tengo aparcado en la puerta desde hace casi un mes. Hasta hace poco se podía cargar el tanque por una APP oficial llamada Ticket en pesos, pero a mí nunca me funcionó. Ahora solo es en dólares", señaló. La fila digital es interminable.
Ileana va a su trabajo con una "botella" (como se llama en Cuba a viajar gratis en un auto particular o estatal, con un conocido o en autostop). La lleva y la trae un diplomático amigo cuyo vehículo tiene acceso, por ahora, al combustible.
"El transporte no existe. Estoy cruzando Quinta Avenida, una tradicional arteria del barrio de Miramar, y no hay tráfico. Los taxis no responden porque no hay señal y están carísimos", señaló.
Las escuelas funcionan con horario reducido
Su marido lleva a su hija a la escuela en una moto eléctrica. Pero el colegio de la niña acortó el horario de clases a la mitad. Es una escuela especial de música, abierta de 08:00 a 17:00 hasta hace unos días. Ahora funciona solo de 09:00 a 13:00.
"Solo tiene que ir lunes, miércoles y viernes a una o dos clases de especialidad (música). Los martes y jueves tiene matemática, español e historia. Las demás materias se las quitaron. No tiene ciencia, ni geografía, ni inglés, ni educación física. Esto es grave. Y es una generación que ya se perdió de ir presencial a la escuela por la pandemia", contó.
Además, ya no dan almuerzo. "Muchas familias dependían de esa comida" para sus hijos, comentó.
Otras escuelas de turno simple también acortaron el horario.
Hay comida, pero demasiado cara
La situación en Cuba es distinta a la que se vivió en el Período Especial, el eufemismo con el que Fidel Castro bautizó a la crisis derivada del colapso de la antigua Unión Soviética y el campo socialista a principios de los años 90.
"La diferencia es que antes no había comida. Ahora hay, pero no hay dinero. Es el mismo hambre, pero están invertidos los motivos", afirmó Ileana.
Según comentó, "ahora hay muchos negocios privados que venden comida, pero los precios son muy altos. Hoy los gastos de comida superan los 200 dólares mensuales en cualquier familia, pero los salarios son de 10 dólares promedio".
"No todo el mundo tiene familia en el extranjero que le envía remesas", afirmó.
Ileana quiere ahora conseguir una estación de energía portátil para poder cargar su teléfono celular, algunas lámparas y hasta la moto eléctrica de su esposo. Pero sabe que esa es una realidad a la que no puede acceder la mayoría de los cubanos.
"La gente está muy triste, muy amargada. Es la misma mierda otra vez. Por la noche la gente va caminando como si estuvieran en una marcha hacia ningún lugar. El lunes tuve que llevar a mi hija a una clase a Marianao, un barrio vecino, y esperamos dos horas por un taxi. Al final me llevó un vecino en una ‘botella'. Esto va a ir empeorando. Yo no tengo expectativas. Hoy los cubanos piensan en irse", concluyó.