Hitchens y el lado oscuro de la Madre Teresa de Calcuta

Christopher Hitchens fue el gran autor desmitificador de la Madre Teresa de Calcuta, hoy santa de la iglesia católica. Sostuvo sobre ella que "no es amiga de los pobres, sino de la pobreza"-

"Creo que es muy bonito para los pobres que estos acepten su suerte, para compartirla con la pasión de Cristo. Creo que se está ayudando mucho al mundo mediante el sufrimiento de los pobres". Lo dijo la madre Teresa de Calcuta en una entrevista y con esa frase bastaría ya para que cada cual se formara su opinión sobre la nueva santa, después de que este domingo el papa Francisco haya completado, en un tiempo récord sin precedentes en el Vaticano, el proceso de canonización de Agnes Bojaxhiu de Skopia, nombre con el que nació en el antiguo imperio otomano la fundadora de la congregación de las Misioneras de la Caridad. 

Es una frase terrible que da sentido a algunas de las peores críticas que se vertieron contra Teresa de Calcuta en vida y que, sin embargo, no hicieron mella alguna en esa carrocería de beatitud que pocos se atrevían a criticar. Entre esa minoría destacó siempre Christopher Hitchens, no solo autor de una lacerante biografía sobre la nueva santa, ‘The misionary position: mother Teresa in theory and practice' (jamás traducido al español), sino que ejerció literalmente de ‘advocatus diaboli' en el proceso de beatificación de la nueva santa.

Su experiencia como abogado del diablo la pormenorizó el propio Hitchens en un interesantísimo reportaje que publicó en el 2001 en la revista Vanity fair. Que ejerciera ese papel ante las autoridades eclesiástica era coherente porque era un experto en la cara B de la Madre Teresa, pero en cierto modo fue una anomalía, porque Juan Pablo II estacionó el uso de esa figura en 1983. 

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Era una tradición centenaria, que se remontaba a 1587. Con ese paso, Juan Pablo II logró ser a la canonización lo que Henry Ford fue a la producción en cadena automovilística. Sus siete antecesores canonizaron a lo largo del siglo XX a 90 santos. Karol Wojtyla llevó a cabo unas 500 canonizaciones y más de 1.300 beatificaciones. Eso es una cantidad cósmica de milagros.

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Pero el caso de Teresa de Calcuta no era uno más. Con ella saltaron todos los precintos de la prudencia. Fue la beatificación más rápida de la historia, a pesar de Hitchens, que como abogado del diablo formuló duras acusaciones.

Elogio de la pobreza

Según el intelectual y polemista británico, fallecido en el 2011, Teresa de Calcuta no era la amiga de los pobres, sino una entusiasta de la pobreza, un matiz importante. 

Los hogares de acogida que creó en la India eran lugares en los que moría gente que con un tratamiento médico adecuado, que ella se negaba a administrar, podía sanar. Invitaba a aceptar con alegría el sufrimiento. Tal vez el clímax de ese sinsentido lo protagonizó tras el accidente químico de Bhopal (25.000 muertos y medio millón de enfermos de por vida), cuando a su manera se puso al lado de la corporación Union Carbide y recomendó a las víctimas: "Perdonad, perdonad...".

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"Era amiga de la pobreza y, simultáneamente, de los poderosos", censuró Hitchens. "Se codeaba con gente como la siniestra familia de dictadores haitianos Duvalier, pero lo que más irritó a su abogado del diablo fue, tal vez, su postura ultraconservadora sobre el aborto y la contracepción". Cuando le fue concedido el premio Nobel de la Paz afirmó, en su discurso de aceptación del galardón, que esos eran "los mayores destructores de la paz en el mundo". Idéntica inamovible postura tenía en contra del divorcio, pero cuando la princesa Diana, otra poderosa con la que mantenía amistad, decidió romper su relación con el príncipe Carlos, Teresa le aplaudió la decisión.

Mark Twain tenía una frase para casos como este: "Dale a un hombre fama de madrugador y podrá dormir siempre hasta mediodía"

En primera clase

Los grandes personajes siempre son así, contradictorios. La madre Teresa no era distinta. "Su famosa clínica de Calcuta no era más que un hospicio primitivo, un lugar para que la gente muriese y un lugar en el que el tratamiento médico era rudimentario o inexistente -denunció Hitchens-, pero cuando cayó enferme voló en primera clase a una clínica privada de California".

Teresa es santa, pero a su manera lo era ya en vida para sus devotos, Todo comenzó con un curioso incidente. El periodista Michael Muggeridge, pendenciero y promiscuo fornicador durante su juventud y arrepentido beato ya más adulto, realizó un documental para la BBC sobre Teresa de Calcuta en 1969. Un miembro de su equipo, vista la escasa iluminación de una de las salas en las que se acumulaban los desahuciados, probó un nuevo negativo de Kodak. Fue un acierto técnico, pero Muggeridge predicó de inmediato que era la santidad de la monja lo que había iluminado la sala. Ese fue la semilla de la que brotó su posterior fama. Y, como resumía muy ácidamente Hitchens en referencia a la madre Teresa, ya lo dijo en una ocasión Mark Twain: "Dale a un hombre una reputación de madrugador y ese hombre podrá dormir hasta mediodía".

El desmitificador

Un año antes de morir, Christopher Hitchens debió interrumpir la gira de promoción de su último libro, el volumen de memorias. Corría junio de 2010.

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Esta antología de 537 páginas está organizada a partir de un proverbio que declara que la vida de una persona está incompleta hasta que ha probado el amor, la pobreza y la guerra, agrupando los 46 textos que la componen en secciones que llevan por títulos "Amor", "Pobreza" y "Guerra". Como en muchas antologías, este esbozo de organización no logra ocultar el carácter misceláneo y ocasional de los textos que la componen, ni las diferencias de tono requeridas por los medios en que fueron publicados originalmente: The Atlantic, Vanity Fair, The Nation, The New York Times Book Review, Salon, The Weekly Standard, Harper's, etc.

Como en pocas antologías, la debilidad del pretexto estructural importa bien poco, pues la ironía, la inteligencia, la erudición, las conexiones inesperadas y la prosa hiperkinética de Hitchens se imponen a los caprichos editoriales o a la propia traducción, plagada de expresiones españolas como "tranqui" o "chorrada".

La sección "Amor" contiene una serie de ensayos y prólogos sobre escritores por los que el autor siente devoción, lo que permite asomarse al lado más amable de Hitchens, cuyo registro natural es la diatriba ensañada. Aparecen Joyce, Orwell, Graham Greene, Borges, Bob Dylan y W.H. Auden, a quien no está dedicado un texto en particular, pero cuya presencia recorre todo el libro. En un ensayo publicado en Vanity Fair en 2001, tras la caída de las Torres Gemelas, por ejemplo, Hitchens cita a Auden y parece proyectarse en él como "el primer inglés aceptado como neoyorquino". Llama la atención que el ensayo sobre Proust haya sido omitido de la versión en castellano, pero que se mencione en la contraportada.

Los "amores" de Hitchens tienden a florecer en el ámbito literario, mientras que sus feroces ataques (con excepciones como la gurú del "buen gusto" Martha Stewart) se concentran en la religión y la política: el "culto meretricio" a los Kennedy, las "mentiras de Michael Moore", la "propaganda reaccionaria" de Mel Gibson (a propósito del antisemitismo en La pasión de Cristo), "la patética transparencia de (las) mentirosas artimañas" de Bill Clinton y sus estudiadas expresiones faciales: "El habitual espectáculo horroroso de morderse los labios", etc.

Los dardos contra Teresa de Calcuta

Tal vez los ataques más vitriólicos del libro se dirigen a la Madre Teresa de Calcuta: "No era tanto una amiga de los pobres como una amiga de la pobreza. Elogiaba la pobreza, la enfermedad y el sufrimiento como regalos del cielo... Su famosa clínica de Calcuta no era más que un hospicio primitivo: un lugar para que la gente muriese y ... en que el tratamiento médico era rudimentario o inexistente. (Cuando ella cayó enferma, voló en primera clase a una clínica privada de California). Las grandes sumas que recaudaba se invertían sobre todo en construir conventos en su propio honor. Y entabló amistad con una serie de ricos corruptos y estafadores... y aceptó de ellos grandes donaciones de dinero que había sido realmente robado a los pobres". Hitchens, increíblemente, fue entrevistado por representantes del Vaticano como parte del proceso de beatificación de la religiosa, en el papel, como enfatiza con deleite, de "abogado del diablo".

Aparte de los panegíricos literarios, es en las crónicas de viaje donde aparece la cara más humana y hasta sentimental de Hitchens: en su recorrido por el Sunset Boulevard de Los Angeles o el relato de su viaje por la antigua Ruta 66 (inmortalizada por Nat King Cole y los Rolling Stones) en un Corvette rojo.