Susana Tampieri, mucha mujer

La gran dramaturga "mendocina" aunque nacida en territorio bonaerense, es una mujer del mundo. Antes que el feminismo fuera ley, ya era feminista y sabía bien por qué e invitaba a que se discutiera el tema cuando la mayoría prefería ignorarlo, acallarlo. Pero es mucho más que eso. Es persona y late, y laterá siempre en virtud de su enorme obra.

Memo

¿Por qué hablar de Susana Tampieri? Por qué sí, porque vale la pena. Porque es feminista desde siempre y porque eso no la hace más valiente que nadie, sino íntegramente humana, librepensadora y por sobre todo, persona: Multifacética, su entusiasmo se le sale por el cuerpo todo el tiempo y lo cataliza en literatura, dramaturgia, crítica, conversatorios. Ningún espacio del arte le resulta ajeno y expansiva, nunca cesó de llenar cuanto rincón necesitara de esa luminosidad que la caracteriza.

Es una de las mendocinas destacadas que, por su personalidad, probablemente desde sectores de élite no se la haya todavía incluido en el cánon oficial de "lo cultural", pero se lo tiene ganado por fuerza y convicción propia.

Sus obras teatrales interpelan: nos ponen entre la espada y la pared para resolver cualquier posibilidad de tibieza ante los grandes temas de la humanidad. Convoca a tomar partido, pero no impone pensamiento: abre caminos hacia la definición propia, para que otros no piensen por nosotros, para que no alquilemos nuestros cerebros.

Tampieri es una figura central de la política. Sí, de la política: su acción cultural no es ingenua ni busca maquillar con embelesamientos el "pan y circo" que siempre combatió con calidad y filosofía.

A sus 86 años, es la escritora de teatro que más fue representada fuera de la provincia. Por ejemplo, su puesta "Cantando las cuarenta" recibió premios por gozar de la aprobación del público durante 30 años y se llevó a escena en Tel Aviv, Israel, en 1993.

Cecilia Osorio escribió en diario UNO en 2013: "Entendió que traducir sus obras al inglés (dramaturgia y novela, sobre todo) le abriría otras puertas. Le quedó tiempo para militar, empujada por ese ímpetu que mamó en su época universitaria en Córdoba; para ejercer de escribana y ganarse la vida, ser madre de Hugo Daniel Estrella (49), hoy radicado en Pisa, y abuela de Leandro (22) y Lucas (18)".

Una de las mejores biografías la ofrece el portal Autores, dedicada a los dramaturgos del mundo: "Desde los nueve años, en que escribió su primer cuento, sabe que su único e irremediable destino es ser escritora. Y lo ha llevado gozado, como una especie de milagro cotidiano, que la rescata de prematuras pérdidas de seres queridos y enfermedades de las que se teme hasta el nombre".

"La cautivó la magia del teatro y desde que, en 1965, vio su primera obra en escena, una estudiantina (Esos Muchachos Revoltosos), inspirada en sus vivencias universitarias en Córdoba, comprendió que el compromiso era definitivo. Desde entonces, ha escrito 28 obras teatrales. Figura en la Bibliografía obligatoria, en la Escuela de Teatro de la Universidad Nacional de Cuyo. El Club de Autores escogió su obra 'Nos: Los Artistas', para el Primer Encuentro de Teatro Semimontado, en el Teatro nacional Cervantes, en diciembre 2000", relata la historia que demuestra el portal Autores.

Nicolás Sosa Baccarelli ecribió sobre ella y con ella en Correveidile:

"Hay palabras que asustan... Ésa es una" dice Tampieri al contestar afirmativamente mi pregunta sobre si ella es atea. "Para mucha gente es como si, de golpe, se apagara la luz. En mi caso, luego de mucha meditación, dudas, desconsuelos y debates, fue como encenderla".

Tratando de evitar equívocos terminológicos, le pido algunas definiciones sobre esta no-doctrina en cuya militancia ocupa Tampieri buena parte de su tiempo.

"Ser ateo, para mí, es tener el coraje de asumir la condición humana con todo el valor que ella tiene. Sin premios y castigos ultra-terrenos. Sin engaños. Sin confiar en instituciones o personas supuestamente dotadas de poder para que decidan por mí. Y asumir toda la responsabilidad del resultado de esa opción. Ser ateo es dudar sabiendo que la duda es lo único que nos permite crecer. Es estar convencida de que la investigación no tiene límites y que de la misma forma en que las enfermedades se consideraron castigos divinos y los eclipses enojos del más allá, todo lo que aún no sabemos tendrá su explicación racional" sostiene la escritora.

"Ser ateo es sentir la hermandad con los demás, como especie que escaló alturas impensadas y cayó en abismos profundos. Que es capaz de lo más aberrante y de lo más sublime y estar dispuesta a compartirlo con todos y a combatir lo que nos divide (como el racismo), o embrutece (como la guerra) o nos impide ser libres (como cualquier sistema autoritario, ya que todos se parecen como una gota de mugre a otra). Ser ateo -para mí- es ser libre." remata en el momento en que alcanzo a ver algunos símbolos religiosos que guarda con cariño como recuerdos de familia, de viajes y de amigos.

Le pregunto si puede concebir la creación literaria enmarcada en un sistema de creencias religiosas, si la doctrina religiosa o metafísica y la libertad creadora del fenómeno estético son compatibles, si se rozan, o si corren por caminos diferentes. "Imposible negar valor literario a los textos dentro de cualquier filosofía religiosa. Lo que rechazo, como atea, es concederles el valor de guía moral o de consistencia histórica. Cuando Santa Teresa o San Juan de la Cruz hablan del "amado y la amada", me lo tomo muy al pie de la letra, y me encantan. Si sostienen que se lo dirigen a un ser inasible... no lo creo" dice para luego elogiar el "Cantar de los Cantares" de Salomón, como "uno de los libros más bellos de la Biblia".

Susana late

Tampieri late y laterá siempre en una serie de obras que escribió y dejó en manos de la humanidad. Algunas de ellas, como recomendación:

- Cantando los Cuarenta. Es su obra más conocida. Distinguida por la Asociación de Actores de Mendoza por gozar de la aprobación de los públicos durante tanto tiempo; fue representada en Tel Aviv, Israel, en el marco de un encuentro de teatro argentino-israelí en 1993. 

- Cóndor, Premio A las Tablas de la Provincia de Mendoza; traducida al inglés y estrenada en Londres, en el Rose & Crown Theatre, del OFF. Ante la Puerta, representada en el Teatro General San Martín en 1974, dirigida por Jaime Palaz. Premio González Cadavid. 

- La Formimaquia, estrenada en el Teatro Nacional Cervantes en 1985, por el grupo Teatromaquia, dirigida por Néstor Romero y Horacio Medrano. 

- Nos: Los Artistas, representada en la sala Orestes Caviglia por el elenco Reciclaje de Mendoza. Premiada por el Club de Autores de Buenos Aires en 2000. 

- Lengua a la vinagreta, Primer Premio del Concurso de Obras Breves de la Universidad de Morón, donde fue estrenada, dirigida por Luis Asensio. 

- Gineceo, Mención Especial de los Premios Presidencia de la Nación en el marco de la Feria del Libro Provincial. 

- Nadie muere del todo en Praga, novela, ed. Corregidor, 2002 

- Matar Callando.

- De polen y cenizas, publicada por Ediciones Culturales de Mendoza.

Hay Tampieri para siempre

Susana Tampieri se encargó de dejar tanto material de modo que al borde de los 90, está garantizando no solo su presencia por largo rato, sino para siempre.

Inmensa generadora de historias, debates e ideas, vale la pena pasarles sus libros a los hijos para que estos hagan lo propio con los suyos y así sucesivamente.

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