En Brasil siempre, pero siempre, la culpa es de la Policía

A dos días de la final de la Copa Libertadores en Río de Janeiro, los hinchas de Boca tuvieron que vivir una locura. Represión en Copacabana, a horas del partido en el Maracaná.

Al Gobierno de Brasil, en aquel momento comandado por Dilma Rousseff, no le quedó otra que "arreglar" con los capos de las favelas para que la Copa del Mundo 2014 y los Juegos Olímpicos de Río 2016 se desarrollaran de una manera correcta.

Represión y violencia en las playas de Río de Janeiro con los hinchas de Boca

Cuestión que no ocurrió durante la Copa America de 2019, en la cual muchos argentinos fueron agredidos y hasta periodistas fueron víctimas de la inseguridad en pleno centro de Río de Janeiro.

Lo que está ocurriendo en la ciudad balnearia a horas de la final de la Copa Libertadores de América entre Fluminense, equipo de esa ciudad, y Boca, no es novedad.

Miren que la gente de Boca tiene experiencia en este tipo de acontecimientos, no es para el Xeneize la primera vez que alcanza una final continental, con todo lo que eso acarrea. Y quédense tranquilos que nunca vivieron una situación semejante.

Las emboscadas que los hinchas Xeneizes sufrieron en plena playa de Copacabana son supervisadas por la Policía localista, quédense tranquilos. Río es tierra de nadie, enmarcada en una geografía única y extraordinaria. La Policía es cómplice, haciendo la vista gorda o llegando siempre tarde, a propósito. Y cuando todo explota, ahí están para reprimir. Siempre lo hicieron así. Por suerte, todos los agredidos están fuera de peligro.

Todo lo contrario, y como debe ser, a lo que ocurre cuando los brasileros vienen a la Argentina ante cualquier espectáculo deportivo. Básicamente, son cuidados por la Policía. Y repito, como debe ser. 

"No los ves pero están. Son descuidistas, culateros, abanicadores, gallos ciegos, biromistas, mecheras, garfios, pungas, boqueteros, escruchantes, arrebatadores, mostaceros, lanzas, filos...". Este fragmento de Ricardo Darín en Nueve Reinas podría describir a la perfección lo que significa pernoctar en la ciudad de la zamba y el fútbol por estas horas, y a casi nada de que en el emblemático Maracaná las hinchadas de ambos se vuelvan a ver las caras.

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