Lo simbólico, el bastión cultural del gobierno de Milei

El cierre de Télam, Cocineros Argentinos y el INCAA como parte de hechos susceptibles a la crítica social convertidos en trofeos que el gobierno levanta para mostrar que las promesas se están cumpliendo. Sí, todo tiene que ver con lo cultural. Escribe Laura Rombolí.

Laura Romboli

Una sala de cine, una agencia de noticias e incluso un programa de cocina han sido motivo de opiniones y aseveraciones de todos aquellos que se dignan a pisar este país. Utilizar este recurso como verificador del clima social para saber si nos identifica y nos carga de subjetividad, pareciera ser una modalidad nacional que, espero, no se vuelva una costumbre más.

Generalizar no es propio de valientes. No todo merece un castigo, ni nada funciona tan bien. Lo primero que provocan estas medidas -para aquellos que practican el sentido común- es un gran racimo de sensaciones (encontradas) que nos hace cuestionarnos frente a estos sucesos que escalan tan rápido para terminar diluyéndose con fuerza.

El cierre de Télam ocurrió hace unas semanas y ya casi no lo recordamos. Una agencia de noticias que desvió su función principal de informar para enfocarse en la militancia. La gente ya no habla del tema ni la extraña; quizás porque no era común poner en el buscador de noticias Télam para estar informados. Sin embargo, lo que si podemos lamentar es que la faena pura y digna de una agencia estatal era llevar las noticias a cada rincón del país. Mantener informado a un pueblo donde, supuestamente, nunca pasa nada con los cables de Télam pasó de ser una tarea primordial a algo estrictamente nostálgico. Una pena.

"Cocineros argentinos", el programa de la TV pública que según los titulares de los diarios terminó "abruptamente", disfrutó durante gran parte de su existencia de la modalidad de programa ómnibus, con horas y horas al aire todos los días durante quince años. Sí, una década y media llevando recetas, seguramente hechas con amor, a lo largo y ancho del país. "Cocineros argentinos" tuvo todo el tiempo del mundo para cocinar, entretener, e incluso para tomar postura política en algún momento. Finalizó, y solo aquellos que se consideran seres superiores o Mirtha Legrand podrían pensar que estarían en el aire para siempre. Nada grave.

Por último, aunque hay mucho más para discutir, quiero mencionar el tema del INCAA y el cine Gaumont, que solo fueron utilizados como señuelo para que artistas y personas del ámbito cultural salieran a defender algo que no necesitaba defensa. Porque el Gaumont no cerró y actualmente continúa con su agenda. En cuanto al INCAA solo las productoras audiovisuales de las provincias conocen y han sufrido la falta de federalización de un organismo siempre polémico. Hay mucho por hacer, trabajar y mirar. El cine seguirá siendo cine, simplemente tendremos que revisar las bases y condiciones para participar. No hay drama.

En resumen: hasta ahora todo contribuye más a lo imaginario que a la realidad, porque estas acciones, afortunadamente, hasta el momento dejan en claro que solo buscan provocar para mostrar de qué lado queremos estar. Alimentar una grieta cultural, una más, en un país que aún no aprende a vivir de otra manera.


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