Memoria, para convivir en democracia

El dirigente peronista Alberto Flamarique, exministro de la Nación, resalta en esta nota la capacidad de dos emblemáticos adversarios en deponer la beligerancia en función del país.

Alberto Flamarique

Cincuenta años atrás Perón y Balbín se abrazaron por la convivencia de nuestra comunidad. Se encontraron dejando atrás grandes enfrentamientos con el sentido trascendente de buscar, en medio de un país convulsionado, una mejor concordia para todos los argentinos. De paz y progreso compartido. Un renacimiento de una idea sentido común en la lucha política. Como adversarios, pero nunca enemigos entre compatriotas.

Adversarios otrora coincidieron en elegir la amistad por el bien superior de la Patria. Valorando la democracia como base para mejorar nuestra sociedad.

No fue tarde, y fue altamente simbólico y representativo para la mayoría de nuestro pueblo.

Sentimos la obligación que aquél acontecimiento no quede en mera anécdota o crónica. Sentó otras bases de convivencia que no debemos permitir que queden en el olvido. Perón y Balbín fueron visionarios, profetas de un tiempo por venir que, lamentablemente, tuvieron que pasar muchos acontecimientos trágicos en nuestro país para mensurar debidamente aquél presente. Aquélla voluntad de dos grandes y desprendidos líderes que eligieron la generación de amistad buscando una paz social, un hogar, una Patria que pudiésemos convertir en un modelo de país hacia valores que no eran utopías sino un nuevo modo de convivencia. Hoy esa idea debe preservarse como deseo de todos los que habitan este suelo argentino.

La tarea de la unión nacional está inconclusa.

Profesamos la necesidad histórica de que no sea pasado por alto, aquél gesto y nuestra situación actual. Deseamos que más allá de generaciones se convierta en una zona común para todos. Que la violencia actual, en diversos sentidos tanto políticos como sociales y económicos cese en la generación de incertidumbre y ausencia de esperanza colectiva. Que podamos trabajar entre todos para aventar el riesgo de la desintegración por la degradación de calidad democrática, institucional y republicana.

Bregamos para que aquél acontecimiento del abrazo entre Perón y Balbín ilumine y guíe, aun después de 50 años, en un mundo diferente; alimente la calidad de objetivos de convivencia y calidad institucional. De paz y encuentro entre todos los argentinos, sin intransigencias, dogmatismos o resentimientos de una lado y del otro. Aquéllos gigantes lo pensaron, hoy mas vigente que nunca, y puede que no sea en vano la enseñanza que forjaron y dejaron.

La responsabilidad es de todos.


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