Enseñar a hablar y no a callar

"Cada 8 de Marzo salgo a la calle por vos, y también, por esa mano bajo tu falda; que en realidad el problema nunca fue lo corta que era, sino lo psicópata de su mente violando tu cuerpo", escribe Dana Azzolina.

Dana Azzolina

Esa mano bajo la falda, ardió las lágrimas que aguantó mientras la miraba con asquerosa excitación.

Tocó su pierna y comenzó a subir. Un no de su parte no le basto para frenar; tampoco el que ella fuera una niña y él un hombre.

Su cuerpo se tensó y lo que más le dolía era ella, y esa mano, esa maldita mano. 

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Rota en un océano de dolor, convirtió su calma en caos, y antes de entender que hablar podría "salvar" aprendió a callar.

Cada día que pasaba se volvía una costumbre, un infierno. En el espejo, estaba esa mano.

En las miradas, estaba esa mano.

En el abrazo de otro niño, estaba esa mano. En su cuerpo, estaba esa mano.

Y en sus ganas de vivir, también estaba esa mano.

En casa la confianza era una comodidad, y la palabra una costumbre clara.

Sin embargo por el barrio, mientras veía que todos sabían que a su vecina la golpeaban, decidían callar.

Mientras caminaba por la calle y a su grupo de amigas les gritaban obscenidades por un auto, todos decidían callar.

Mientras la escuela le explicaba ética, moral y cultura, no le enseñaban que la mano de ese hombre debía ser penalizada, y que su salud (mental y física) debía ser tratada.

Y mientras él decidía llenarla de manipulación y una obsesión enfermiza, todos decidían callar, hacerse a un lado y "no meterse porque después podrían haber problemas".

Nos llenaron de miradas, comentarios, acciones, manos y sangre.

Nos llenaron de muerte y de lágrimas en los ojos, de asco en NUESTRO cuerpo y de complejidades que nunca debieron de estar ahí.

Nos cansamos.

Hoy creo que no nos bastan las suficientes palabras para seguir gritando y no enseñarle nunca más a nadie a ponerse una mano sobre la boca y hacer silencio.

No considero que la forma más factible y coherente de erradicar la violencia de género sea provocando más violencia, por el contrario, no incentivo ni festejo ningún tipo de violencia.

Luchó por mis derechos y por la esperanza de que algún día la igualdad de género sea realmente establecida.

No quiero que llenen de insultos a mi amigo por la calle mientras quiere levantar su voz por un grito que no pudo dar su madre. No quiero devolver con venganza malintencionada lo que a nosotras nos destruyó que nos hicieran. Quiero justicia, por vos, por ella, por mi y por todas las mujeres que algún día sufrieron por el simple hecho de ser mujer.

Así que hoy, cuando salga a defender todo lo que nos quitaron, no voy a celebrar, ni voy a festejar ningún tipo de acto delictivo en contra de mi sexo contrario por el simple hecho de serlo; hoy, como todos los días, voy a seguir en pie, sin desvalorizar los derechos de los demás, pero sí, haciendo valer mis derechos, los de mamá y los de todas las mujeres.

Cada 8 de Marzo salgo a la calle por vos, y también, por esa mano bajo tu falda; que en realidad el problema nunca fue lo corta que era, sino lo psicópata de su mente violando tu cuerpo.

Basta de silencio, basta de callarnos. Hoy no es un día feliz.

Hoy, es un día más de revolución.

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