Presunción de inocencia o presunción de riqueza: cuando el poderoso sabe que a ellas nadie les cree
El contexto del proceso judicial contra Julio Iglesias. El análisis y la opinion de Verónica Piñol Nahim.
En el tablero de la justicia, las piezas no pesan lo mismo. Cuando Laura y Rebeca decidieron denunciar a Julio Iglesias ante la Fiscalía, no solo se enfrentaban a un hombre; se enfrentaban a una profecía que él mismo les habría dictado en la cocina de sus mansiones: "Si tú hablas mal de mí, nadie te va a creer. Porque yo soy Julio Iglesias y tú eres don nadie".
Esta frase no es un exabrupto; es la hoja de ruta de la injusticia epistémica que domina nuestro sistema.
El fantasma de Strauss-Kahn: el peso de la "no-persona"
La historia se repite con una rima cruel. El 15 de mayo de 2011, el mundo se detuvo ante la detención de Dominique Strauss-Kahn, entonces director del FMI y esperanza de la izquierda francesa. La denunciante era Nafissatou Diallo: una Trabajadora de hotel, negra, migrante y solicitante de asilo.
Años antes del estallido del MeToo, el caso Diallo fue el resumen perfecto del descrédito estructural. A pesar del ADN y las lesiones físicas, la corriente mediática se dedicó a escudriñar la vida de ella. Como explica la antropóloga Eshe Lewis, los estereotipos raciales retratan a las mujeres negras como "poco dignas de confianza", facilitando que los equipos jurídicos de hombres poderosos echen por tierra cualquier acusación. Si eres precaria, negra y migrante, el sistema no pregunta qué te pasó, sino cuánto dinero quieres ganar con la "conspiración".
La psicología del trauma frente al muro judicial
Para la jurista Encarna Bodelón, el problema no es la falta de pruebas, sino la convicción previa sobre la credibilidad de la víctima. El estándar judicial sigue siendo androcéntrico: exige una "víctima ideal" que sea coherente, lineal y heroica.
Sin embargo, la realidad biológica es distinta. Como señala Bodelón, la justicia ignora sistemáticamente la psicología del trauma. Ante el poder absoluto, el cerebro activa la inmovilidad tónica. Si la víctima tarda años en hablar o su relato tiene lagunas, no es porque mienta; es porque el trauma fragmenta la memoria. Exigir coherencia perfecta a un cerebro que ha sobrevivido a la coacción es, en palabras de Bodelón, una forma de violencia institucional.
El Me-Too y la reacción del "estatus quo"
Si bien el MeToo y casos como el de Weinstein o 'La Manada' en España propiciaron una ruptura masiva del silencio, el avance no ha sido igual para todas. Hablar no cuesta lo mismo si eres una estrella de Hollywood que si eres una trabajadora doméstica interna.
Estamos viviendo lo que Bodelón define como una "reacción machista neoliberal". Ante el avance del feminismo, los nuevos fascismos han convertido el ataque a la credibilidad de las mujeres en su bandera. Quitarle valor a la palabra de la mujer es la base para restaurar un orden donde el poderoso vuelve a ser intocable. Eshe Lewis advierte: el aumento del apoyo político a hombres con dinero sugiere que hoy hay más espacio para el abuso y menos para la denuncia.
Un gesto heroico de supervivencia
Sostener un proceso judicial contra alguien como Julio Iglesias requiere recursos económicos y un soporte emocional que pocas mujeres precarias poseen. Para quienes dedican el 95% de su tiempo a sobrevivir, denunciar no es solo un trámite, es un gesto heroico.
La presunción de inocencia es un pilar democrático, pero cuando se convierte en una presunción de riqueza que anula por defecto el testimonio de las "nadies", la justicia deja de ser ciega para convertirse en cómplice. Creer a las mujeres no es un favor; es la única forma de garantizar que el apellido de un hombre no sea, nunca más, un salvoconducto para la impunidad.